SUFRIENDO.
Apretando los dientes,
buscando la postura
más adecuada.
Duele la rabia de que
una parte tuya se muera
y no puedes hacer nada.
Se reduce la redondez
de la turgencia del dedo.
Se adelgaza la lozanía,
se enquilosa la articulación,
se reseca y cuartea la piel
adquiriendo el mortal color
negro.
Mueves la pierna,
bamboleas el pie del calor
primero, del frío también.
Relajas el ánimo,
pero qué difícil centrar
las ideas y acomodarlas
después.
Visualizas el rojo y bombardeas
tuberías de vida y canales
de ilusión.
Aguas bravías y tumultuosas
que llenen de siembra
el campo y la huerta,
de luz y color.
Claudia Ballester Grifo

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