jueves, 30 de enero de 2020

VERDE EN NARANJA.
Son tus ojos niña,
las alas de mi mirada.
la fuente de mis bríos,
la luz de la esperanza.

Es el pañuelo que
enmarca tus facciones
poesia pintada.
Naranja que acuna,
el verde de tu mirada.
Llevas el sol del
Mediterráneo
dibujado en tu cara.

Danzas con tus velos,
cubriendo el sueño
enamorado.
Llenando de estrellas
tristes formatos.
Bebiendo tu sangre
mora,
el azahar de los naranjos,
el cítrico perfume
que hipnotiza el
embrujo
de los jardines árabes.

Es el verde de tus ojos,
esmeralda pulida por
los mares.
Pureza del estío
que navega con bajel
por vientos de libertad,
por tormentas
de coraje.
Claudia Ballester Grifo.

miércoles, 29 de enero de 2020

Las personas felices van dejando un reguero
de semillas que con la lluvia hace brotar la alegría,
la paz y el equilibrio.
No se hacen notar, pero atraen.
No aparecen en fotos,
 pero su alma se retrata sola.
Claudia Ballester Grifo
Un trocito del libro que estoy escribiendo.
     Es el que sigue a ¨Claudia¨        
  ESENCIA FÉMINA
Abracé a mi hija con todo el amor del mundo. Su carita pequeña pegada a mi hombro. La fatiga hacía mella en el menudo cuerpo. Cincuenta grados centígrados de temperatura castigaban su ánimo. El traslado en autobús sin aire acondicionado formaba parte del pasado, mi niña descansaba en mi abrazo. Antonio, literalmente se deshacía. Oí cómo exclamaba: “Verdaderamente debe haber Dios para enviarnos a esta criatura”. Yo intentaba calmar la débil protesta de la niña ¡Pobre, hija mía! Ahora que las cosas mejoraban para ella en el orfanato, ahora que parecía que la atendían mejor y le hacían más caso, venían unos extraños y la pesadilla volvía a empezar. La niña se rindió al sueño totalmente vencida. Mientras yo me ocupaba de la niña, Antonio hablaba con las cuidadoras ayudado en la interpretación por el guía.
Nuestra hija no disponía de pertenencias. Tan solo lo puesto, un vestidito rosa precioso y unos calcetines blancos adornados por un lazo rosa. Tomaba biberones de leche con crema de arroz y papilla de frutas. Nosotros íbamos asesorados por ACI y orientados por el pediatra. Introduciríamos a la niña a la nueva alimentación en España. Allí, prácticamente, seguiríamos sus costumbres, aunque con nuestro material. Antonio iba y venía y yo le preguntaba, él se volvía a ir.
Una niña de cuatro años corría por el pasillo desaforada. Vi como estrellaba su cuerpo en el suelo, defendiéndose del abrazo de sus padres. Estrella, la mayor de las niñas se revelaba a su destino. No conocía el amor de sus padres adoptivos, ni había oído hablar nunca de Madrid. Estrella, la que iba a lucir con luz propia, no entendía de cambios; el corazón se me agolpó en el pecho. La ansiedad se respiraba en el ambiente. Cerré la puerta y me quedé sola con mi hija. Cada padre debía abrazar la incertidumbre de su retoño. Con los ojos cerrados, desmadejada en mis brazos la niña, yo me sentía morir de amor. Quería a aquella niña con todas mis fuerzas. No paraba de susurrarle que era mamá, que la iba a querer muchísimo, que tenía una mamá y un papá que jamás dejarían que le ocurriera nada malo. Acariciaba su cabecita y acunaba su malestar.
Sonó el timbre de la puerta, mi hija estalló en un sollozo, no tenía fuerzas para más. Entró el guía con el director del orfanato para sellar el donativo. Antonio, muy nervioso. Yo, abrazaba a la niña. El cansancio nos superaba a todos...
Claudia Ballester Grifo.


ESENCIA FÉMINA.
A las ocho de la mañana estábamos todos en el hall preparados para ir a por las niñas. El edificio estaba muy cerca e íbamos a pie. Pasamos a una estancia espaciosa con paredes blancas y un frontis de banderas que daban al lugar un carisma diplomático y aséptico. Nos encontramos con una fila de sillas dispuestas para recibir a las niñas y a sus cuidadores. Las niñas entraban en grupos de cinco y los padres no sabíamos cuando llegaba la nuestra. Atemperábamos nervios calmándonos los unos a los otros. Expectantes mirábamos la puerta agudizando el oído ante cualquier leve soplo. Cámaras en ristre, móviles, cámaras de fotos, cada uno con lo que podía. Unos padres nos ocupábamos del reportaje de otros hasta que nos tocaba el turno y éramos relevados. Cada uno inmerso en su emoción y todos en la de todos. Dentro de mi cuerpo explotaban mil estrellas. Miraba a Antonio y estaba blanco como la cera. Nos dábamos la mano y me creía morir. Es difícil referir un sentimiento tan fuerte, tan íntimo, tan deseado. Compartíamos algo muy deseado. Nuestra niña, ese bomboncito de 10 meses llamada Linuo, promesa de belleza, y a la que nosotros le íbamos a agregar Claudia como deferencia a su hermana. Claudia Linuo, teníamos su foto ¿sabríamos reconocerla? Llegó el primer turno. Niñas expectantes, niñas llorando. Los portadores se sentaban con ellas en brazos y nosotros mirábamos una y otra vez. Reconociendo, llamándolas, las niñas asustadas, nosotros angustiados intentando mantener la calma. Hombres y mujeres portando nuestros tesoros, nuestras niñas. Una vez identificados los padres con la hija se nos entregaba. Alguien se encargaba de la autentificación, del papeleo. Los padres mareados nos dejábamos llevar. Venga a sacar papeles, nerviosos, atacada me sonaba todo irreal, me encontraba en una nube y las secuencias se sucedían como en otro nivel. Primer turno, segundo… los padres con sus hijas, los demás intentando ayudar. Había niña que lloraba inconsolable, madres consolando, pasando de la madre al padre, los demás ofreciendo una calma que no teníamos. La piel erizada, el estómago encogido y el corazón saltando en nuestro pecho desaforadamente. Tercer turno ¡Dios mío, mi niña! La reconocí inmediatamente. Venía la tercera. Preciosa con un preocupante chichón en la frente. Con su pelito punki, mi niña preciosa, mi muñeca. No podía llorar, no quería asustarla y la voz salió de mi garganta dulce y sosegada. Pronunciaba su nombre acunado por el mar del sosiego y el azúcar almibarado con olor a caramelo. Me envolví en capullo de rosa para ofrecerle frescura y alargué mi amor para tocar su frente. Me la entregaron y replegué el manto de mi cuerpo sobre ella. Antonio, abrazándonos a las dos, céreo, congestionado, medio sonriendo medio frunciendo el gesto sin control. La niña nos miraba perpleja sin saber cómo reaccionar. Le giraba la cara al padre y Antonio se sentía morir. Le hablaba con ternura, le sonreía y la niña venga a girar la cara. La niña no salió de mis brazos, ella decidió, se quedaba con mamá. ACI nos llevaba bien asesorados. Sabíamos que la niña solía escoger a uno de los padres como referencia. Cada niña, según sus circunstancias se fijaba en uno o en otro, con el tiempo serían los dos. Disponíamos de 22 días para conocernos los tres y toda una vida para querernos. Con las niñas en brazos nos dirigimos al hotel y en la intimidad de nuestra habitación se fraguó una relación que diez años después sigue siendo lo mejor que hemos hecho en la vida. Claudia aportó luz, es nuestro ángel...
Claudia Ballester Grifo.
Ilustración de Anna Navarro.
LUCÍA.
Mirándote a los ojos,
en el espejo de tu claridad calma,
en el brillo de un lago sin agua,
en una fuerza de debilidad
extorsionada.

Manteniendo la mirada,
buceando en tu alma,
sintiendo que somos
hermanas.
Digiriendo las palabras
que a ti se te atragantan.
Moviendo la bilis
que destruye la toxicidad
que te acompaña.

Compartiendo sentimientos
y emociones asolidas
y certificadas.
Pergamino de vida
que reseca el espíritu,
pero no acaba con las ganas.
Has sufrido el maltrato
de tu ilusión y esperanza.

