CONDE PAT.
(Continuación 12)
TORRE EIFFEL.
-Mélani no corras tanto. ¿De quién ha sido la idea de subir la Torre por las escaleras? - Lidia, rezongaba sin que nadie le hiciera caso. Claudia y Laia llevaban la delantera. ¡Dios mío! 300 m de torre. Estructura de hierro pudelado diseñada por los ingenieros Maurice Koechlin y Émile Nouguier, dotada de su aspecto definitivo por el arquitecto Stephen Sauvestre y construida por el ingeniero francés Alexandre Gustave Eiffel y sus colaboradores para la Exposición Universal de 1889.
Desde su altura se podía observar el Campo de Marte y el rio Sena. Su atractivo turístico es incuestionable. Hoy en día se utiliza como emisora de programas radiofónicos y televisivos. La iluminación es espectacular. Desde lo más alto el dominio de las vistas era total. En un plis desaparecieron muertos de la risa ante la sorpresa de los pocos que se llegaron a percatar. Tenían un pasaje para cenar en el bateaux-mouches, un barco con una parte descubierta, cómodo y seguro para ver París desde una perspectiva única.
Mientras los vampiros se fueron a dar una vuelta por los márgenes del rio, los niños se pusieron las botas alrededor de una mesa expuesta con sumo gusto. El mantel blanco refulgía con la delicada luz de los farolillos. Gente de todas las razas y los idiomas se esforzaban por hacerse entender, entre sus acompañantes de mesa. Mesas largas, conciliadoras y dando una oportunidad para compartir y conocerse. Al lado de Daniel se sentó una pareja de alemanes con los que pudo practicar el idioma materno. Mélani tuvo la suerte de conocer a unos amigos italianos que le recordaron su última estancia en Italia. Súper simpáticos, estuvieron bromeando con las chicas. Claudia, la más lanzada se los metió en el bolsillo con sus salidas. David se salió a observar el rio en su sereno discurrir. Se acercó una muchacha de su misma edad con ganas de entablar una conversación. Después de cenar buscaban un poco de aire fresco. La quinceañera se llamaba Annette, era francesa y le gustaba mucho España porque su abuela era de Sevilla. Conservaba toda la gracia de la tierra andaluza. David sintió que su corazón latía con una sintonía desconocida. Los ojos de la muchacha tenían el color del Danubio. Las fresas de sus labios invitaban al beso y el chico quería inmortalizar ese momento para siempre. Visualizó la imagen de Pat y comprendió que su amigo tomaba nota de lo que pasaba. La música empezó a sonar en el comedor y se unieron todos al baile...
Claudia Ballester Grifo.

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