EL CONDE PAT
Pat, el pato vampiro debía su condición de chupa sangre al inmortal que bebió de la sangre de su madre. La bonita pata fue asaltada postrada sobre su nido. Un lobo, de forma peculiar, se abalanzó sobre ella y se la llevó presa entre sus fauces. En el nido quedó un huevo abandonado a su suerte.
La bruma cernió la tarde restringiendo toda visibilidad. El silencio opresivo del cobertizo asfixiaba el ánimo de las arañas. Los insectos, escondidos bajo la paja, asomaban sus cuerpecitos endebles para observar la calma tras el desastre pasado. La puerta aún se balanceaba sacudida por el impacto del lobo en su salida precipitada. Los goznes chirriaban en un sonsonete inquietante.
El huevo agrietó su costra calcificada. A duras penas se abrió paso el patito, fuerte por la yema consumida en su interior. Su mamá no se encontraba animando su salida. Sus ojitos miraron la puerta abierta, el horizonte se desplegaba ante él. Valiente y decidido encaminó sus pasos a la aventura. En la noche descubrió un impulso irresistible, sentía sed y el agua no le saciaba. Le llamó la atención una lombriz de vistosos colores y prendiéndola con su pico absorbió todo su jugo. Cayó el tejido seco y estrujado en la hierba, Pat, relamiéndose notó dos dientes puntiagudos en la parte superior interna de su pico. Por allí succionaba la sangre de sus víctimas y descubrió que le gustaba. No sentía sueño y disfrutaba del ambiente nocturno. Admiró las estrellas del cielo acompañando a un esférico perfecto, la luna. Los árboles balanceaban sus ramas al capricho del viento y las criaturas de la noche rendían pleitesía al pequeño Pat. Se sentía importante entre las alimañas, en condiciones normales representaría una presa fácil, sin embargo, le respetaban.
Se le acercó un lobo blanco de espantosos colmillos. El patito no conocía sus intenciones, pero algo en el actuar de la bestia tranquilizaba su ánimo. Unos ojos negros, centelleantes se posaron sobre Pat, la voz del desconocido sonó grave y misteriosa, le advertía de los peligros del sol. Formando un círculo alrededor de nuestro amiguito, le asesoró en varios aspectos de su vida. Le instó a dormir por el día protegido de la luz solar, la cual quemaría su cuerpo, si los rayos del astro lamían la piel. Por la noche cazaría sus presas para absorber la sangre, ésta constituiría su única fuente de alimentación. El círculo se estrechaba y la fiera susurraba detalles que se escapaban a la comprensión del pequeño...

No hay comentarios:
Publicar un comentario