Ojos claros, de mirada limpia,
flequillo dorado protegiendo
una inteligencia respetuosa
y callada.
Se abren tus miras
en confianzas bien templadas.
Es hora de ser escuchada,
bendecida y liberada.
Es el momento, amiga mía,
descansa en tu nube
amortiguada,
de algodón y lluvia,
la sequía se acaba.
Claudia Ballester Grifo

martes, 28 de enero de 2020

COSA DE NIÑOS
Quien tiene el poder de machacar, humillar, y coge fuerza con la angustia de los demás es un necio.
Si eso pasa con niños de 13 años se trata de un inmaduro a tiempo de evolucionar y mejorar.
La diferencia es una excelencia, una nota de color que despierta del gris monótono y aporta esa pincelada que robustece el ánimo.
Si un crio de 13 años te mira y te sientes molesta puedes ignorarlo o preguntarle por qué te mira.
Puede ser un soñador y sentirse enamorado.
Puede ser un observador y sentirse intrigado.
Puede ser un analista y mirar sin ver.
La comunicación es importante. No hay que tener ni miedo ni vergüenza de hablar. El compartir nos salva de las malinterpretaciones o de las no interpretaciones. No nos neguemos el derecho y el deber de entendernos.
Cuando caemos en el barranco del prejuicio la fosa es ardua; la cuerda para salir,  larga y el esfuerzo para alcanzar el punto de partida, excesivo.
Seamos tolerantes, reflexivos.
El instituto es grande, la calle ancha y cabemos todos en este mar de abundancia.
Aprendamos a convivir con ese amor que tanta falta hace para entender que con el desafío uno se acerca más a la soledad que al éxito y la bonanza.
"Cosa de niños", asusta solo el decirlo.
Claudia Ballester Grifo

domingo, 26 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                   (Continuación 46)
 VIAJE AL INTERIOR DEL CUERPO HUMANO
Llegaron sus amigos para llevarlos al interior del cuerpo humano. Todos pequeños, microscópicos entraron como polen en la respiración de Claudia, la madre de Claudia y Lidia. El viaje por el torrente sanguíneo era tortuoso. Las paredes estrechadas en las arterias, por depósitos de calcio, se asemejaban al transcurrir de los donuts del aquarama. Pat con su laser de mirada vampírica iba deshaciendo el hormigón acumulado en las paredes calcificadas de las arterias. Se había perdido la elasticidad de los vasos, pero Sofía iba untándolos con una pistola que emitía chorros de ácido hialurónico y colágeno.
 Llegaron al corazón. Pobres coronarias, sucias y tensas como si se tratara de fuertes tendones. Si se pasaban en la limpieza corrían el riesgo de romper la pared y provocar una hemorragia de terribles consecuencias. Pasaron la prueba del algodón. Aquello funcionaba. El tamaño aumentado del corazón con el tiempo volvería a su posición normal. Los niños estaban felices, habían solucionado un posible infarto.
Siguieron el recorrido de capilares por los bronquiolos y los pulmones. Limpiando y dilatando. La mucosidad era viscosa y se quedaban pegados como si se tratara de la trampa de una araña. Laia fue aspirada por la caverna del tejido pulmonar y fue rescatada in extremis tirándole una cuerda.
 Con la fuerza de una contracción del corazón fueron lanzados a la arteria esplénica que forma parte del tronco celiaco. Esta arteria se encarga de abastecer al bazo y parte del estómago de sangre oxigenada. Iban limpiando a su paso por los órganos. El páncreas trasplantado funcionando sin ningún problema en su conexión con el torrente sanguíneo, unido a la femoral. El páncreas antiguo correctamente irrigado e inervado. Los riñones desaparecidos en combate. El izquierdo había sido extraído quirúrgicamente. Se podía observar el hueco y el tejido cicatricial que ocupaba la zona. Faltaba una costilla. Magali aprovecho para relajar la cicatriz y atenuar el dolor crónico por la tensión. Aprovecharon para inocular hueso con una jeringa de insulina. De esas células madre se formaría la costilla amputada.
El riñón derecho aparecía arrugado como una pasa, totalmente inservible. Armand le inyectó células precursoras del riñón. el órgano se regeneraría ayudando al riñón trasplantado en su función de limpieza, equilibrio químico de la sangre y producción de hormonas.
Los chicos disfrutaban del trayecto. Tenían que tener cuidado con las defensas del organismo. Los policías estaban atontados por la medicación inmunosupresora y no se enteraban de la presencia de extraños. Si alguno levantaba la vista con una sonrisa lo consideraba amigo.
La femoral izquierda parecía una autopista. Se notaba que la habían arreglado. Habían dilatado la arteria y encontraron la fuerza de una malla para evitar que se volviera a cerrar. Siguieron su recorrido por la poplítea en su deambular de la rodilla al tobillo. De pronto una terrible obstrucción no les dejaba avanzar para llegar al pie. Pat se tuvo que emplear a fondo para destruir la espesa y dura capa de calcio que bloqueaba el paso. Se tuvieron que proteger los ojos con una máscara para no resultar heridos por el láser o por el material liberado.  Les empleó mucho tiempo, pero lo lograron. La sangre pasó a borbotones por el miembro frio y asustado. La temperatura se fue suavizando subiendo tres grados.
Tuvieron que ir contracorriente para coger la femoral derecha. Estaba gravemente lesionada a nivel de poplítea. Tres obstrucciones impedían el riego del pie derecho. Se deshicieron de ellas rápidamente para llegar a la tibial y emplearse a fondo, igual que en el pie izquierdo. Conquistaron la arteria pedía y llegaron a los dedos para regenerarlos con células precursoras ya que los hallaron carcomidos y con grandes lesiones en la pared de las células dérmicas y epiteliales. Claudia volvería a tener unos pies adecuados para andar. Ella dormía, no sabía nada, pero la sorpresa al despertar iba a ser apoteósica. El año nuevo le devolvía una salud que nunca había tenido.
Los chicos regresaron a casa con un estornudo. Ese viaje no lo iban a olvidar nunca. Su madre y su tía había salvado la vida. El día de Año Nuevo iba a ser excepcional...
Claudia Ballester Grifo.
EL CONDE PAT
                  (Continuación 45)
Se pedían voluntarios. Mélani deseaba que Marcela se quedara. Nunca había experimentado esa sensación. Marcus, el jefe del clan, les dijo a todos los voluntarios que pusieran su nombre en un papel. Los pondrían en un bol de cristal y sacarían diez.
El azar elegiría a los candidatos. Laia, por ser la más pequeña sacó los papeles. La suerte estaba echada.
Los licántropos también habían elegido a sus voluntarios. Se reunieron todos en la casa para descansar. Saldrían por la noche terrestre y subirían a la superficie. La noche nunca acababa de llegar en el interior de la tierra, pero tenían sus horas de menos luz, las cuales aprovechaban para descansar.
A la medianoche estaban todos preparados. Salieron por la puerta de atrás de la residencia. Cuando acabaran su misión volverían, para los vampiros el tiempo era algo muy relativo. Ante ellos un inmenso lago. Los chicos alucinaban de la cantidad de agua que habían visto en su recorrido. Tenían que seguir a los vampiros y lanzarse al agua, iban a bucear. Se repetía la experiencia de la entrada. Sin darse cuenta se vieron nadando hacía la orilla.
La noche brillaba con intensidad. La playa del Arenal en Palma Mallorca estaba solitaria. No perdamos de vista que era Navidad. Hacía frio, pero no lo sentían, nada más tocaron la arena estaban secos y disfrutaban de sus abrigos. Los vampiros y los licántropos se iban a unir en parejas. Cada vampiro con un lobo se desplegaría por las diversas zonas del mundo. Siempre al lado del poder y buscando las influencias para actuar de forma más conveniente. Marcela no estaba en el grupo. Marcus la quería a su lado en la Cúpula. Armand seguiría al lado de Mélani. Amelia, la amiga de Daniel, sí. Tenía que volar con el lobo asignado, pero podrían encontrarse de vez en cuando, Pat los ayudaría. Se despidieron los diez vampiros y los diez lobos del grupo.
El grupo voló sobre la Catedral de Mallorca, el Castell de Bellver, la Plaza de España. Divisó el tren que subía recorriendo el emblemático pueblo de Sóller, las preciosas Calas. Patearon Magaluf y sus discotecas para acabar en la Plaza Gomila disfrutando de su ambiente. Volvieron al Paseo Marítimo para tomar chocolate con pastas en una cafetería que se encontraba al lado del Auditórium, el Trópic, y regresaron al barco para dejarle un mensaje al capitán. Muchas gracias por todo y que no se preocupara por los féretros ya que una empresa de Transportes los había recogido en el puerto de Barcelona.
Antes de que cantara el gallo estaban en Valdelinares. Los féretros en el sótano; los cuatro, Armand dormía también en casa. Los chicos bebieron un vaso de agua y se fueron a dormir.
Llegaron a punto para celebrar la Noche Vieja en familia. El tiempo en la casa no transcurría exactamente como ellos lo habían disfrutado en su viaje. Nadie en el hogar había notado la ausencia de los niños.
Habían disfrutado de la experiencia. Eran unos escogidos. Se sentían diferentes y poderosos porque formaban parte de una élite.  Se sentaron a la mesa con el pollo relleno de fiambre y otro relleno de carne picada. Claudia y Laia se hartaban de patatas fritas y salchichón. El pan tostado hacia las delicias del paté y La concordia familiar sonreía al candor de la chimenea.
Dieron las doce con brindis y doce granos de uva. El 2020 entraba para quedarse. El nuevo decenio traía presagios y nuevos retos. Las agujas del reloj tomaban un giro vertiginoso. Se vivía intensamente, el velo de la indolencia no casaba con las ganas ni el deseo. La noche prometía. Los niños salieron a la noche cerrada en busca de nuevos sueños...
Claudia Ballester Grifo.

sábado, 25 de enero de 2020

ESPERA
Desdobla el plano de mi espíritu
el miedo de perder parte
de mi cuerpo.
Esqueleto que mantiene
parte de lo que soy,
sostén de mi concierto.

Duele el dolor,
soy testigo de ello.
Águila o pichón,
lo decidirá el tiempo.
Tormenta en el capullo
del devenir del pensamiento.
Polvo en lo insustancial,
grito silenciado
por la espera de la
despreocupación.
La culpa mira con
desconcierto.

En China te fabrican
un hospital en ocho
días.
En España para cursar
una queja te emplea
media vida.
Para entrar en quirófano
igual hay que esperar
a otra vida.
Qué m...
Qué porqueria.
Claudia Ballester Grifo
ORDA DE IGNORANCIA.

