HIJO MÍO.
Se enciende la luz de la intolerancia.
Clama el pálpito de los padres
que sin recursos,
ven arrastrar a sus hijos
por la dictadura
de unos magos que hablan
muy bien.
Flautista de Hamelin,
dulce melodía de flauta
que hipnotiza y maneja
los hilos del Arlequín.
No te lleves a mi hijo,
es pequeño y tierno,
me necesita para dormir.
Mira, flautista, sus alas
no han desplegado,
las baño con espuma cada tarde,
las hidrato con amor.
Le escucho en cada retazo
de sus penas y desesperación.
Me mira con arrobo y,
yo me deshago como el jabón.
Mira, encantador,
no te lleves a mi hijo,
no seas su perdición.
Es tan pequeño todavía,
tan tierno su corazón,
que sin mi moriría y,
sin él, moriría yo.
Claudia Ballester Grifo

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