EL CONDE PAT
(Continuación 44)
Cuando pasó la tormenta Salieron a la superficie y el escenario volvía ser el mismo. No parecía haber ocurrido nada. Los vampiros del lugar estaban esperándolos. Las azafatas se despidieron de ellos y se retiraron. Volaron con Los vampiros hasta la residencia. Hogar de la cúpula. Vestían todos de blanco y llevaban el pelo muy relamido con un brillo exagerado. Debían utilizar cantidad de cera. El que llevaba una especie de báculo les llamó con un gesto en el dedo y con la voz de su mente. No solían recibir visitas y celebraban la ocasión. Les preguntó que qué querían. Pat le dijo que en la superficie vivían tiempos difíciles. El ser humano no respetaba la naturaleza ni a ellos mismos. Mataba sin medida y asesinaba a sus congéneres por avaricia y pura maldad. La oscuridad se cernía sobre los incendios provocados. Los países eran vapuleados por dirigentes corruptos. Los niños y los ancianos sufrían abandono y vejaciones. Las mujeres eran maltratadas y relegadas a un segundo plano por hombres dominantes, inseguros y frustrados. La falta de tiempo, estrés, la pérdida de perspectiva y no tener prioridades producía infelicidad. La gente se mostraba cansada y confusa.
El vampiro jefe asentía con la cabeza. Sabían lo que pasaba en la superficie. A través de la corteza y del manto les llegaba el sufrimiento y tenía efecto en el centro. La contaminación era absorbida por la tierra y empobrecía los tesoros de los que disponían. Ellos se esforzaban en revertir la brutalidad humana, pero cada vez era más difícil. Estaban sobrepasados. Podían actuar juntos. Unos desde arriba y otros desde abajo. Tal vez pudieran hacer una limpieza. La maldad había que reconducirla y si había que asustar un poco pues se emplearían a fondo. Podían subir unos cuantos de los vampiros antiguos y distribuirse por el mundo. Debían pensar un plan. Vivian en manada respetando la jerarquía. Claudia se acercó a una compañera de ojos amarillos. Bajó la cabeza en señal de sumisión y la loba aceptó su acercamiento. Los lobos anfitriones se llevaron a Claudia, Aitor, Alba y Laia a dar una vuelta por los alrededores. Ante ellos se abría un gran bosque. El lobo más anciano los reunió bajo una enorme encina. Estaban adaptados al calor. También en la superficie estaban subiendo las temperaturas por el Efecto Invernadero. La naturaleza seguía sus ciclos. Los terremotos y los volcanes dibujaban sus continentes. Se habían dado glaciaciones y subidas de temperaturas y los seres vivos se habían adaptado o perecido hasta la extinción según los casos. Para los lobos el caso era un tema de selección natural. Para los vampiros el ser humano era culpable de adelantar los acontecimientos. Debían ponerse de acuerdo y valorar la situación en su justa medida. Lobos y vampiros debían subir a la superficie juntos. ¿Quién se ofrecía voluntario para subir? los lobos se miraban los unos a los otros. De momento se iban de caza, el hambre ya apretaba.
Los vampiros invitaron a sus acompañantes a una sala. Todos juntos, en una gran mesa compartieron comida y sangre.
Tuvieron la oportunidad de conocerse un poco mejor, aunque Armand ya era un viejo conocido. Marcela se acercó a Armand con interés especial. Habían sido amantes durante años de correrías. El reclamo de la Cúpula los separó sin poder mediar ellos ninguna opinión. Sus cabellos tenían el color del trigo y sus intensos ojos negros la hacían muy atractiva. Mélani no pudo evitar ponerse nerviosa. Armand, en ese momento, se dejó llevar por su fuerte magnetismo. La fuerte atracción se palpaba. Daniel miró a su hermana imaginando sus sentimientos. Los vampiros ejercían una atracción difícil de ignorar. Daniel también encontró allí a una joven irresistible. Su largo pelo, rabiosamente rizado con un naranja subido que contrastaba con el esmeralda de sus ojos pedía ser acariciado. Reclamaba atención y mimo. Se llamaba Amelia y tenía un carácter dulce e introvertido. Desde luego si algunos vampiros iban a subir a la superficie con ellos esperaba que Amelia fuera una de ellos...
Claudia Ballester Grfo.

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