SIN PALABRAS.
El frío se cala muy adentro
verbalizando en lágrimas
los crudos días de enero.
Soplando en las yemas de
los dedos,
expeliendo vaho del calor
que abrigamos en el
cuerpo con el aroma
de la cama.
Andar enjuto y apretado,
contra las ráfagas
y los ojos entornados.
Un rictus hierático
de sonrisa congelada,
arrebol en las mejillas,
lustre de lana.
Entrando en la estancia,
se relaja la alarma.
El calor invita al don
de la palabra.
Dediquémonos a observar
y reflexionar y,
ya hablaremos con el buen
tiempo y la disposición
más adecuada.
Aprovechemos para abrazar
sin necesidad de las
palabras.
El frío nos cala.
Claudia Ballester Grifo

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