LA PUESTA.
Naciste diferente y mis ojos te veían grande y jugosa, hija mía. Muchas lunas soñando tus formas y tu carita. Te soñaba crecida y con tu mirada tierna envolviendo mis ganas de madre y esas ansias de repartir genética y mimos en nuestra morada recogida.
Meditaba globos de colores que nos elevaba por el turquesa y dibujaba contornos nuevos donde buscar familia. Aterrizábamos en lugares imposibles de patear sin medios ni ayuda. Formábamos piña y plaga por nuestra ruta establecida, reclutando campaña y acopio de soldados en el batallar de abrir sendero y buscar comida.
Vislumbraba en blanco y negro atardeceres de cereal y trigo verdeando y dorando puntos escogidos. Escuchaba en estéreo canciones melosas de encuentro y alivio. Sentía que con la maternidad mi vida de soledad se precipitaba al vacío.
Tuve mi puesta de ninfas en un rescoldo de plagícida. Mi Esmeralda querida, saliste impulsada por una corriente oportuna. Se arrugaron tus hermanas, deshidratadas y envenenadas por azar de la desdicha. Te alzaste tú,orgullosa medrando con los días. Juntamos nuestras antenas y besó el amor nuestra alegría. Bienvenida a la luz con tu color de paja y coñac de tiempo y retiro. Te quiero, hija mía.
Claudia Ballester Grifo

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