Material insustancia.
Despropósito del que todo
lo tiene y nada arrastra.
Verborrea cobarde del que habla
aporreando lo que tenga en la mano,
sin ser diestro en la carga.

Despropósito del que
azuza a los perros de la
manada.
Se ríe de todo y de todos
sin ser dueño ni maestro,
sin dolor, pena o añoranza.
Rabia mi dolor,
muerde la pena la esperanza.

Hay que oír lo que no
está escrito en la enseñanza,
cada uno escribe con letra
aciaga.
Cada uno ve con el prisma
de sus circunstancias.
Añoranza del destino,
¿Qué está bien?
¿Qué está mal?
Se han perdido las reglas
del juego.
Las llaves en el fondo
del mar,
buceo de mis ansias.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT
                    (Continuación 44)
Cuando pasó la tormenta Salieron a la superficie y el escenario volvía ser el mismo. No parecía haber ocurrido nada. Los vampiros del lugar estaban esperándolos. Las azafatas se despidieron de ellos y se retiraron. Volaron con Los vampiros hasta la residencia. Hogar de la cúpula. Vestían todos de blanco y llevaban el pelo muy relamido con un brillo exagerado. Debían utilizar cantidad de cera. El que llevaba una especie de báculo les llamó con un gesto en el dedo y con la voz de su mente. No solían recibir visitas y celebraban la ocasión. Les preguntó que qué querían. Pat le dijo que en la superficie vivían tiempos difíciles. El ser humano no respetaba la naturaleza ni a ellos mismos. Mataba sin medida y asesinaba a sus congéneres por avaricia y pura maldad. La oscuridad se cernía sobre los incendios provocados. Los países eran vapuleados por dirigentes corruptos. Los niños y los ancianos sufrían abandono y vejaciones. Las mujeres eran maltratadas y relegadas a un segundo plano por hombres dominantes, inseguros y frustrados. La falta de tiempo, estrés, la pérdida de perspectiva y no tener prioridades producía infelicidad. La gente se mostraba cansada y confusa.
El vampiro jefe asentía con la cabeza. Sabían lo que pasaba en la superficie. A través de la corteza y del manto les llegaba el sufrimiento y tenía efecto en el centro. La contaminación era absorbida por la tierra y empobrecía los tesoros de los que disponían. Ellos se esforzaban en revertir la brutalidad humana, pero cada vez era más difícil. Estaban sobrepasados. Podían actuar juntos. Unos desde arriba y otros desde abajo. Tal vez pudieran hacer una limpieza. La maldad había que reconducirla y si había que asustar un poco pues se emplearían a fondo. Podían subir unos cuantos de los vampiros antiguos y distribuirse por el mundo. Debían pensar un plan. Vivian en manada respetando la jerarquía. Claudia se acercó a una compañera de ojos amarillos. Bajó la cabeza en señal de sumisión y la loba aceptó su acercamiento. Los lobos anfitriones se llevaron a Claudia, Aitor, Alba y Laia a dar una vuelta por los alrededores. Ante ellos se abría un gran bosque. El lobo más anciano los reunió bajo una enorme encina. Estaban adaptados al calor. También en la superficie estaban subiendo las temperaturas por el Efecto Invernadero. La naturaleza seguía sus ciclos. Los terremotos y los volcanes dibujaban sus continentes. Se habían dado glaciaciones y subidas de temperaturas y los seres vivos se habían adaptado o perecido hasta la extinción según los casos. Para los lobos el caso era un tema de selección natural. Para los vampiros el ser humano era culpable de adelantar los acontecimientos. Debían ponerse de acuerdo y valorar la situación en su justa medida. Lobos y vampiros debían subir a la superficie juntos. ¿Quién se ofrecía voluntario para subir? los lobos se miraban los unos a los otros. De momento se iban de caza, el hambre ya apretaba.
Los vampiros invitaron a sus acompañantes a una sala. Todos juntos, en una gran mesa compartieron comida y sangre.
Tuvieron la oportunidad de conocerse un poco mejor, aunque Armand ya era un viejo conocido. Marcela se acercó a Armand con interés especial. Habían sido amantes durante años de correrías. El reclamo de la Cúpula los separó sin poder mediar ellos ninguna opinión. Sus cabellos tenían el color del trigo y sus intensos ojos negros la hacían muy atractiva. Mélani no pudo evitar ponerse nerviosa. Armand, en ese momento, se dejó llevar por su fuerte magnetismo. La fuerte atracción se palpaba. Daniel miró a su hermana imaginando sus sentimientos. Los vampiros ejercían una atracción difícil de ignorar. Daniel también encontró allí a una joven irresistible. Su largo pelo, rabiosamente rizado con un naranja subido que contrastaba con el esmeralda de sus ojos pedía ser acariciado. Reclamaba atención y mimo. Se llamaba Amelia y tenía un carácter dulce e introvertido. Desde luego si algunos vampiros iban a subir a la superficie con ellos esperaba que Amelia fuera una de ellos...
Claudia Ballester Grfo.

viernes, 24 de enero de 2020

Un trocito del libro que estoy escribiendo.
     Es el que sigue a ¨Claudia¨        
  ESENCIA FÉMINA
Abracé a mi hija con todo el amor del mundo. Su carita pequeña pegada a mi hombro. La fatiga hacía mella en el menudo cuerpo. Cincuenta grados centígrados de temperatura castigaban su ánimo. El traslado en autobús sin aire acondicionado formaba parte del pasado, mi niña descansaba en mi abrazo. Antonio, literalmente se deshacía. Oí cómo exclamaba: “Verdaderamente debe haber Dios para enviarnos a esta criatura”. Yo intentaba calmar la débil protesta de la niña ¡Pobre, hija mía! Ahora que las cosas mejoraban para ella en el orfanato, ahora que parecía que la atendían mejor y le hacían más caso, venían unos extraños y la pesadilla volvía a empezar. La niña se rindió al sueño totalmente vencida. Mientras yo me ocupaba de la niña, Antonio hablaba con las cuidadoras ayudado en la interpretación por el guía.
Nuestra hija no disponía de pertenencias. Tan solo lo puesto, un vestidito rosa precioso y unos calcetines blancos adornados por un lazo rosa. Tomaba biberones de leche con crema de arroz y papilla de frutas. Nosotros íbamos asesorados por ACI y orientados por el pediatra. Introduciríamos a la niña a la nueva alimentación en España. Allí, prácticamente, seguiríamos sus costumbres, aunque con nuestro material. Antonio iba y venía y yo le preguntaba, él se volvía a ir.
Una niña de cuatro años corría por el pasillo desaforada. Vi como estrellaba su cuerpo en el suelo, defendiéndose del abrazo de sus padres. Estrella, la mayor de las niñas se revelaba a su destino. No conocía el amor de sus padres adoptivos, ni había oído hablar nunca de Madrid. Estrella, la que iba a lucir con luz propia, no entendía de cambios; el corazón se me agolpó en el pecho. La ansiedad se respiraba en el ambiente. Cerré la puerta y me quedé sola con mi hija. Cada padre debía abrazar la incertidumbre de su retoño. Con los ojos cerrados, desmadejada en mis brazos la niña, yo me sentía morir de amor. Quería a aquella niña con todas mis fuerzas. No paraba de susurrarle que era mamá, que la iba a querer muchísimo, que tenía una mamá y un papá que jamás dejarían que le ocurriera nada malo. Acariciaba su cabecita y acunaba su malestar.
Sonó el timbre de la puerta, mi hija estalló en un sollozo, no tenía fuerzas para más. Entró el guía con el director del orfanato para sellar el donativo. Antonio, muy nervioso. Yo, abrazaba a la niña. El cansancio nos superaba a todos...
Claudia Ballester Grifo.
LISTA DE ESPERA.
Llegando al corazón del opio,
desgrano el impulso
perlado del dolor.
Aprieto los dientes,
baila el pie al ritmo
del calambre y el fuego
abrasador.

Adormidera que despliega
morfina y heroina,
encerrona del cerebro,
flojera del cuerpo,
alucinación.
Debilidad del estómago,
cede uno para paliar el dolor.

Quien lo ha conocido
vuela como una mariposa
al encuentro del néctar
o huye con viento fuerte
como hago yo.
No quiero vende humo
que apacigua el dolor.
Quiero la solución
que de remedio a mi
desesperación.

