domingo, 5 de enero de 2020

BAILANDO.
El mármol de la pista de baile invitaba a los tacones de alarde.
Se iluminaba la estancia con la desnudez del alma y las ansias del acorde.
Ella bailaba sola,
cerrados los ojos al mundo,
con la fluidez de una diosa,
con los polvos de un hada,
con la autoridad del que quiere
y la majestuosidad del que sabe.

Esbeltas piernas de piel sedosa.
Embriagada por el ritmo,
Afrodita de la melodía,
hermética y sola.
En sus giros se dibuja una caracola,
corre la corriente que despliega
las mareas y, nace la sirena
con su traje de cola.
Brillan sus escamas,
lindas lentejuelas,
se hace la noche,
amanece una estrella.

Ella brilla con luz propia,
en un rincón, olvidada,
su silla de ruedas.
Fina tela de lino cubre su
silueta.
Mutismo de un tiempo
con paciencia escrito.
Amiga siempre y durmiendo
en el cuarto contiguo.
Claudia Ballester Grifo

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