CONDE PAT.
(Continuación 9)
Matu y Morani iban a ser circuncidados para pasar la prueba de los hombres y guerreros menores. Estaban muy emocionados. Alrededor del fuego les contaban a los recién llegados que antiguamente pasaban la prueba de cazar a un león. Actualmente esta especie estaba protegida. Kioni, la madre de Matu, les pasó una calabaza de leche con sangre, era una medicina que utilizaba la tribu. Aquella que ve, era lo que significaba su nombre, tenía una sensibilidad especial. Los niños arrugaron la nariz, pero los vampiros estaban encantados.
El ¨laibón¨ se acercó impresionado por el magnetismo que desprendían los patos. Él era el intermediario entre los dioses y supo diferenciar algo especial en esas criaturas. Su cargo era hereditario y actuaba también como juez. Los hombres se reunieron para escenificar una danza de caza. Su vestimenta de vivos colores y dibujos geométricos se desplegaba al ritmo de sus saltos. El rojo destacaba con su nudo en los hombros. Las orejas lucían grandes dilataciones en la parte inferior del pabellón auricular. Hombres y mujeres lucían una estética similar.
Mélani vio cómo se aproximaban dos niñas de unos diez años, iban muy ornamentadas, no se las veía muy alegres a pesar del ambiente festivo. Le contaron a Mélani que estaban preparadas para la ablación, se llamaban Paka y Kenyatta, ¨Pintura y ¨Música¨ respectivamente. La anciana de la tribu se encargaba de mutilar sus labios mayores y menores y seccionaba el clítoris, de este modo se aseguraba su fidelidad al esposo, era la única manera de encontrar marido. Mélani se desmayó. Cuando despertó las niñas ya estaban, cada una en una choza individual, para pasar la cuarentena. No se pudo acercar a ellas, pero les prometió desde la distancia volver a visitarlas.
El tiempo se deslizó en embudo de botella. Había que regresar, aunque quedaba tanto por ver…
Los campos de hielo se reducían por las desforestaciones y el cambio climático. Los Masai necesitan prados de altitud para sus ganados. El equilibrio estaba amenazado.
Los niños amanecieron en su cama, querían más, necesitaban volver. Pat y Magali sonreían desde la bodega del sótano.
Noche cerrada Y Mélani azuzando a Daniel. algo pasa, son las 12 de la noche y Pat no aparece. Bajemos al sótano, a ver qué ocurre.
Los sarcófagos vacíos y en la tapa una nota, ¨venimos enseguida¨. Los niños regresaron desolados a su habitación. David se reunió con ellos. Llevaba su conejito blandito de orejas largas, Oreo. tras la ventana aparecieron los rostros amigos. la mirada de los vampiros iluminaba la habitación. venían de comer y estaban dispuestos para sus amigos.
Descendieron sobre el parque del Serengueti. Un parque nacional de Tanzania que se creó en 1951. Era de noche y los depredadores andaban de caza. Reino de leones, leopardos, elefantes, rinocerontes y búfalos cafre.
Podíamos encontrar también hienas, guepardos, cebras, aves rapaces, ñus y otras muchas especies.
Shiva era la matriarca del grupo de leones, dirigía la caza y se centró en un grupo de ñus y cebras que se habían reunido para reforzar su protección. tenían crías y se sentían más vulnerables. Con sigilo, movimientos muy lentos y tensando músculos, cada miembro de la manada de leones tomaba posiciones. las leonas encabezaban la operación. disponían de un macho que no siempre acompañaba las cacerías ya que él se mantenía ocupado protegiendo su territorio. Aslan tenía un hermano de camada que compartía su liderazgo. Ambos eran los padres de la manada y protegían a sus hembras y cachorros. Clarence, el hermano estaba patrullando la zona. Corría detrás de una rápida leopardo intentándola alejar de sus dominios ya que representaba un serio peligro para sus cachorros. Se odiaban a muerte. La noche se cobró un ñu que no podía correr porque tenía una pata rota. La familia se reunió para compartir el botín. Debían darse prisa antes de que se acercaran las hienas. Las carroñeras solían esperar su turno si el número de fuerzas era muy desigual.
Mélani disfrutaba con una cría de elefante. Pat había tranquilizado al clan familiar y habían aceptado a los niños como a unos más de la familia. Melvin se dejaba acariciar por los niños. Se acercaron con él al rio. Magali y Pat vigilaban la presencia de cocodrilos. Hacía calor y los niños se dieron un chapuzón en la orilla. La trompa de la cría les servía de manguera y la ducha era una pasada. Se lo estaban pasando genial, pero Mélani no podía dejar de pensar en sus amigas del Kilimanjaro...
Claudia Ballester Grifo

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