domingo, 19 de enero de 2020

EL CONDE PAT
(Continuación 35)
La gente estaba en sus comedores ajena al suceso histórico que se había vivido. Lidia se fue a la habitación para guardar la muñeca.
Los chicos querían visitar el Museo del Castello di San Giorgio, Museo Cívico Archeologico Formentini. Las vistas debían ser bonitas porque se encontraba en el Castillo de San Giorgio, en las alturas de la ciudad. Allí podrían encontrar hallazgos de la zona a partir de la prehistoria hasta la Edad Media. No hay nada mejor para conocer una ciudad que descubrir sus museos. Y la nostalgia les apretó el ánimo cuando vieron los ornamentos que utilizaban los Neandertales. Pudieron identificar perfectamente el collar que llevaba el jefe Neandertal cuando los recibió.
La ciudad era preciosa y dieron un paseo por sus calles. Sus calles serpentinas, los edificios antiguos y la arquitectura intacta durante siglos te sumergía en otra época, pero con la gente actual.
Comieron en un restaurante del muelle, justo frente a los jardines públicos porque por la tarde tenían billete para entrar en el Museo Naval y les pillaba más cerca. La cola era tremenda y se armaron de paciencia porque les habían dicho que valía la pena, aunque el local no lo pareciera. La comida era casera y el precio asequible. Se pusieron morados de mejillones. Pidieron testaroli que es un plato de pasta con salsa de pesto, espárragos, gambas y calabacín. El gambetto no tenía desperdicio. Se trataba de pierna de cerdo. Probaron También el conejo frito y el pollo a la cacciatora. De postre, chocolate, Orgia de chocolate, genial.
Por la tarde estuvieron viendo replicas de barcos de todo tipo, mucho material allí metido. Les llamó la atención el mini submarino y el torpedo humano.
Las exposiciones estaban repartidas en dos plantas. Las tallas son increíbles. La figura de Atlanta sedujo a Lidia y a Mélani. Representaba a una hermosa mujer. La leyenda cuenta que esta misteriosa mujer tiene un poder especial para seducir a los hombres y llevarlos hasta la muerte.
A Claudia le encantó una ametralladora confiscada a los bóxers chinos en 1901.
Aitor planteó acabar la tarde paseando por la viale Mazzini, cerca de donde tenían atracado el barco. Le habían encantado los colores cálidos de las fachadas y la cantidad de palmeras que invitaban a pasear por allí. Sabía que esa noche había luna llena y las cosas se iban a complicar. Debían buscar un lugar tranquilo. Tal vez esa noche podrían volar con los vampiros a Cinque Terre. Se trataba de una extensa área que abarca 5 pueblos: Vernazza, Corniglia; Monterosso al Maare, Riomaggiore y Manarola. Vieron una foto con unas preciosas casas de colores al borde de un acantilado. Podían pasear por sus calles y hacer senderismo. Sería ideal después de pasar tanto tiempo en el barco.
Se quedaron a cenar en el paseo. Esta vez se inclinaron por pizzas y centro de embutidos de la zona y queso. Al anochecer subieron al barco y no salieron de su habitación hasta pasada la medianoche. Con el encantamiento de invisibilidad viajaron a Vernazza. Visitaron la muralla que protegía la ciudad de los piratas y subieron a lo alto del mirador para alucinar con las vistas. Claudia y Aitor aullaron a la luna. Laia, convertida en una zorrita se acercaba a Alba, su hermana gemela en el tiempo y disfrutaban del viento frio que mantenía a los turistas en estancias cálidas.
Recorrieron las ruinas del Castillo de Corniglia. El mundo de la noche no tiene nada que ver con el bullicio del día. Desde la terraza de Santa María, 90 metros sobre el nivel del mar parecía que fueras a tocar las estrellas alzando las manos. El olor a mar y a albahaca, los riscos con sus viñedos y sus olivos, el colorido de las casas y el choque del mar sobre las rocas representaba para los chicos la esencia de Italia. David se imaginaba llegando a los barcos turcos. Desde las fortificaciones los soldados se prepararían para el combate. Los aldeanos corriendo hacia el castillo y en medio de la confusión de la noche miedo, fuego y frio. Las madres delante, arrastrando a sus hijos. Los padres detrás defendiendo a la familia en su ascenso. Los piratas cogían esclavos y violaban a las mujeres. Representaban el demonio que venía por el mar. Annette le miraba subyugada por su recreación. Si hubiera vivido en la Edad Media le hubiera encantado estar casada con David y disfrutar de esa naturaleza con sus hijos. Correr por los senderos boscosos y disfrutar de la luz del sol cuando incidía sobre el mar presentando diversos colores.
Las típicas casas –torre de Riomaggiore que solían construirse en la Edad Media, encaramadas sobre la montaña, pintadas de color rosa, ocre, arena o aceituna, invitaban a deleitar la vista y caminar por sus empinadas calles. La vista de los vampiros daba luz a los ojos de los demás, sintiéndose todos poderosos. Formando parte de la naturaleza y compartiendo sus secretos. Corrieron, volaron y disfrutaron acabando en la Torre inclinada de Pisa. No se la podían perder. Cuando ya amanecía se refugiaron en el barco y todo el mundo se fue a descansar. Los lobos y Laia recuperaron su forma humana. Francisco; el cuñado de Annette, alucinaba.
El barco seguía su rumbo a Savona.
Magali dormía inquieta. Una fuerza intensa intentaba establecer contacto con ella. Desde una torre una hermosa mujer miraba el mar y parecía querer enviarle un mensaje. Intentaba establecer contacto, pero la imagen se desvanecía para volver a aparecer. Esos ojos mostraban una tristeza infinita. Las lenguas de su cabello refulgían con el brillo del azabache, flotando en el viento. ¿Qué querría aquella mujer? Y ¿quién era?...
Claudia Ballester Grifo.

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