lunes, 20 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                     (Continuación 36)
Eligieron comida española, ya la echaban de menos. Tortilla de patata con un sentido de cebolla y pan con tomate y buen aceite de oliva. Esa cena les quitó el cansancio de un plumazo. Esperaban con impaciencia la aparición de sus amigos vampiros en la cubierta.
 SAVONA.
El barco entró en el puerto de Savona muy temprano. Lo primero que vieron los chicos cuando se levantaron fue una Torre que les daba la bienvenida. La Torre León Pancaldo cuya historia es patrimonio de la ciudad. Se trata de una torre del S. XIV. El nombre es en honor al acompañante de Magallanes en la epopeya. La parte antigua de la ciudad te recibe nada más bajas del barco. Su máximo esplendor fue en el S.XV, en el que se ganó el sobrenombre de Ciudad de los Papas. De una familia muy importante de la ciudad salieron dos papas, Sixto IV y un nieto suyo, Julio II. La Capilla Sixtina fue promovida por el primero; y   Julio II fue el mecenas de Miguel Ángel y Rafael.
Bajaron del barco después de desayunar. Tenían muchas ganas de estirar las piernas, así que dieron una vuelta por la ciudad. Génova se encontraba a 45 km y era una ciudad más importante, pero necesitaban un poco de tranquilidad y de disfrutar de la paz de una ciudad pequeña.
Se sentían muy extraños porque después de visitar la torre, una silueta de mujer les seguía los pasos. Llegaron al centro de la ciudad, en la Plaza Mameli. Se hicieron fotos en el monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial. La mujer, angustiada, salió en la foto. Miraron todos sin encontrar rastro de ella. Se sentaron en un local a tomar unos taquitos de queso y pan de pizza. A la mujer, la habían visto todos. Vestía a la moda de 1914. Llevaba el pelo recogido y un vestido ceñido que le llegaba por debajo de la rodilla. Medias de cristal y zapatos de salón con un tacón de aguja. Se protegía del frio con un abrigo negro de pañete.
Era una morena de piel clara y sedosa. ¿Por qué los seguiría? y ¿Por qué desaparecía?
Dieron una vuelta por el barrio moderno situado en la zona turística del pueblo y decidieron visitar el Santuario Nostra Signora della Misericordia. Cogieron un autobús, ya que estaba a 6 km del centro de Savona. Se trata de una iglesia y edificios circundantes construidos en el sitio que conmemora la aparición de la Virgen María al pastor. Se inauguró en 1536. Rondaban por allí, un poco sobrecogidos por el estilo arquitectónico cuando sentada en un banco de la iglesia volvieron a ver a la mujer.  Esta vez se acercaron las chicas, primero. La oyeron sollozar y parecía ajena a todo lo que la rodeaba. Le pidieron que las acompañara para sentarse en un banco de los alrededores. Les dijo que lloraba porque esperaba a su novio y no acudía a la cita. Su novio era un joven muy apuesto. Era poeta y la tenía ganada con esas palabras tan bonitas que le regalaba. Iban a casarse cuando estalló la guerra y él tuvo que alistarse al llamamiento de la patria. Le despidió cuando embarcó en el submarino. Lo vio partir y le prometió que volvería para casarse con ella. Subía todos los días a la Torre para verlo llegar, pero nunca sucedía el ansiado encuentro. Aitor se quedó mirando al grupo. Las caras que hacían sí que era un poema. No sabían qué decir. Aquello no tenía sentido. Esa mujer debía tener algún problema mental. Vagaba sola por toda la ciudad. Le preguntaron si tenía familia, pero solo suspiró. La invitaron a cenar con ellos en el barco y la ayudaron a levantarse. Debían coger el bus que les llevaba directitos al muelle. Iban atentos a las paradas cuando vieron la suya y apretaron el botón de bajada. Ahí estaba su barco. Ya lo sentían como su hogar. Ahí estaba el barco, ahí estaban ellos, pero la misteriosa mujer, no. Se quedaron mirándose sin saber qué decir. Mejor se aseaban para ir al comedor...
Claudia Ballester Grifo.

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