EN TRÁNSITO.
Mi marcha cansina hacia el mercado. Mi vida social enmarcada en el lienzo de los saludos tempranos, arropando la políamida y la viscosa el calor del alma.
Apoyada en el carro de la compra, disimulo el andar candencioso del que dedos del pie le faltan. Dolores varios del mal andar que despliegan una sonrisa de condescendencia cuando por más que rascas no hayas.
Siento en mi cogote un peso que me aplasta. Todos los dias en la misma esquina, alguien de pie, a través de su ventana.
Presiento una mirada que se clava. Una fuerza que aumenta mi carga y hace que me siente en el primer banco que mi vista alcanza. Menos mal que en mi camino hacia la plaza me regalan con asientos y facilitan el cansancio que me ahoga y atenaza.
Llego al mercado. Toñi la verdulera y frutera me brinda sus buenos días con sonrisa de aguacate, jugosa y fresca.
No hay mercancía que pagarse se pueda. Vinieron los del gobierno y tras expropiar a diestro y siniestro dejaron al pueblo con subsidio, pero sin género.
Me dirijo a Sara, carnicera y charcutera. Coleta que barre todas las miserias. Me observa con sus ojillos de habichuela...Mira Claudia hoy un hueso para caldo con hierbabuena. Si lo metes varias veces y lo secas en papel de cocina, te vale para tres días de sustancia buena.
El pan ni mirar que tengo de seco y lo puedo tostar.
Me voy a la farmacia por medicación precisa que de la otra hace tiempo que desapareció de la vista. Sí, mis inmunosupresores me aguardan mientras se abastezca al hospital. ¡ Menos Mal!
Camino de casa me vuelve el dolor de cabeza. No sé qué mal de ojo me persigue ni qué fuente de malestar me nubla la vista. Me siento en el sofá rendida mientras alguien sonríe desde una ventana. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Me posee una presencia extraña. Me habla desde lejos. Venezuela reseña el fantasma del recuerdo. España marcada en el mapa con puntal de hierro. La nueva víctima en papel de plata.
Claudia Ballester Grifo

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