ESPEJISMO.
Las ninfas se bañaban en el agua cristalina del remanso del río. Hermanas de agua de cuerpos sedosos y céreas miradas. Cabellos del color de alga y líquen, estilizada figura, joven y fresca.
Risas en el bosque más frondoso. Tramo del río escondida su boca por una cascada de refulgente estruendo y brillante caída de agua.
Un ruiseñor anunció la llegada de un humano. Un jinete de corta melena de estrellas trenzada. Las ninfas murmuraron el nombre de Selene y esta apareció en un torbellino de agua. Se replegaron alzando las manos, desapareciendo en el fondo,dejando un espejo de remanso y a la bella Selene con el corazón alborozado.
Aitor recoge la brida de su caballo, le hace un nudo en la rama de un Llorón cercano. Se acuclilla en el margen del río y toma la mano de la ninfa amada.
Se conocen desde niños. Un accidente precipitó el encuentro y el corazón de ambos se quebró en dos pedazos que sólo encuentra alivio cuando sus almas se enfrentan.
Padre e hijo daban una vuelta por el río con una barcaza. Un impacto inesperado volteó la embarcación cayendo sus tripulantes al agua. El padre logró enderezar el bote mientras llamaba a gritos a Aitor. No lo veía y los segundos se alargaban.
Unas lianas arrastraban al niño muy al fondo, lejos de la luz y de la vida. Un enorme pez tiraba de su triunfo con músculos fuertes de serpiente y puntiagudos dientes de gigantesca morera. Una niña pequeña con cola de sirena se enfrentó al monstruo con una descarga de luz y grave pitido. Soltó la presa, arrastró al niño insuflando oxígeno de su boca. Mirada frente mirada, la nada... Su padre ve su cuerpo y lo sube a seco, el sueño es acallado.
Años después encontraría a su amada.
Aitor y Selene se besan con una pasión desbordada. Se encienden los focos, se identifica la mirada, aparece en el celeste amortiguado del dormir de la tarde la fragancia deseada.
Una imagen llena la pantalla
''Agua de vida'' de Pepito La Trata.

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