Lista de espera para
dar oportunidsd a la desazón.
Pronta receta médica para
el opiaceo que te nubla
la visión.
Voy a seguir apretando
los dientes,
que pase pronto esta
larga espera y,
esperando estoy.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT
                  (Continuación 43)
Aitor tropezó con una telaraña enorme, se quedó pegado y no lograba desasirse. Armand le dijo que permaneciera muy quieto, la araña era ciega y se orientaba por el movimiento de la red. Pat quemó la gelatinosa trampa con sus ojos y liberó al asustado Aitor. Se oyó una especie de rugido y asomó una tremenda pata peluda intentando sentir su red que ya no estaba. No esperaron a ver su reacción, ya habían comprobado que podían encontrar insectos grandes, entre ellos los arácnidos, más que grandes, enormes.
Sofía y Magali estaban deslumbradas por lo que veían y sentían. Poder notar el calor sin miedo y recibir la luz que filtraban de la superficie esos dos globos, era un placer que hacía pensar en no querer regresar a la superficie. Debían llegar hasta una gran residencia- castillo que dominaba una explanada.
La fuerza de los vampiros regía el mundo. Disponían de la sabiduría de los ancestros y de la eternidad. Aprovecharían el viaje para pedirles consejo y ayuda. Estaban seguros de que ellos sabían de su viaje. Estarían esperándolos y tal vez salieran a su encuentro.
A Annette y a David les llamó la atención una flor con los pétalos del color de la miel. Parecía sudar y exhalaba un perfume de regaliz. Annette le pasó un dedo por la delicada hoja y la flor pareció arrugarse al contacto. David percibió hasta un quejido. Una flor vecina se abrió mostrando unos dientes aterradores. Presentaba los colmillos de un vampiro. Los chicos se miraron aterrorizados. Aquella flor parecía letal y estaba defendiendo a su compañera. Pat le habló a la flor. La tranquilizó con palabras amables y la reacción no se hizo esperar. La planta cerró sus pétalos y se oyó un rumor de tranquilidad. La sensibilidad en este mundo alcanzaba otro nivel. Alba y Laia corrían como rabosas. En ese lugar podían ser lo que quisieran sin tener en cuenta la influencia del sol o la luna. A Aitor y a Claudia les pasaba lo mismo, disfrutaban de sus poderes y de la especial sensibilidad que les daba el poder del licántropo. Libertad total y absoluta. ¡Qué gozada!
Bebieron de un agua de color verde. La clorofila se obtenía por una síntesis de unas bacterias especiales. Sabía a menta y producía un efecto relajante sobre las vías respiratorias. Observaron la existencia de muchas cuevas. Parecían habitables y acogedoras, podían hacer de ellas su hogar. Las oportunidades se presentaban por doquier. Un lugar precioso.
Oyeron un rugir de agua. Avistaron una catarata de agua transparente que saltaba por encima de unas rocas. Apareció una mujer como por magia.  Sus cabellos blancos y largos ondeaban como si tuvieran vida propia. Era una ninfa de una belleza espectacular. Cuatro hermanas más salieron a recibir a los visitantes. Cada una de una belleza extraordinaria y diferente. Se interesaron por su aventura y Pat les dijo que buscaban a los vampiros. Las chicas les acompañaron un trecho. Esa zona pertenecía al dominio de los saurios. Entraban en una zona pantanosa llena de ciénagas. Podían perderse. Con la ayuda de sus amigas pasaron sin problemas a una zona despejada invadida por la arena. Salieron a recibirlos unas amazonas del desierto. Disponían de elegantes cabalgaduras. Los caballos eran todos blancos y tenían la elegancia de los alazanes árabes.
Las ninfas se retiraron al refugio de sus aguas. Las amazonas compartieron con ellos las viandas que llevaban. A Lidia y a Mélani aquello les parecía increíble. Estaban aprendiendo mucho más que en el colegio y lo pasaban estupendamente. Podían pasarse la vida así. La jefa de las amazonas les dijo que se preparaba una tormenta de arena. El cielo viró a un color rojo intenso y empezó a dejarse sentir el viento. La arena comenzó a ondularse imitando el comportamiento de las olas en el mar. Las amazonas abrieron unos refugios en el suelo y desaparecieron llevándose al grupo con ellas. Fuera la tormenta se desarrolló con todo su potencial. En el refugio se desarrollaba toda una aldea. Lo tenían todo preparado para sobrevivir, almacenes con alimento y establos para animales, por cierto, de una variedad bien extraña. Eso, sí, no había hombres, aunque sí niños...
Claudia Ballester Grifo.

jueves, 23 de enero de 2020

ELECCIÓN.
Diseñando el chapado
de la estancia.
Conformando el cerámico,
colores blancos y grises,
en pulcro y mate.
Duda la inseguridad del
pura sangre,
recelo de responsabilidad
que nunca ligaste.
Poseedora del gusto y
del que su intención
comparte.

Ya tienes el formato
configurado.
La idea ganó al girar
de las agujas.
Las vueltas de la reserva
define la alternativa.
Te llega el presupuesto
y tu elegancia es de
alta alcurnia.
Empezamos de nuevo,
¡Dios nos asista!

Así es la vida,
un formato a la medida.
Un puntito de sal para
el paladar que prueba.
Un toque de azafrán
para que el color hable
de especia.
El justo detalle que
a cada cual le alegre
el dia.
El sentimiento necesario
para que brille la
armonía.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT
                      (Continuación 42)      
PALMA MALLORCA.
Llegaron a las cuevas del Drach, en el municipio de Manacor, cerca de la localidad de Porto Cristo. Las cuevas subterráneas se extienden hasta una profundidad de 25m, alcanzando 2,4 km de longitud. Los chicos habían subido a una barca para recorrer uno de los mayores lagos subterráneos del mundo. Se escenificó una salida del sol, apagando previamente las luces de mantenimiento, con la música de Beethoven, su Sinfonía Número 5. Fue realmente alucinante. ¡Qué pena que sus amigos vampiros no estuvieran allí! Se formó un remolino en el momento que se silenciaba la música y unas manos les arrastraron dentro del agua. No tuvieron elección, desaparecieron en el agujero formado, ahogando una posible exclamación.
El viaje fue rápido. El tiempo que permitieron sus pulmones mantener la respiración. Se encontraban en lo que parecía una prolongación de la cueva y, ¡sorpresa!, sus amigos estaban con ellos. No entendían nada, habían entrado en la cueva de día. El manejo del tiempo por los vampiros era una herramienta para tener en cuenta. Salieron a la luz de un día diferente. En el cielo resplandecían dos soles y los vampiros ni inmutarse, esa luz no les afectaba. El color del cielo se confundía en el horizonte con el mar que se movía calmo delante de ellos. El malva producía un efecto irreal. La arena sobre la que se hundían hasta el tobillo exfoliaba su delicada piel. De textura muy gruesa parecía sal gorda porque tenía el mismo color.
Sin tiempo para hacer una pregunta, emergió desde el fondo del mar una especie de serpiente, que bajando su cabeza les invitaba a subir.  Pat y Magali fueron los primeros en encabezar la fila. Todos los demás les siguieron. El agua les salpicaba caliente y les mojaba en los vaivenes del animal. Pat les iba explicando que se hallaban en el centro de la tierra y, como muy bien sabía Armand, allí se refugiaba la cúpula del vampirismo. Iban a ver un mundo totalmente diferente al que estaban acostumbrados. Un mundo de matices de luz y color especiales con criaturas adaptadas al interior de la tierra. Aquello sí que iba a ser una aventura alucinante. La serpiente los bajó en una isla llena de palmeras y cocoteros. El verde desplegaba su naturaleza con una intensidad sobrecogedora. Las hojas de la vegetación brillaban como revestidas de cera. Los frutos de extraños árboles se ofrecían invitando a cogerlos. Cogieron una especie de plátanos de color marrón claro que sabían a una mezcla de manzana y mango. La dureza de la manzana y la dulzura del mango junto con esa acidez característica, convertía a la fruta en un manjar refrescante. Decidieron sentarse a comer para disfrutar un poco del paisaje que se descubría ante ellos.
El clima era cálido por lo que se habían quedado todos en manga corta. Parecía el Edén perdido con pájaros de plumaje con bellos colores, unos de camuflaje y otros en rabioso contraste.
Las montañas formaban pliegues de diversas alturas y por los desfiladeros corrían aguas cristalinas que procedían de las filtraciones marinas. Según las rocas que traspasaban, el agua podía ser hasta dulce.
Siguieron el sendero que enfilaba Pat. Claudia corría con Laia detrás de unos monitos muy graciosos y tamaño mini. Cabían en un bolsillo de chaqueta. Su pelaje, marrón claro, se confundía con el follaje y se camuflaban totalmente jugando al escondite...
Claudia Ballester Grifo.

miércoles, 22 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                        (Continuación 41)
Aitor, Claudia y Laia tapaban, daban agua, consuelo e iban como locos de un sitio a otro. La policía pedía a la gente que despejara la zona porque no sabían si se secundarían más atentados. El desconcierto era total. Horas después habría otro atentado en Cambrils.
Una turista alemana de unos 51 años intentaba recoger el bolso destripado con todo su contenido. Claudia y Laia le dijeron que permaneciera tranquila. Presentaba múltiples heridas. Le recogieron sus enseres y se los entregaron a un policía. La ambulancia se la llevó inmediatamente al hospital. Diez días más tarde moriría a consecuencia de sus heridas.
En este ataque a Barcelona se produjeron 16 muertos y 130 heridos.
En el aparcamiento de la Zona Universitaria estaba estacionando su coche un joven de 35 años. El terrorista huido le apuñaló y utilizó este coche para salir de Barcelona, arrollando por el camino a un Mozo de Escuadra. El joven apareció más tarde en su coche desangrado.
Mélani levantó la mirada y vio a Pat. Allí no podían hacer más.  Las ambulancias atronaban la ciudad con sus sirenas. Los hospitales estaban alertados y reclamado todo el personal sanitario libre de servicio. Los taxistas se movilizaron para transportar de forma gratuita a los heridos. El despliegue fue organizado y ejemplar. La mayoría de los afectados eran turistas.
Los vampiros se llevaron a los chicos a Cambrils. A la 1:15 de la madrugada se produjo el segundo atentado. Cinco presuntos terroristas fueron abatidos tras intentar saltarse un control policial de los Mozos de Escuadra y atropellar a seis personas, tres de ellas mozos.
Una séptima persona fue también herida en la cara por el ataque de uno de los terroristas, que logró recorrer unos metros antes de ser abatido. Ese supuesto herido era Armand. Se lanzó sobre el terrorista dándole un mordisco en el cuello que le dejó la yugular descolgada. El hombre, enloquecido por el dolor y medio loco por el miedo, escapó para ser alcanzado por los disparos.
En Barcelona murió gente de más de 34 nacionalidades distintas. Nunca lo olvidaremos.
Volaron. Los chicos volaron y crisparon su dolor dominando el espacio. Regresaron al barco a dormir todo el llanto que habían acumulado. Los vampiros regresaron a sus sarcófagos, no sin antes preparar la sorpresa que les esperaba en su última escala, Palma Mallorca...
Claudia Ballester Grifo.
CONDE PAT
                    (Continuación 40)
                              BARCELONA.
Barcelona, la capital cosmopolita de Cataluña en España, es conocida por su arte y arquitectura. La fantástica iglesia de la Sagrada Familia y otros hitos modernistas diseñados por Antoni Gaudí adornan la ciudad. El Museo Picasso y la Fundación Joan Miró muestran el arte moderno de los artistas que dan origen a sus nombres. El Museo de Historia de Barcelona incluye varios sitios arqueológicos romanos.
Es la ciudad más poblada de España después de Madrid y la undécima de la Unión Europea.
Atracaron en el puerto viendo la estatua de Cristóbal Colón. Bajaron con ganas de probar el desayuno en una cafetería del puerto. Intenso olor a café. Necesitaban estirar las piernas y enfilaron en dirección a las Ramblas. El paseo aparecía dormido. La vidilla se desplegaba por la noche. Siguieron hasta el Paseo de Gracia para visitar la Casa de Gaudí. Un arquitecto que procedía de una familia de caldereros, nacido en un pequeño municipio cerca de Reus y que se convirtió en uno de los arquitectos más reconocidos y celebres a nivel mundial. Fue su forma de entender la arquitectura como un reflejo de la naturaleza lo que le llevó a convertirse en el máximo representante del Modernismo.
La casa Batlló está considerada la obra más plena y madura de Antoni Gaudí. Los colores de esta casa rompen con la estética general del resto de edificios y el detalle que más cautiva es la representación de la Leyenda de Sant Jordi que esconde en su fachada, su tejado e interior. Según la leyenda, Sant Jordi salvó a su princesa matando al dragón de cuya sangre brotó un rosal. Es por eso que algunos lo consideran el San Valentín catalán, porque se dice que Sant Jordi es, por excelencia, el patrón de los enamorados de Cataluña.
Los patios interiores son una muestra perfecta del dominio que tenía Gaudí de la luz, transportándote a las profundidades del mar. Este tratamiento de la luz y el color, los recursos y detalles que utilizó para los sistemas de ventilación, así como los diversos materiales (vidrio, madera, hierro…) hacen de este edificio uno de los más importantes de Gaudí y de Barcelona.
Los chicos subieron a la azotea para asomarse al ojo de dragón y ver la Sagrada Familia en la lejanía.
Comieron cerca del Tibidabo que es el parque de atracciones más antiguo de España, donde se puede disfrutar de más de 25 atracciones. Subieron en la montaña rusa, única en Europa. Emoción tras emoción y unas vistas preciosas. Solo disponían de un día y ya empezaban a comprender que era un lugar más al que tendrían que volver. Pasaron la tarde en el parque y cogieron el autobús para llegar a la Plaza España, situada al pie de la Montaña de Montjuic. Día intenso, decidieron cenar en las Ramblas. La gente paseaba en las dos direcciones por el simple placer de andar por allí.
Una furgoneta blanca sembró el terror en el paseo. Recorrió 530 metros en la zona central del paseo, desde la calle Buen Suceso hasta el pavimento Miró, frente al mercado de La Boquería. Los chicos se salvaron por estar dentro de un restaurante. Vieron la escena y oyeron el tumulto. Horas más tarde, Estado Islámico reivindicó el atentado. Mélani no se lo podía creer, eso ocurría el 17 de agosto a las 17h. El juego del espacio y el tiempo venía siendo la montaña rusa de sus aventuras.
La confusión era absoluta, salieron para ayudar. Mélani cogió en sus brazos a un niño de tres años que no se movía. Lidia atendía a la madre herida con un golpe en la cabeza y aturdida. El niño estaba muerto y a Mélani se le cayó el alma a los pies. ¿Cómo se lo iban a decir a la madre?
Daniel y David intentaban poner en contacto a los heridos menos graves con sus familias. La policía y los mossos (policía autonómica de Cataluña) empezaban a llegar. El conductor había escapado a pie cruzando el mercado de la Boquería y caminando por toda Barcelona hasta La Zona Universitaria.
Annette atendió a unos padres que, a pesar de estar gravemente heridos, se arrastraban hacía su hijo de 7 años que yacía en el suelo sobre un gran charco de sangre. El niño estaba muerto...
Claudia Ballester Grifo.

martes, 21 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                (Continuación39)
Annette se percató de una monja joven que parecía manejarse muy bien. Llevaba el control de la sala. Los enfermos estaban organizados por familias y gravedad. Intentaba aliviar el miedo de un niño de nueve años que acababa de perder a sus padres y presentaba bubas sangrantes. Lidia apretaba los dientes, no tenían antibióticos. Tal vez para aquel niño ya era tarde porque la septicemia había invadido su cuerpo, pero para otros podría salvarles la vida. No podían mediar, aunque el esfuerzo que debían hacer era sobrehumano. La historia estaba escrita y no podían borrar sus dictados.
David y Daniel se encargaron de hacer de celadores. Trasladaban a los enfermos y sacaban a los muertos para que se los llevaran los enterradores. Las calles estaban llenas de cadáveres.
La joven monja se sentía muy cansada. Sufría episodios en los que se veía en otro sitio y otro tiempo haciendo lo mismo. Se quemaban leños perfumados para acabar con la pestilencia y la gente se sentía aterrorizada porque pensaba que era un castigo divino. Los sanos se flagelaban para alcanzar la clemencia divina. Los judíos eran perseguidos porque se les consideraba culpables. Lidia vio a la pobre chica muy desencajada. La ayudó a salir de la sala y la acompañó a su habitación. El espacio era muy reducido, lo justo para colocar un camastro. Tal como estaba la acostó. Ahora tenía refuerzo.
Una niña de tres años lloraba encima del cuerpo de su madre, Mélani la cogió reposándola en su regazo. Le contó el cuento de Alicia en el país de las maravillas, la niña se durmió.
Había que encargarse de la intendencia de la comida y de la ropa. Había que dirigir a la gente que se prestaba para ayudar y que también caía enferma. ¡Una locura!
Pasaban las horas sin darse cuenta. Fueron los vampiros los que vinieron a rescatarlos. La joven monja recuperó su puesto y los chicos se fueron a cenar. Eso sí, Pat les devolvió a su tiempo.  Eligieron un restaurante en el Puerto Viejo de Marsella. En el convergen todas las vías y se reúne la gente cuando tiene algo que celebrar.
Pudieron relajarse, lavarse las manos y comer con deleite la única comida del día a excepción del desayuno. Armand conocía a la joven monja que dirigía la residencia de enfermos. Se llamaba Celine y la conoció en la peste de la Edad Media. Fue increíble, innovadora y resolutiva. Su vida, muy peculiar. Estaba prometida a un hombre mucho mayor que ella, un verdadero tirano y pervertido. Ella estaba enamorada de un joven de su edad, pero su padre no lo consideraba como pretendiente debido a su clase inferior de jornalero.
La casaron y la noche de bodas el villano la destrozó. Escapó de la casa del marido y se refugió en un convento. Vivía proscrita y escondida al mundo, nadie sabía de ella. Cuando estalló la peste se ocupó en cuerpo y alma a ayudar.
En 1720 volvía a ser Celine, pero en otro tiempo y con otras circunstancias para combatir la enfermedad. La iban a ayudar, le devolverían a su amor, eso sí lo podían hacer. Acabaron el postre y ya recuperados volvieron al hospital de 1720.
Pat contactó con el joven enamorado de Celine en la Edad Media, en 1720. Lo encontró. Era médico y dirigía un hospital. Tenían que reunir a los enamorados. Fueron a buscarlo como experto. Se vieron, se miraron, se reconocieron y los votos de la monja nunca llegaron a jurarse. Ganó el amor. El Hospital del Hotel- Dieu iba a ser dirigido por una joven casada con el mismo empeño y dedicación, pero con la vida feliz que se merecía.
El grupo volvió al barco rayando el día. Barcelona les estaba esperando...
Claudia Ballester Grifo.
CONDE PAT
                     (Continuación 38)
RUMBO A MARSELLA.
Marsella es la segunda ciudad más poblada de Francia después de Paris. Es la tercera área urbana más grande del país, después de Paris y Lyon. Es el puerto comercial más importante de Francia y del Mediterráneo, tercero en importancia de Europa tras Róterdam y Amberes, centro de importante actividad industrial especializado en la petroquímica y el refino de petróleo, construcción naval e industrias diversas. Representa un nudo de comunicaciones en el que confluyen las rutas entre Paris, Italia, Suiza y España. Es sede de una Archidiócesis y centro universitario de primer orden fundado en 1409.
Sofía dormía inquieta. Viajar con su hijo, Pat, les había unido. Se conocían un poco más llegando a conectar con fuerza y transparencia. Venía a su cabeza imágenes de muchísima gente aislada en aldeas y atendida en construcciones eclesiásticas. La enfermedad diezmaba la población muchísimo. En 1347, la peste escogió como uno de los puntos de entrada en Europa a Marsella. Murieron 50.000 de sus 90.000 habitantes. Podía notar el sufrimiento y el desconcierto de las gentes. En el S. XVI hubo otro brote de la epidemia y les pilló más preparados. Se fundó el Hospital del Hotel-Dieu. Había una monja, una mujer colosal dirigiendo y organizando a la gente para ayudar y colocar a los enfermos lo más cómodamente posible. Esa mujer levantó la vista del enfermo que estaba arropando y la miró fijamente a ella. Sofía vio el año en un cartel de la estancia, 1720.
EL 25 de mayo de 1720 atracó en Marsella El Gran San Antonio. El cargamento que llevaba de seda y algodón contaminado del bacilo de Yersin fue el responsable de la peste. Se produjeron varias irregularidades porque se sabía de las muertes de la tripulación en el barco. Se bajó a los enfermos a la enfermería poniéndolos en cuarentena, pero se bajó también la mercancía que se distribuyó y provocó el desastre.
La alimentación y la evacuación de los cadáveres tampoco se hizo con el cuidado necesario. El 25 de junio se llevaron el barco a la isla Jarre para quemar la ropa de los fallecidos y enterrar los cadáveres en cal viva, pero ya era muy tarde porque las telas ya habían salido de contrabando de las enfermerías llevando la peste a la ciudad.
Y llegaron los chicos para conocer lo que era la peste y sus consecuencias. El resto de los pasajeros atracaron en el tiempo correcto disfrutando del muelle y la importante arquitectura y cultura de la zona.
Los lobos y las rabosas estaban especialmente inquietos. Mélani dijo que las pulgas eran las encargadas de pasar la enfermedad. En la Edad Media por las pulgas que llevaban las ratas, en 1720 por las pulgas que iban en las telas. Lidia pidió calma. La bacteria responsable podía ser tratada con antibióticos. Ellos no corrían peligro. Pat no permitiría que les pasara nada. Habían llegado para ayudar. Habían habilitado las casas de verano. en el campo para atender a los enfermos, las residencias eclesiásticas y los grandes edificios.
Entraron en un edificio que estaba regido por monjas. Pidieron conocer a la madre superiora. Estaba muy ocupada, pero les atendió en un pequeño cuarto. Vieron un escritorio lleno de vendas, alcohol y material médico. Le dijeron que querían ayudar y la monja desvió la mirada hacía los animales. Mélani le dijo que eran amigos y estaban muy preparados para descubrir casos infectados que aún no tenían síntomas. Eso interesó a la madre y la dejo perpleja. Lidia le dijo que entendían de bubas y sabían que hacer para no contagiarse. Debían ponerse todos mascarillas para protegerse de la transmisión por la saliva. Debían lavarse las manos antes y después de tocar al enfermo. No compartir ropa los enfermos y quemar la ropa de los cadáveres. Enterrar a los muertos en cal viva. Esas cosas más o menos ya las intuían luego de la última peste que padecieron. Aquella primera vez sí que pensaron que era un castigo terrible de Dios. La madre superiora les acompañó a la sala donde se hacinaban los enfermos. Morían familias enteras y no había calle que no sufriera los efectos del mal. A veces se quedaban las casas cerradas con sus dueños muertos dentro o algún niño sollozando al lado de los cadáveres.
Había barreños de agua con trapos para ponerlos en la frente del paciente y bajarle la temperatura. Las bubas se tapaban con vendas y no se tocaban. La enfermedad se presentaba como una gripe y el pobre que la pillaba pasaba muchos intervalos de tiempo alucinando o dormitando...
Claudia Ballester Grifo.
NIEVE.

