jueves, 2 de enero de 2020

CONDE PAT.
       (Continuación 14)
Lidia se percató del pequeño cementerio que había en la solana de la montaña. Nadie les había hablado de esas ruinas. Propuso acercarse a investigar. Mélani se vio impelida hacia allí. La llamaban. Lápidas dispuestas sin ningún croquis. Los nombres ya muy deteriorados. En una de las tumbas vieron flores frescas. Mélani pudo leer un nombre “Armand”.
La campana de la torre emitió un eco cascado. Nadie llevaba reloj, pero supieron que era la una. Corrieron ladera abajo. Era la hora de comer.
Dos bandejas de chuletas de cordero con patatas presidian el centro de la mesa. A los niños la carne les chiflaba, se rechupeteaban todos los dedos. La ensalada con lechuga, tomate, cebolla, aguacate con maíz era misión obligada para llegar al postre de natillas y tarta de chocolate. Al acabar les esperaba el trivial. La tarde les pasaba en un soplido y acababan siempre medio dormidos viendo el final de una película que nunca acababan de ver. Se acostaban temprano para estar bien dispuestos a la medianoche.
¡Chicos, nos vamos a Disneyland, Paris! Exclamó, David, me lo acaba de decir Pat. Se vistieron rápidamente y se abrigaron. Volaron hasta el parque temático. Esa noche iba a brillar con todas sus luces.
Subieron a las barquitas que recorrían la casa de las muñecas. A Lidia y a Claudia no les gustan las caras de las muñecas, se asustan, pero los demás estaban embelesados con la música. Muñecas de todos los países cantando sus melodías representativas.
El desfile de las princesas no tenía desperdicio. Salían con sus mejores galas e iban sentadas en unas carrozas preciosas. Los príncipes en su lugar oportuno y los rufianes pululando por los alrededores. Jafar daba mucho miedo, su mirada maliciosa y ese porte tan llamativo lo hacía destacar entre los villanos. Los cohetes al finalizar el desfile se veían por encima del castillo de la Cenicienta.
Las pequeñas se maquillaron de sus personajes favoritos. A Claudia de dragón y a Laia de mariposa. Lidia de Cenicienta y Mélani de la Bella Durmiente. Daniel de Aladdín y David de Winnie the Pooh. Annette que también se unía a las escapadas de las noches se maquilló de Blancanieves. y, todos juntos a buscar sus disfraces. Desfilar por las calles del parque formando parte de su intención daba otro punto a la aventura.
El barco del Capitán Garfio con sus cañones y toda la tropa a bordo estaba siempre en constante lucha. Peter Pan intentaba rescatar a los Niños Perdidos y a Wendy. El cocodrilo se deslizaba silencioso por el agua esperando que cayera alguna víctima. Campanilla se restablecía del veneno que le había preparado el Capitán Garfio y que le había administrado Peter Pan por equivocación. Poco a poco recobraba su luz a medida que el mundo volvía a creer en las hadas.
El pasaje de Pinocho resultaba conmovedor. Pobre Pinocho, el padre que lo daba todo por su sueño y la marioneta que le iba a costar muchas desdichas para convertirse en un niño. Pepito Grillo iba loco corriendo detrás de Pinocho y Gepetto. La novela de Carlo Collodi habla de un carpintero zurdo que no tiene hijos. Hace un títere de madera al que por la noche un hada le da vida. Cuando miente le crece la nariz...
Claudia Ballester Grifo.
Ilustración de Anna Navarro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario