MESA DE NAVIDAD.
Esta Navidad nos ha fallado la luz de los ojos.
La guía dormía en la cama un revuelo de líneas, un círculo concéntrico metiéndose en un agujero negro.
Inseguridad en un comienzo.
Reparto de tareas y, como en una orquesta, todos a un tiempo.
Está Navidad hemos salido reforzados y contentos.
Hemos comprobado que el cariño y empeño hace de la reunión algo mágico y bello.
Ha lucido el sol de puertas para adentro.
El rojo del mantel refulgia como rubí precioso. Las viandas en pasarela, dignas y estilosas. Buenas de probar y de poder acabar.
Tertúlia y risas de gente que se sabe querer. Alegría hermosa de conquistar su silla una y otra vez.
Juego de mesa con los dulces y los vasos sabiendo a cubitos y lo que pueda haber.
Hora tras hora que parecen minutos y se tira la noche rendida a nuestros pies.
Todo recogido con el mismo mimo que lo hemos desplegado.
Dejamos la casa con ese aroma de buen caldo y cariño. Con ese sentimiento irrefrenable de volver.
Es la casa de los padres, ese sitio de todos, ese aroma de niñez.
Es el nido de nuestros recuerdos. El palacio donde llevamos a nuestros niños, música de carrusel.
Esta Navidad ha sido como siempre un infinito placer. Compartir con la familia el calor de un amor que se magnífica con los años porque se alimenta con el buen proceder.
Claudia Ballester Grifo

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