NIEVE.
Te pones el vestido blanco
que tanto me gusta.
Te calzas las cadenas
que facilitan tu danza
por la vida.
Te cubres con el manto
de plumón que te dá
confort en el juego
del día.
Te enfundas los guantes
para que no tiemble
el pulso en el manejo
por las callejuelas ateridas.
Vienes con encanto,
zalamera.
Sonriendo en su sorpresa
y empeño.
Paralizando la respiración
en el cristal de su hielo.
Bostezando en el despertar
de un letargo estacional,
que nos ha pillado
en puro cuero.
Vienes, chica joven y
lozana.
Blanda y blanca, de luz
acumulada.
De la mano del invierno,
que te invita a una cazalla.
Con la alegría de lo nuevo
y efímero,
abrazas la osadía de la
aventura,
para deshacerte
con el primer sol
de la mañana.
Dulce joven,
llena de dicha,
doncella bien amada.
Blanca postal de mi mirada.
Sueño tangible del
bien de mi alma.
Claudia Ballester Grifo

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