CONDE PAT.
(Continuación 23)
VENECIA, CIUDAD DEL AMOR.
Venecia la ciudad de los canales, la Reina del Adriático, la Ciudad de la laguna. Considerada Patrimonio de la Humanidad. Es una ciudad ubicada en el noreste de Italia. Está construida sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas, casi todas unidas entre sí por 455 puentes. Se llega al centro de Venecia por el Puente de La Libertad. En el interior de la ciudad no hay tráfico rodado, siendo, a excepción de la navegación por los Canales que separan a las islas, una ciudad totalmente peatonal. El transporte colectivo se realiza mediante embarcaciones transbordadoras conocidas como vaporettos.
Sus canales componen un gran entramado a modo de calles que parten del Gran Canal, gran vía por donde discurren multitud de embarcaciones, grandes y pequeñas, las más conocidas de las cuales son las llamadas góndolas.
Preciosa Venecia, ciudad de genios. Arquitectos, pintores, poetas, músicos y todo género de artistas. La Escuela veneciana de pintores influyó mucho sobre Rubens y Velázquez y sobre la pintura barroca.
La arquitectura fue muy importante durante el Renacimiento.
Vivaldi nació en Venecia, una de las cimas de la música barroca. No podían irse de la ciudad sin visitar uno de los coliseos de opera más famosos del mundo, el teatro de la Fenice. Vestidos de gala se presentaron al auditorio para disfrutar de famosas piezas del repertorio de Vivaldi y Verdi.
Estaban emocionados con las cuatro estaciones de Vivaldi cuando Pat notó una presencia que le dejó sin respiración. En la tercera fila divisó una hermana de sangre. Magali se percató del interés de Pat por aquella patita de plumaje nacarado y cuello estilizado adornado por un elegante pañuelo rosa. La atracción era muy fuerte. Debía encontrarse con ella antes de que desapareciera entre la multitud al terminar el concierto. Comunicó al grupo lo que pensaba hacer y todos entendieron de lo que se trataba. Armand, asintió.
Literalmente la acorralaron en la salida nada más se abrieron las puertas. Iba sola y se sobresaltó.
No podía ser. Patos como ella. Armand se acercó junto al lobo Aitor y la zorrita, Alba. Le explicó lo que sabían de ella y quienes eran Pat y Magali. La pata se asustó. No quería hablar del lobo que la secuestró. La mantenía aislada en Venecia con la promesa de que dejaría vivir a su hijo. Si los encontraba allí no quería ni pensar lo que era capaz de hacer. Magali sí que lo conocía. Era un ser posesivo y lleno de maldad.
Pat se acercó a su madre. La miraba con unos ojos repletos de humedad y melancolía. La madre le abrazó desbordada de amor. Su hijo. Ese huevo que jamás vio romper. No sabía qué había sido de él. Confiaba en que vivía y ahora lo tenía delante de ella. Guapo y elegante, con una patita preciosa a su lado y acompañado de amigos.
Armand pidió calma. Mientras estuvieran bajo la protección de él, el lobo no obraría contra ellos. Incluso podrían rescatar a la madre de Pat que, por cierto, se llamaba Sofía.
Sofía vivía en un palacio con su raptor. Había que diseñar un plan para llevársela definitivamente con ellos.
Armand iría con Aitor, Alba y Sofía a la residencia del Señor y trataría de llegar a un acuerdo con él. Si las cosas no salían según lo previsto le enviaría una alerta a Pat y a Magali para que acudieran a ayudar. Cogieron un vaporetto y llegaron a la isla de Murano. La isla del vidrio para un vampiro que no se reflejaba en los espejos pero que apreciaba el colorido material.
El lobo vivía rodeado de bellezas que formaban un espléndido harén. Sofía representaba a la primera dama. pero era ya más un puesto jerárquico que otra cosa. La variedad era un acicate para el líder y se aburría con el tiempo de sus acompañantes más veteranas.
Armand esperó al lobo en la antesala del harén, rodeado por un amplio jardín con un estanque lleno de fuentes. Se conocían. Armad ayudó a lobo en momentos muy importantes. Se sonrieron al encontrarse. Aitor lo abrazó. Eran hermanos del clan de los licántropos y los echaron por traición. Un grupo de la hermandad había ayudado a tres vampiros a escapar. Uno de ellos era Armand y este les brindó unos poderes que no tenían los hermanos lobos. Podían vampirizar. Vampiros y licántropos no se llevaban bien, se ignoraban.
Armand le comentó al lobo que quería llevarse a Sofía. Fueron unos momentos tensos porque su instinto territorial y de posesión no le dejaba muchas alternativas. Dejar ir a una hembra de su creación era algo que nunca había hecho. Miró a Armand y comprendió que le debía la vida y sus poderes. Podía prescindir de Sofía. Sí, lo haría por su amigo. Sofía se fue con ellos sin mirar atrás...
Claudia Ballester Grifo.

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