EL CONDE PAT
(Continuación 2)
Un halo misterioso cubría el bosque. El pato con su vista de larga distancia llegó a distinguir una silueta envuelta en tules que se dirigía hacia él. Una preciosa pata de larga melena rubia le llamaba por su nombre. No parecía una figura real, andaba como flotando y se deslizaba con suma rapidez. Sus enormes ojos azules esclavizaron a nuestro protagonista y cayó rendido a sus pies. Se trataba de una hermana del festín de la sangre, mucho más veterana que Pat por lo que sus poderes se mostraban superiores. Compartieron la sangre de un pobre conejo que se cruzó desorientado en su camino, de esta forma unieron sus caminos para siempre.
A la salida del sol cada uno descansaba en su lugar de reposo. Tuvieron que despedirse de forma precipitada, el tiempo insolente pulverizó su compañía y juntando sus picos prometieron volver a encontrarse. Pat soñaba con la aparición de su compañera, ya no se sentía solo. El día cálido despertó la vida en el bosque y, en la casa, la familia emprendió sus labores. Mélani y Daniel seguían el sendero para llegar al colegio. Debían darse prisa porque ya se oía el timbre de entrada. David se quedaba en casa con mamá, su edad le permitía prescindir de las obligaciones. Papá se encontraba ya en el trabajo. David miró hacía la puerta abierta de la bodega, su amiguito no aparecía, no dijo nada, debía el secreto.
Una noche más acompañó a nuestro pato vampiro. Sus correrías cobraron interés con la presencia de su amiga. La linda pata se llamaba Magali y procedía de Guatemala. Llegó a Castellón en barco. Pasó inadvertida entre los pasajeros y procuró alimentarse sin cobrarse ninguna víctima, solo sorbía un poco de sangre mientras dormían sin llegar nunca a vaciarlos. Notó una voz desde Almazora que la llamaba. Intuía que un personaje igual que ella vagaba sólo en la noche y buscaba compañía. Las dos almas gemelas se encontraron y juntos encaminaron sus pasos a la ópera. La obra de Verdi, Aída, prometía. Su historia de amor egipcio ensalzaba sus emociones. La princesa egipcia enamorada de un esclavo se escapó con él. El ejercito del faraón, su padre, les dio caza y fueron condenados a morir por asfixia dentro de sus sarcófagos. El artista que creó las tumbas funerarias se apiadó de los amantes y comunicó las piedras para que pudieran unir sus manos en la agonía. Magali lloraba profusamente, Pat la abrazó tiernamente para procurarle consuelo. Salieron de la opera endulzados por la tragedia...
Claudia Ballester Grifo.

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