Te pones el vestido blanco
que tanto me gusta.
Te calzas las cadenas
que facilitan tu danza
por la vida.
Te cubres con el manto
 de plumón que te dá
confort en el juego
del día.
Te enfundas los guantes
para que no tiemble
el pulso en el manejo
por las callejuelas ateridas.

Vienes con encanto,
zalamera.
Sonriendo en su sorpresa
y empeño.
Paralizando la respiración
en el cristal de su hielo.
Bostezando en el despertar
de un letargo estacional,
que nos ha pillado
en puro cuero.

Vienes, chica joven y
lozana.
Blanda y blanca, de luz
acumulada.
De la mano del invierno,
que te invita a una cazalla.
Con la alegría de lo nuevo
y efímero,
abrazas la osadía de la
aventura,
para deshacerte
con el primer sol
de la mañana.

Dulce joven,
llena de dicha,
doncella bien amada.
Blanca postal de mi mirada.
Sueño tangible del
bien de mi alma.
Claudia Ballester Grifo

lunes, 20 de enero de 2020

EL CONDE PAT
                (Continuación 37)
LA MUJER MISTERIOSA.
El punto de reunión era en la borda de proa. Vieron llegar a sus amigos ondeando sus negras capas. Magali ya sabía lo que ansiaban. Sí, conocía a la chica y Pat había permitido que la vieran también ellos. Podían hacer algo por ella. Bajaron a patrullar las calles y la encontraron subida a la Torre oteando el horizonte en la fría noche. Los lobos y las rabosas subieron con ella aullando a la luna. Magali y Pat miraron a Armand. Armand vivió la Primera Guerra Mundial viajando entre Francia e Italia. Conoció el hambre y la desolación y la fuerza de las mujeres ante la ausencia de los hombres. Ellas trabajaban en las fábricas de armamento. Cuidaban a los heridos en los hospitales. Se ocupaban de mantener al ejercito lo mejor alimentado posible. Cuidaban de sus hijos…
Armand conoció a la mujer en un hospital del frente. Era enfermera y se ocupaba de la salud de los combatientes y de los heridos en el campo de batalla. Se llamaba Rafaela y solía hablar de su novio poeta. Era muy buena y eficiente. Armand se encariñó con ella y fue a buscar al soldado al submarino en el que combatía. El chico se llamaba Mario y era muy querido por sus compañeros. Tenía en su litera una foto de Rafaela y hablaba con ella todas las noches. Un torpedo embistió la nave y le produjo un enorme agujero que acabó con todos los tripulantes. Armand nunca volvió para contarle a Rafaela lo que había pasado. No se atrevió.
Armand llamó a Rafaela y ella se quedó muda al verlo. Subió para abrazarla. ¡Cuánto tiempo sin verse! Francisco no entendía nada. Armand era un vampiro, por lo tanto, vivía eternamente o medio vivía, según como se mirase. Rafaela no era un vampiro. No tenía esa brillante mirada ni enseñaba colmillos ningunos. Representaba 20 años y tenía 126, era imposible.
Armand le cogió las manos a su amiga y levantó las mangas del abrigo, destapando sus muñecas. Dos profundos cortes evidenciaban un suicidio. Rafaela murió en 1918, al ver que su novio no regresaría jamás.
La ayudaron a bajar de la Torre y se la llevaron a la soledad de unas rocas en la playa. Allí sentado se encontraba un joven con los pies mojados por el agua que lamia la arena. Iba vestido de soldado con un uniforme impecable y la gorra puesta pulcramente. Rafaela se acercó contenida y le puso la mano en el hombro. Él giró su cara hacía ella y se hizo el silencio más intenso. Mario se levantó fundiéndose los dos en un apasionado beso. Los chicos se miraban emocionados. Las almas enamoradas se habían encontrado, al fin. Pat había llamado a Mario y él había respondido viniendo para llevarse a su amor con él. Se cogieron de la mano y juntos se fueron internándose en la oscuridad del mar. Rafaela se giró para decirles adiós y su sonrisa iluminó la cara pareciendo más viva que nunca.
El grupo volvió al barco desolados. Los vampiros, también...
Claudia Ballester Grifo.
EL CONDE PAT
                     (Continuación 36)
Eligieron comida española, ya la echaban de menos. Tortilla de patata con un sentido de cebolla y pan con tomate y buen aceite de oliva. Esa cena les quitó el cansancio de un plumazo. Esperaban con impaciencia la aparición de sus amigos vampiros en la cubierta.
 SAVONA.
El barco entró en el puerto de Savona muy temprano. Lo primero que vieron los chicos cuando se levantaron fue una Torre que les daba la bienvenida. La Torre León Pancaldo cuya historia es patrimonio de la ciudad. Se trata de una torre del S. XIV. El nombre es en honor al acompañante de Magallanes en la epopeya. La parte antigua de la ciudad te recibe nada más bajas del barco. Su máximo esplendor fue en el S.XV, en el que se ganó el sobrenombre de Ciudad de los Papas. De una familia muy importante de la ciudad salieron dos papas, Sixto IV y un nieto suyo, Julio II. La Capilla Sixtina fue promovida por el primero; y   Julio II fue el mecenas de Miguel Ángel y Rafael.
Bajaron del barco después de desayunar. Tenían muchas ganas de estirar las piernas, así que dieron una vuelta por la ciudad. Génova se encontraba a 45 km y era una ciudad más importante, pero necesitaban un poco de tranquilidad y de disfrutar de la paz de una ciudad pequeña.
Se sentían muy extraños porque después de visitar la torre, una silueta de mujer les seguía los pasos. Llegaron al centro de la ciudad, en la Plaza Mameli. Se hicieron fotos en el monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial. La mujer, angustiada, salió en la foto. Miraron todos sin encontrar rastro de ella. Se sentaron en un local a tomar unos taquitos de queso y pan de pizza. A la mujer, la habían visto todos. Vestía a la moda de 1914. Llevaba el pelo recogido y un vestido ceñido que le llegaba por debajo de la rodilla. Medias de cristal y zapatos de salón con un tacón de aguja. Se protegía del frio con un abrigo negro de pañete.
Era una morena de piel clara y sedosa. ¿Por qué los seguiría? y ¿Por qué desaparecía?
Dieron una vuelta por el barrio moderno situado en la zona turística del pueblo y decidieron visitar el Santuario Nostra Signora della Misericordia. Cogieron un autobús, ya que estaba a 6 km del centro de Savona. Se trata de una iglesia y edificios circundantes construidos en el sitio que conmemora la aparición de la Virgen María al pastor. Se inauguró en 1536. Rondaban por allí, un poco sobrecogidos por el estilo arquitectónico cuando sentada en un banco de la iglesia volvieron a ver a la mujer.  Esta vez se acercaron las chicas, primero. La oyeron sollozar y parecía ajena a todo lo que la rodeaba. Le pidieron que las acompañara para sentarse en un banco de los alrededores. Les dijo que lloraba porque esperaba a su novio y no acudía a la cita. Su novio era un joven muy apuesto. Era poeta y la tenía ganada con esas palabras tan bonitas que le regalaba. Iban a casarse cuando estalló la guerra y él tuvo que alistarse al llamamiento de la patria. Le despidió cuando embarcó en el submarino. Lo vio partir y le prometió que volvería para casarse con ella. Subía todos los días a la Torre para verlo llegar, pero nunca sucedía el ansiado encuentro. Aitor se quedó mirando al grupo. Las caras que hacían sí que era un poema. No sabían qué decir. Aquello no tenía sentido. Esa mujer debía tener algún problema mental. Vagaba sola por toda la ciudad. Le preguntaron si tenía familia, pero solo suspiró. La invitaron a cenar con ellos en el barco y la ayudaron a levantarse. Debían coger el bus que les llevaba directitos al muelle. Iban atentos a las paradas cuando vieron la suya y apretaron el botón de bajada. Ahí estaba su barco. Ya lo sentían como su hogar. Ahí estaba el barco, ahí estaban ellos, pero la misteriosa mujer, no. Se quedaron mirándose sin saber qué decir. Mejor se aseaban para ir al comedor...
Claudia Ballester Grifo.

