LUZ Y SOMBRA.
La luz se abre en un campo verde. Se mezclan los dorados del otoño, el invierno ya se siente.
Las mimosas en el campo de algodón cosquillean el autismo del que se mantiene indiferente. El estornudo alérgico aparta al que entiende, pero no conecta en un espacio de vídeo juegos y sociedad decadente. Un mundo de sordos y ciegos, mudos y tetrapléjicos de alma y pies.
La noche canta a capela. Las luciérnagas arrugaron sus alas con los primeros fríos y su bioluminiscencia se llevó el secreto de la captación de oxígeno para alumbrar la próxima primavera. Se bajó el telón de la comunicación con destellos, rubor de otro proceder y entender.
Sobrevuela el manto de clarividencia. El tul que transparenta las vivencias conocidas y los obstáculos que nos presenta la vida con mirada ingenua y tierna. Alargamos una mano amiga, una vara fuerte en un campo de ciénaga.
Apretamos la mandíbula, tensamos los músculos y sacamos del infortunio al que no vio agua en tierra.
Mas nunca saldrá el que se tiró al ruedo en venda. No confia en el amor, no ve luz tras la tiniebla. Se ahogará invirtiendo sus fuerzas en la dirección del vector que erra. Se aplacará su grito en barro y dibujará su destino un campo de burbujas con los ojos ya cerrados. Se lo tragará el lodo, no todos pelean por ser salvados.
Claudia Ballester Grifo

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