domingo, 26 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                   (Continuación 46)
 VIAJE AL INTERIOR DEL CUERPO HUMANO
Llegaron sus amigos para llevarlos al interior del cuerpo humano. Todos pequeños, microscópicos entraron como polen en la respiración de Claudia, la madre de Claudia y Lidia. El viaje por el torrente sanguíneo era tortuoso. Las paredes estrechadas en las arterias, por depósitos de calcio, se asemejaban al transcurrir de los donuts del aquarama. Pat con su laser de mirada vampírica iba deshaciendo el hormigón acumulado en las paredes calcificadas de las arterias. Se había perdido la elasticidad de los vasos, pero Sofía iba untándolos con una pistola que emitía chorros de ácido hialurónico y colágeno.
 Llegaron al corazón. Pobres coronarias, sucias y tensas como si se tratara de fuertes tendones. Si se pasaban en la limpieza corrían el riesgo de romper la pared y provocar una hemorragia de terribles consecuencias. Pasaron la prueba del algodón. Aquello funcionaba. El tamaño aumentado del corazón con el tiempo volvería a su posición normal. Los niños estaban felices, habían solucionado un posible infarto.
Siguieron el recorrido de capilares por los bronquiolos y los pulmones. Limpiando y dilatando. La mucosidad era viscosa y se quedaban pegados como si se tratara de la trampa de una araña. Laia fue aspirada por la caverna del tejido pulmonar y fue rescatada in extremis tirándole una cuerda.
 Con la fuerza de una contracción del corazón fueron lanzados a la arteria esplénica que forma parte del tronco celiaco. Esta arteria se encarga de abastecer al bazo y parte del estómago de sangre oxigenada. Iban limpiando a su paso por los órganos. El páncreas trasplantado funcionando sin ningún problema en su conexión con el torrente sanguíneo, unido a la femoral. El páncreas antiguo correctamente irrigado e inervado. Los riñones desaparecidos en combate. El izquierdo había sido extraído quirúrgicamente. Se podía observar el hueco y el tejido cicatricial que ocupaba la zona. Faltaba una costilla. Magali aprovecho para relajar la cicatriz y atenuar el dolor crónico por la tensión. Aprovecharon para inocular hueso con una jeringa de insulina. De esas células madre se formaría la costilla amputada.
El riñón derecho aparecía arrugado como una pasa, totalmente inservible. Armand le inyectó células precursoras del riñón. el órgano se regeneraría ayudando al riñón trasplantado en su función de limpieza, equilibrio químico de la sangre y producción de hormonas.
Los chicos disfrutaban del trayecto. Tenían que tener cuidado con las defensas del organismo. Los policías estaban atontados por la medicación inmunosupresora y no se enteraban de la presencia de extraños. Si alguno levantaba la vista con una sonrisa lo consideraba amigo.
La femoral izquierda parecía una autopista. Se notaba que la habían arreglado. Habían dilatado la arteria y encontraron la fuerza de una malla para evitar que se volviera a cerrar. Siguieron su recorrido por la poplítea en su deambular de la rodilla al tobillo. De pronto una terrible obstrucción no les dejaba avanzar para llegar al pie. Pat se tuvo que emplear a fondo para destruir la espesa y dura capa de calcio que bloqueaba el paso. Se tuvieron que proteger los ojos con una máscara para no resultar heridos por el láser o por el material liberado.  Les empleó mucho tiempo, pero lo lograron. La sangre pasó a borbotones por el miembro frio y asustado. La temperatura se fue suavizando subiendo tres grados.
Tuvieron que ir contracorriente para coger la femoral derecha. Estaba gravemente lesionada a nivel de poplítea. Tres obstrucciones impedían el riego del pie derecho. Se deshicieron de ellas rápidamente para llegar a la tibial y emplearse a fondo, igual que en el pie izquierdo. Conquistaron la arteria pedía y llegaron a los dedos para regenerarlos con células precursoras ya que los hallaron carcomidos y con grandes lesiones en la pared de las células dérmicas y epiteliales. Claudia volvería a tener unos pies adecuados para andar. Ella dormía, no sabía nada, pero la sorpresa al despertar iba a ser apoteósica. El año nuevo le devolvía una salud que nunca había tenido.
Los chicos regresaron a casa con un estornudo. Ese viaje no lo iban a olvidar nunca. Su madre y su tía había salvado la vida. El día de Año Nuevo iba a ser excepcional...
Claudia Ballester Grifo.

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