POETA.
Como un fantasma
se siente el poeta
que se viste del calor
de su público.
Se alza ingrávido
sin cuerpo ni visión
en el camino.
Expande el sudario
de los siglos acumulados
en el alarido de su frío,
arrastrando las cadenas,
penando lo no dicho y,
a veces, lo repetido.
Ansiado escrito, legado
y verso con rubrica de centeno
y vino.
La tinta sobrevuela
lo real, lo vivido
y el onírico reflexionar
del amante de sus hojas y
sus dictados al espacio
y al lirio.
Ulular del viento,
paseando por el largo
pasillo.
Se disfraza la noche
con cara de niño
para dormir entre algodones
el versar del poeta
que no enmudece ni
con el salto al otro destino.
Claudia Ballester Grifo

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