domingo, 19 de enero de 2020

LLUEVE

Llueve y se desmorona el
frío por la pared de mis sentidos.
Flaquean las ramas  de
los árboles y comban su figura,
arrastrando el ulular del
viento,cenizas pegadas
en el recuerdo cálido
de mi memoria.

Salpican aguas cantarinas,
fantasmas del pasado
que se disfrazan de ilusión
y fantasía.
Se respira gas que adormece
la mente,
paraliza el dolor,
posterga el duelo,
la rabia y la malicia.

Ni hoy, ni mañana lucirá
el sol su sonrisa.
El astro rey permanece
en cama, curándose
de la mentira.
Es la enfermedad, en su cura,
dichosa vacuna que
inmuniza.

No hay verdad absoluta,
pero se pueden reforzar
las ganas de actuar
con gallardía.
La voluntad es la
consigna.
El tiempo es la llave,
la esperanza,
su cerradura.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT
(Continuación 35)
La gente estaba en sus comedores ajena al suceso histórico que se había vivido. Lidia se fue a la habitación para guardar la muñeca.
Los chicos querían visitar el Museo del Castello di San Giorgio, Museo Cívico Archeologico Formentini. Las vistas debían ser bonitas porque se encontraba en el Castillo de San Giorgio, en las alturas de la ciudad. Allí podrían encontrar hallazgos de la zona a partir de la prehistoria hasta la Edad Media. No hay nada mejor para conocer una ciudad que descubrir sus museos. Y la nostalgia les apretó el ánimo cuando vieron los ornamentos que utilizaban los Neandertales. Pudieron identificar perfectamente el collar que llevaba el jefe Neandertal cuando los recibió.
La ciudad era preciosa y dieron un paseo por sus calles. Sus calles serpentinas, los edificios antiguos y la arquitectura intacta durante siglos te sumergía en otra época, pero con la gente actual.
Comieron en un restaurante del muelle, justo frente a los jardines públicos porque por la tarde tenían billete para entrar en el Museo Naval y les pillaba más cerca. La cola era tremenda y se armaron de paciencia porque les habían dicho que valía la pena, aunque el local no lo pareciera. La comida era casera y el precio asequible. Se pusieron morados de mejillones. Pidieron testaroli que es un plato de pasta con salsa de pesto, espárragos, gambas y calabacín. El gambetto no tenía desperdicio. Se trataba de pierna de cerdo. Probaron También el conejo frito y el pollo a la cacciatora. De postre, chocolate, Orgia de chocolate, genial.
Por la tarde estuvieron viendo replicas de barcos de todo tipo, mucho material allí metido. Les llamó la atención el mini submarino y el torpedo humano.
Las exposiciones estaban repartidas en dos plantas. Las tallas son increíbles. La figura de Atlanta sedujo a Lidia y a Mélani. Representaba a una hermosa mujer. La leyenda cuenta que esta misteriosa mujer tiene un poder especial para seducir a los hombres y llevarlos hasta la muerte.
A Claudia le encantó una ametralladora confiscada a los bóxers chinos en 1901.
Aitor planteó acabar la tarde paseando por la viale Mazzini, cerca de donde tenían atracado el barco. Le habían encantado los colores cálidos de las fachadas y la cantidad de palmeras que invitaban a pasear por allí. Sabía que esa noche había luna llena y las cosas se iban a complicar. Debían buscar un lugar tranquilo. Tal vez esa noche podrían volar con los vampiros a Cinque Terre. Se trataba de una extensa área que abarca 5 pueblos: Vernazza, Corniglia; Monterosso al Maare, Riomaggiore y Manarola. Vieron una foto con unas preciosas casas de colores al borde de un acantilado. Podían pasear por sus calles y hacer senderismo. Sería ideal después de pasar tanto tiempo en el barco.
Se quedaron a cenar en el paseo. Esta vez se inclinaron por pizzas y centro de embutidos de la zona y queso. Al anochecer subieron al barco y no salieron de su habitación hasta pasada la medianoche. Con el encantamiento de invisibilidad viajaron a Vernazza. Visitaron la muralla que protegía la ciudad de los piratas y subieron a lo alto del mirador para alucinar con las vistas. Claudia y Aitor aullaron a la luna. Laia, convertida en una zorrita se acercaba a Alba, su hermana gemela en el tiempo y disfrutaban del viento frio que mantenía a los turistas en estancias cálidas.
Recorrieron las ruinas del Castillo de Corniglia. El mundo de la noche no tiene nada que ver con el bullicio del día. Desde la terraza de Santa María, 90 metros sobre el nivel del mar parecía que fueras a tocar las estrellas alzando las manos. El olor a mar y a albahaca, los riscos con sus viñedos y sus olivos, el colorido de las casas y el choque del mar sobre las rocas representaba para los chicos la esencia de Italia. David se imaginaba llegando a los barcos turcos. Desde las fortificaciones los soldados se prepararían para el combate. Los aldeanos corriendo hacia el castillo y en medio de la confusión de la noche miedo, fuego y frio. Las madres delante, arrastrando a sus hijos. Los padres detrás defendiendo a la familia en su ascenso. Los piratas cogían esclavos y violaban a las mujeres. Representaban el demonio que venía por el mar. Annette le miraba subyugada por su recreación. Si hubiera vivido en la Edad Media le hubiera encantado estar casada con David y disfrutar de esa naturaleza con sus hijos. Correr por los senderos boscosos y disfrutar de la luz del sol cuando incidía sobre el mar presentando diversos colores.
Las típicas casas –torre de Riomaggiore que solían construirse en la Edad Media, encaramadas sobre la montaña, pintadas de color rosa, ocre, arena o aceituna, invitaban a deleitar la vista y caminar por sus empinadas calles. La vista de los vampiros daba luz a los ojos de los demás, sintiéndose todos poderosos. Formando parte de la naturaleza y compartiendo sus secretos. Corrieron, volaron y disfrutaron acabando en la Torre inclinada de Pisa. No se la podían perder. Cuando ya amanecía se refugiaron en el barco y todo el mundo se fue a descansar. Los lobos y Laia recuperaron su forma humana. Francisco; el cuñado de Annette, alucinaba.
El barco seguía su rumbo a Savona.
Magali dormía inquieta. Una fuerza intensa intentaba establecer contacto con ella. Desde una torre una hermosa mujer miraba el mar y parecía querer enviarle un mensaje. Intentaba establecer contacto, pero la imagen se desvanecía para volver a aparecer. Esos ojos mostraban una tristeza infinita. Las lenguas de su cabello refulgían con el brillo del azabache, flotando en el viento. ¿Qué querría aquella mujer? Y ¿quién era?...
Claudia Ballester Grifo.
EL CONDE PAT.
                        (Continuación 34)
David miraba extasiado el cielo con Annette. eran muy jóvenes y comenzaban su recorrido juntos. Estaban aprendiendo el uno con el otro lo que era compartir un interés común. Ese primer beso, tímido, expectante, disfrutando del cálido abrazo del cariño iba a fomentar en ellos una comunicación y una unión, que pase lo que pase y, hasta en el hipotético caso de romper la relación, queda en la memoria para siempre. Llenos de ilusión soñaban juntos.
Esta vez, sí. Clareaba el día y se fueron todos a dormir.
                EL ÉXODO
Los chicos se levantaron por la mañana con algo inaudito. Encontraron a su lado un barco muy gastado, parecía rescatado de la chatarra propiedad de los Estados Unidos. Lo habían comprado una organización militar judía clandestina para recoger a los judíos que intentaban emigrar ilegalmente a Palestina. Los pasajeros eran personas desplazadas o sobrevivientes del holocausto. Pudieron ver a hombres, mujeres y niños con una mirada triste y un cuerpo que arrastraba muchas penurias. Les llamó la atención su ropa, aquello no cuadraba. Mélani observaba los alrededores y encontraba un traslado en el tiempo. Seguro que Pat les había preparado una sorpresa. Solo ellos estaban en la cubierta. Decidieron bajar para orientarse un poco mejor.
Habían llegado a La Spezia, pero estaban en el año 1947. Ya entendían esa ropa y esos cortes de pelo. Era un mensaje que les dejaba Pat. Quería que aprendieran algo. Iban a poner la máxima atención.
Este barco tenía como misión ubicar a esta gente que se había quedado sin nada. Atrajo toda la atención mundial porque llegó a las aguas territoriales de Palestina y buques destructores británicos lo rodearon. Un tripulante y dos pasajeros judíos fueron asesinados. Docenas sufrieron heridas de bala y otras lesiones.
Con miras de dar ejemplo con el ¨Éxodo 1947¨, los británicos transfirieron a los pasajeros a tres navíos de la armada que regresaba a Europa. Francia rehusó utilizar la fuerza para hacer bajar a los refugiados del barco. Los británicos temiendo la opinión pública esperaron hasta que desembarcaran voluntariamente. Cuando los pasajeros ejercieron presión con una huelga de hambre, incluidos muchos niños huérfanos, los británicos se vieron forzados a llevarlos de regreso a Hamburgo en la zona de Alemania ocupada por los británicos. En medio de la indignación pública mundial, las autoridades británicas obligaron a los pasajeros a desembarcar, luego los trasladaron a campos de refugiados en Alemania.
Mélani y Daniel eran los mayores y conocían este caso. Verlo ahora y poder estar en ese momento del conflicto candente era flipante. Les hubiera gustado subir al barco para hablar con la gente, pero tal vez no fuera la mejor idea. No podían interferir en los sucesos históricos. Al fin y al cabo, este sufrimiento sirvió para el reconocimiento de un estado judío en 1948.
Una niña de cabellos rubios y rizados con unos ojazos de azul intenso que rompían el cuerpo a trozos, levantó una roída muñeca de trapo. Al iniciar maniobra de salida el barco le cayó la muñeca en el muelle y se quedó mirando a Lidia. Corrió Lidia a por ella y con gesto contraído y lágrimas en los ojos le dijo que la buscaría para devolvérsela. Se comunicaron en inglés y la niña la entendió perfectamente.
El barco zarpó hacia su destino y los niños subieron al Costa Diamante para tomar su desayuno...
Claudia Ballester Grifo.

