EL CONDE PAT.
(Continuación 20)
La mañana en Valdelinares era tranquila. El pueblo goteaba nieve por todas las cornisas. La callejuela estrecha llevaba hasta una placeta donde se encontraban los dos restaurantes de comida casera. Las vistas de las laderas alegraban el alma. El aire fresco y limpio se recibía con gratitud. Los niños se dirigían al Pinar Ciego donde vivía Aitor. Mélani, Daniel y David se conocían muy bien el lugar. Era fácil perderse porque todas las hileras de pinos eran iguales. Alba, la zorrita salió a buscarles. Iban todos preparados con bocadillos y cantimploras de agua. Pretendían buscar una zona tranquila, a la solana, para disfrutar de la naturaleza.
Aitor levantó la mano para llamar su atención. Improvisaron un merendero con piedras que encontraron a tal propósito. Disponían hasta de una fuente que dispensaba un agua muy fresca. Hablaron de muchas cosas, pero les preocupaba una en particular. Pat no conocía a su madre y sería un precioso regalo el poder encontrarla. Aitor era muy amigo de Armand y conocían a los licántropos proscritos. Debían incidir sobre el asunto.
Al terminar de comer recogieron todo y se dedicaron a jugar con la nieve. Llevaban bolsas de plástico para deslizarse. Como hacía sol les sobraba la ropa de abrigo. La dejaron amontonada encima de las piedras y bola va, bola viene, el cielo se tiñó de un rojo que anunciaba la puesta del sol. Había que recogerse. El Pinar Ciego era muy peligroso para dejar que les sorprendiera la noche. Mélani había estado recogiendo unas semanas antes robellones y setas. Tenían la despensa llena en casa. Con las primeras nieves ya se terminaba la temporada. Con el frio, los prados, se vestían de blanco y las vacas dormían en establos. Dejaron un gran muñeco de nieve con la mano alzada, despidiéndolos.
El grupo se fue a descansar.
Armand fue el primero en aparecer. Daniel estaba sentado en el patio de la casa mirando el cielo. Le gustaba mucho la astronomía. leía libros de Isaac Asimov y de Carl Sagan. Armand disponía de varios siglos de peregrinaje por la tierra y poseía muchos conocimientos que le permitían tener un concepto del mundo más global.
Le comentó a Daniel que tenía noticias de la madre de Pat. La había localizado en Venecia. Sería interesante organizar un viaje hasta allí para poder dar con ella. A Daniel se le salía el corazón del pecho pensando en Pat. Lo tenía que comentar con el grupo.
Todos estuvieron de acuerdo y cuando llegó Pat y Magali les dijeron que les gustaría visitar Venecia, la ciudad de las góndolas.
Dicho y hecho...
Claudia Ballester Grifo.

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