viernes, 10 de enero de 2020

CONDE PAT.
          (Continuación 24)
Esa noche volvieron a casa todos juntos. Sofía dormiría en el sótano con Magali y Pat. Pat nunca en su existencia se había sentido más feliz. Por fin conocía el rostro de su madre y había experimentado su amor. Junto a sus dos hermosas chicas era el vampiro más feliz de la historia, teniendo en cuenta que era un pato, tal vez el único.
Se hizo el silencio en Valdelinares. Los niños dormían con una risa facilona y floja iluminando sus semblantes. El día traería más aventuras en la montaña. Bostezaba el rutilante sol besando las nubes.
Claudia despertó al ruido de unas piedrecitas dándole al cristal de la ventana. Se acercó a mirar y vio a Aitor muerto de la risa correteando con Alba. Llamó a Laia y salieron a jugar. Ante las carcajadas fueron despertándose todos los demás. Invitaron a sus amigos a entrar a desayunar. La cocina olía a buñuelos y leche con cola cao. Debían alimentarse bien porque pretendían aprovechar la nieve de las pistas para esquiar. Mélani, Daniel y David eran unos expertos esquiadores. Lidia y Claudia habían esquiado en el colegio. Laia no tenía ni idea y Aitor era el más experto de todos. Cogerían una pista fácil para empezar. Alquilaron los esquíes y llevaban el equipo desde casa. Camisetas térmicas y chaquetas de plumón, ligeras y delgadas, pero muy calientes. Mélani con un gorro gris con borla escondía su preciosa melena rubia. Todos equipados con gafas de protección solar y crema solar para la piel que dejaban al descubierto. Aitor dirigía a Claudia y Laia que tenían poca y ninguna experiencia. Les explicó cómo tenían que poner los pies y cómo impulsarse. Fundamental era enseñarles cómo frenar. La protección de los vampiros aquí no surtía efecto. los golpes les enseñaba y los hacía fuertes.
David iba a toda pastilla. Adelantó a Daniel que cogía las curvas más abiertas. Mélani ya estaba echando de menos a Armand. La diferencia de horarios era un rollo. Ellos dormían poco gracias a la influencia de los vampiros. Jugaban con el tiempo a su antojo. Los chicos estaban siempre preparados y listos. Annette tampoco se podía reunir con ellos por el día con lo que David esperaba siempre las noches con ilusión.
Laia se cayó de culo con los esquíes hacía arriba. Buena caída, sin consecuencias. Claudia se partía de la risa mientras se comía unas chaparras que no había visto. Pero ¿quién las había puesto allí?
Se reunieron en la cafetería para comer. Lo habían pasado genial. Alba a los pies de Laia. Se comía la carne y las patatas que le pasaba su amiga. Por la tarde volvieron a esquiar hasta que reventados y felices regresaron a casa. Cantaban villancicos de Navidad y el árbol con sus bolas y luces les recibió nada más abrieron la puerta de casa. No vieron a los renos que tiraban del trineo de Papa Noel. ¡FELIZ NAVIDAD! y el árbol estaba repleto de regalos...
Claudia Ballester Grifo.

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