sábado, 18 de enero de 2020

INVIERNO.
Espolea el frío las gotas
de hielo en mi rubor.
Cabalgan las ganas,
tirando de las cadenas
que chirrían en el óxido
del invierno más crudo.
Se levanta la ventisca
de un panorama pesaroso,
lento y remolón.

Suenan las gaitas,
llevando al ritmo de las
penas una canción.
Tiran las notas de
la fuerza,
pintan la ilusión.
Amanece el verde,
el panorama de la expansión.

Se huelen la flores,
fragancia en mi corazón.
Se respira la primavera,
al girar la esquina,
tropezando con el sol.
Se doran mis huesos,
blancos y fríos, pero
en proyección.

Cierro los ojos,
siento calor,
un asiento mullido,
un hogar colorido,
una ventana que llora
el vaho porque fuera
queda el miedo y la
desesperación.
Claudia Ballester Grifo
QUERERSE.

Y, ¿qué significa valorarse a uno mismo?
¿Qué es quererse?

Yo puedo hablar de mi experiencia personal. Lo que me hace feliz y valorarme positivamente.
Me ocupo de mí cuando controlo que todo a mi alrededor funciona.
Me ocupo de mí, cuando veo que mi familia está bien. Ellos son mi tesoro, lo que más quiero, mi prioridad.
No me desatiendo por atenderlos. Su sufrimiento no me deja vivir. Mi sufrimiento es normal para mí.
Nos movemos en una sociedad con el culto al cuerpo, pero mal entendido. La egolatría, el derecho a las vacaciones y a desconectar.
Nos movemos en un sendero de materialismo superfluo. Chapado en oro que pinta las caras y asfixia las vías de respiración.
Nadamos en un mar de sarcasmo, idolatría y manipulación.  Individualismo es la lacra que pervierte nuestro corazón.
Me quiero porque he mamado el amor. Lo conozco de cerca y lo albergo en mi ser,sin medida y condición.
No necesito equilibrio en mi vida porque sé ceñir el cinturón. Aprovechar lo bueno de lo malo y aprender a vivir con mi esfuerzo y resolución.
No necesito que se den las condiciones para vivir con satisfacción. Lo importante es hacer de la vida un amante de excepción. Cogerte a las ganas y subir a tus ansias a todos los que quieran luz y calor.
Yo me quiero, lo sabe Dios. Yo me quiero porque miro a mis hijas y se me sale el amor. Abrazo a mi marido y noto su calor. Miro a mi madre y, por primera vez, noto su admiración.
Claudia Ballester Grifo
El pasado vuelve.
Unas veces se vomita
y otras se recicla.
Siempre, siempre se recuerda
y sientes como se
aprietan las piernas,
el estómago y,
tal vez, el corazón.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT
                    (Continuación 33)
El grupo también decidió irse. En el pasillo se encontraron con Pat y los demás. Sabían lo que pasaba y habían vuelto para crear un micro clima de calma. El barco levó anclas y reemprendió su marcha. Se dirigían a La Spezia.
LA SPEZIA.
Esta ciudad de la región de Liguria, en el norte de Italia y capital de la Provincia del mismo nombre, se encuentra en el golfo de La Spezia conocido también como Golfo dei Poeti. La ciudad se encuentra entre colinas y el mar. Fue residencia de importantes poetas como Percy Bysshe Shelley y George Byron.
La ciudad consiguió importancia con la República de Génova y luego con la llegada de Napoleón que en 1808 nombró a la ciudad puerto militar.
En el S XIX la ciudad explota su colocación geográfica y su clima para volverse un importante destino turístico y hasta la familia real italiana de los Savoia (Casa de Saboya) a menudo pasa sus vacaciones veraniegas en el Golfo dei Poeti.
En la segunda mitad del SXIX se consigue el título de capital militar y se crea el arsenal militar. Este proyecto necesitó mucha mano de obra y una fuerte inmigración generó un importante mestizaje.
En el S. XX la Segunda Guerra Mundial provocó muchos bombardeos ya que en el arsenal militar la Marina Italiana tenía el cuartel general de unos cuerpos especiales de submarinos.
La ciudad de La Spezia además es conocida en Israel con el nombre de Puerta de Sion, ya que desde aquí zarparon los barcos de los judíos que regresaban a Palestina tras sobrevivir al Holocausto.
Era de noche y los chicos estaban muy excitados. Decidieron subir a cubierta. Estaban seguros de que sus amigos vampiros estaban allí. Armand se acercó a Mélani. En silencio miraban el reflejo de la luna en el mar. Estaba casi llena con lo que Laia y Claudia notaban sus efectos y se mostraban más sensibles y cambiantes. Las olas alcanzaban un tamaño considerable para no aconsejar estar en la borda, pero Pat controlaba esto y el frio. El barco bailaba al ritmo del mar con la gracia de una bailarina de puntillas.
Francisco, el cuñado de Annette subió al grupo una camarera con chocolate y churros. La juventud se presentaba siempre hambrienta. Había recibido un mensaje de su novia, lo echaba de menos. Annette sonreía porque conocía a su hermana. No iba a hacer falta ni hablar con ella. Con las cosas del corazón nadie se podía meter. Lo importante era el amor y como pareja lo que se permitieran hacer. Solo ellos tenían la llave de su relación. Desde luego a Francisco esa bocanada de aire le había sentado de maravilla. Sus ojos habían recuperado el brillo. Pat lo miraba con cariño. Podía estar muerto, perdido en el fondo del Mediterráneo como, tristemente tanta gente. Uno más de los buscados con el gran despliegue que conlleva para recuperar cuerpos. A veces, solo con esperar un segundo tienes una segunda opción. Es buena idea esperar ese segundo todo el tiempo que haga falta. Estaba claro que Francisco iba a pasar el resto de la noche hablando con su novia. Se tomó el chocolate y los dejó...
Claudia Balllester Grifo.

viernes, 17 de enero de 2020

EL DUENDE.

Precioso amor que supera
las barreras del infinito.
Bellas arrugas del tiempo
que embalsan el mismo lago
donde se bañan dos corazones
que siempre viajan juntos.

Conocí tu apostura y tu mirada
reclamando mi cintura.
Incidiendo en el espejo,
el reflejo de tu deseo en
el halo de mi figura.
Absorbiendo el rojo
de mi vestido como si
te fuera la vida.

Sonrisa franca, abierta
y distendida.
Soltaste el duende para
escribir este amor que
perdura.
Me cogí a su mano,
oyendo el cascabel de
su alegría.

Cruzamos el océano de
una historia,
la emoción de nuestra dicha.
Seguimos respirando
el oxígeno de un amor
que perdura.
Ese amor que es luz,
esperanza y vida.
Claudia Ballester Grifo.