LA CUEVA.
La cueva escondida entre rocas resecas y macilentas de años y templanza de sol.
Nido de aves esporádicas en su transitar por las corrientes cálidas de las épocas de apareamiento.
Boca de arañas calculadoras de saco de tela y rápidas de movimiento.
Refugio de serpientes que con cola de señuelo atrapan a aves golosas que ven un insecto de seductoras formas y sabroso instinto.
Hoy toca inspección de cueva con ojos de investigación servidos, bata blanca para dar seriedad al asunto y un poco de firmeza al cuño.
Voz de mujer joven y amistosa. Dulce de forma, pero poco contenido y menos, tiempo de hacer amigos.
Pasa al cuarto de los horrores,para algunas, posición de potro y desnuda de cintura para abajo. Mirada al techo, pies en alto y en pompa el asunto a estudio.
Respira con intención y no aprietes el músculo que fastidia al torturador y te puede hacer tajo donde no hay corte alguno. Relaja, relaja...
- Pero para, ¡ por Dios!
Sin parar ni nada que la vela ya se apagó. Frustración y enfado porque para una visita al año y sin resultado en la exploración. Lubricante a punta pala y dentro de un año ya sabrá Dios. Él seguro que lo sabe porque lo que es yo, entré y salí por la misma puerta y con dolor.
La cueva reseca de poca agua y sazón. Ya solo queda algún murciélago que se sustenta de la oscuridad y el calor. Ni presas ni depredador, ya perdida en el tiempo, pequeñita, sin apenas boca por la que gritar un quejido o afirmar su posición. Ella, que fue cueva subterránea de aguas cálidas, llena de vida y amor. Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario