miércoles, 8 de enero de 2020

AL INFINITO.
Hoy he escuchado el latido de un escarabajo.
He sentido el libar de una abeja y me he estremecido
ante el murmullo de una pulga en el ufano perro
que olisquedaba mi pierna.

Suave, muy suave, bailaba la corriente eléctrica en
su capullo de plástico, rozando las paredes, calentando
su puesta en escena.
Contaba un cuento el aura de la estática y lloraba
la humedad del ambiente gotas de madre perla.

Pequeño muy pequeño, el mundo de Micros,
siento que buceo por debajo del sonido.
Braceo a mi ritmo y desmenuzo de la realidad
hasta reducir al infinito.

Cierro los ojos, tapo los oídos, me reduzco en
un corpúsculo de mínimos.
El vertiginoso navegar de los acontecimientos
 vuela muy alto, por encima de mis angustias y
desvelos.
Se deshidrata mi risa, amanece un sol en la M de mis labios.
Lento es el acomode de mi pupila en su observar,
vagando por el mundo.
Claudia Ballester Grifo

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