lunes, 13 de enero de 2020

EL CONDE PAT.
                   (Continuación 27)
CRUCERO CON EL COSTA DIAMANTE POR EL MEDITERRÁNEO.
Volaron todos desde Palma. Con billete en mano y el equipaje enviado por correo exprés, incluidos los cuatro sarcófagos. Los depositarían juntos en la misma habitación. No hubo preguntas ni hizo falta respuestas. Pat dio una propina que se agradeció convenientemente. Se establecieron en las habitaciones Premium con unas vistas preciosas.
Palma Mallorca es una ciudad que atrapa. Los chicos empezaban aquí su viaje y lo acababan en el mismo punto. Sería la última ciudad en recorrer. Despedían sus luces desde la popa del barco. La proa en dirección a su destino, Roma. No estuvieron mucho tiempo en la cubierta porque estando en diciembre hacía mucho frio. Entraron a ver la obra de teatro de Romeo y Julieta de William Shakespeare. La historia narra el amor prohibido de dos adolescentes, Romeo Montesco y Julieta Capuleto, miembros de dos familias rivales de Verona, en La Italia del renacimiento… Simultáneamente, Teobaldo, primo de Julieta, reta a Romeo a duelo, pero este lo rechaza, su amigo Mercurio acude en su lugar y es asesinado. La pareja escoge el suicidio como única alternativa.
Salieron todos congestionados de puro llanto. Mélani se acercó a Julieta para felicitarla. Las chicas estaban cautivadas por su belleza y su dulzura. Tan joven y separada de su amor.
Romeo se acercó al grupo y decidieron ir a cambiarse y reunirse todos en la discoteca para bailar. La música pop y tecno se sucedía y las luces salían despedidas desde un globo central. Luces de todos los colores disparadas y chocando en las paredes para rebotar por toda la estancia. El agua era la bebida estrella, ya que sudaban a rabiar. A las 5 de la madrugada decidieron dar por terminada la velada. Pat, Magali, Sofía y Armand estuvieron bailando con ellos como si no hubiera un mañana. Para ellos aún era temprano y esperarían a intuir los primeros rayos del sol. Tenían su habitación totalmente adecuada para sus intereses y habían provisto la nevera de bolsas de sangre preparadas para la ocasión. A ellos no les importaba el frio y salieron a la borda para disfrutar de la maravillosa noche. Encontraron a un joven algo bebido. Hablaba en voz alta y blasfemaba de la suerte de su vida. Su novia, después de convivir cinco años con él le había dejado. Pensaba que este crucero y alejarse de ella podría darle algo de reposo, pero no era así. Había decidido lanzarse al mar y terminar con su vida. Pat se lanzó tras él y lo rescató antes de tocar el agua. El pobre chico no entendía nada. Armand le ayudó a encontrar su camarote y le metió en la cama. Le envió energía para que pudiera descansar y no recordar nada. El cielo empezaba a clarear y se retiraron a descansar también ellos.
La mañana en el crucero se presentaba espléndida. Los chicos se pidieron el desayuno en la habitación. Distintos tipos de panes; de frutos secos, sésamo, tomate, de aceitunas negras, integral acompañados de mermeladas de ciruela, manzana y fresa. No podía faltar la mantequilla. Para los súper golosos, croissant de chocolate y ensaimada de crema. Leche, café y cola cao. Y, sí, también zumo de naranja...
Claudia Ballester Grifo.

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