EL CONDE PAT.
(Continuación 3)
No, no vio su reflejo en el espejo. Notó el aliento en su garganta y se hizo de noche. Convertido en un gran murciélago, dueño absoluto de la oscuridad la trasladó a un acantilado remoto, Surcaron el cielo desafiando a la naturaleza, la introdujo en una cueva de la tierra de nadie. Cuando Magali despertó del shock se encontró al monstruo durmiendo a su lado. El día besaba la cueva sin rozarla, más allá el acantilado. Nadie oía sus lamentos. Desorientada, sin reconocer nada de lo que la rodeaba se acogía a sus recuerdos para conservar la cordura.
El monstruo parecía dormido. Magali se percató de que no respiraba. Se trataba de un lobo negro con unas fauces impresionantes. Hecho un ovillo permanecía como sin vida, totalmente inerte. Ella no comprendía, no sabía qué hacia allí ni lo que le deparaba el destino. Sin comida ni bebida sus días estaban contados. Con la aparición de las estrellas el vampiro despertó de su descanso. El espacio en la cueva era reducido. Magali sudaba profusamente. Los colmillos se acercaban, el chupasangre requería su sangre y más aún, su compañía eterna. La mordió sin misericordia, una y otra vez hasta agotar su sangre. De esta manera el vínculo creado entre amo y víctima era irrompible. Para suerte de la hermosa pata el vampiro descuidó la prudencia y, aunque convirtió a su víctima en vampiro quedó algo de su ser intacto, con lo que la repulsa a su creador surgió inevitable.
Magali escapó de su torturador utilizando las artes del vampiro. Despertó un poco antes que el lobo y voló acompañada por la fuerza de las corrientes. Solo pensó en escapar de la cueva, no sabía dónde dirigirse, no entendía de su nueva existencia, menospreció los poderes de su especie, el lobo la encontró. El monstruo apareció temible. Magali optó por la servidumbre, acalló las iras del amo. Debía aprender a su lado para formarse a sí misma. Recorrió con él muchos bosques, en medio de enmarañada vegetación acechaban a sus víctimas. Aprendió a cazar y a orientarse en la noche. Descubrió sus rápidos movimientos y el sabor de la sangre. Se mostró permisiva con su compañero y le engañó. Cuando supo suficiente, escapó. Magali huiría siempre de su dueño. Sabía que no podía relajarse, él no le permitiría ninguna oportunidad alejada de su lado.
Pat abrazó a su amiga. Notaba el estremecimiento que produce el miedo, lo había notado en muchas víctimas. La aurora amenazaba con alcanzar sus sombras enlazadas. Cada uno se refugió en su escondite...
Claudia Ballester Grifo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario