domingo, 12 de enero de 2020

EL CONDE PAT.
           (Continuación 26)
Con el niño pequeño Julio Cesar se llevaría a Roma a Cleopatra. Un despliegue de boato y poder desfilaría por la calle de Roma. Miraron a Pat, fascinados. Querían seguir esa historia en Roma hasta llegar a Marco Antonio, con el que Cleopatra tuvo tres hijos más.
Pat les prometió que volverían. Las chicas le pidieron a una sirvienta de la alcoba de la reina poder visitarla. Ante lo inusual de la presencia de Mélani, Lidia, Claudia, Laia y Annette las dejó pasar. Explicaron a Cleopatra su procedencia. Poder viajar en el tiempo era inaudito. La reina quiso conocer al resto del grupo. Los vampiros la conmocionaron, pero también ella tenía noticias de seres bebedores de sangre. Se sentía muy cansada, por lo que Pat la ayudó aportándole energía. Compartieron un momento inolvidable y le prometieron volver. Cleopatra regaló una pulsera de esmeraldas y oro a Lidia, con la que conectó como alma gemela. David aprovechó para dar su regalo de Navidad a Annette. Una gargantilla de plata con eslabones muy finos y una luna de colgante. Le encantó.  Cesarión quedó en brazos de su madre cuando el grupo abandonó la estancia.
Volverían.
David se refugió en la cama de Lidia, buscaba respuestas. Estaba muy enamorado de Annette y la distancia se le hacía insoportable. Parece ser que en esta vida era una condición imprescindible no satisfacer nunca los deseos del todo. Lidia le abrazó con cariño. Notaba a su primo muy cercano y muy necesitado de apego y comprensión. Había conocido a la chica en su crucero por el Sena, pero el amor se intensificaba día a día. Lidia le consolaba diciéndole que se veían todas las noches, pero él echaba de menos la cercanía del día. La oportunidad de compartir su rutina diaria. A Lidia se le ocurrió la idea de aprovechar el crucero por el Mediterráneo que tenían los vampiros de regalo de Navidad. Lo podían proponer para esa noche y por la maravillosa magia de sus protectores podían disfrutar de siete días con sus noches y estar todos juntos. Lo pasarían genial. David iluminó su cara y se fue tranquilo a dormir.
Claudia se despidió de Aitor con ese sentimiento de no querer distanciarse. Le gustaría tener excusa para meterlo en casa y se le ocurrió que por qué no. Sería maravilloso disfrutar de una noche de pijamas todos juntos. Con esa ilusión se quedó dormida en los brazos de Morfeo.
Se hizo el silencio en la casa. La puerta del sótano permanecía cerrada. El latir de la casa tenía su centro escaleras para abajo. En el patio empezaba a clarear el día.
Se pusieron todos a buscar ese crucero que pudiera llevarlos por Palma, Roma, La Spezia, Savona, Marsella, Barcelona y vuelta a Palma. Barco Costa Diamante con restaurantes temáticos, asistencia médica, entrada libre al teatro, entrenamiento y actividades, alojamiento en la cabina elegida con todas sus comodidades, pensión completa en los principales restaurantes y el buffet con posibilidad de elegir platos para dietas especiales. Aquello pintaba bien.
El crucero tenía una capacidad de 6600 pasajeros y presentaba cuatro estrellas en la gastronomía. Iban madurando las posibilidades atentas al ordenador. La ilusión por navegar y disfrutar de los amigos en un espacio tan idílico les llenaba de ilusión. Podían recorrer los lugares en espacio de tiempo distintos gracias al poder de los vampiros. Tal vez pudieran recorrer Roma viendo la entrada triunfal de Cleopatra. ¡Menudas vacaciones!
Llegó la noche y con el despertar de los vampiros, la aventura...
Claudia Ballester Grifo.

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