viernes, 6 de diciembre de 2019

EL UNIVERSO MANDA.
La luz profundizaba sus ganas en el coral del océano.
Los peces payaso asentando su hogar en las anémonas.
Los tiburones silenciosos en su letargo abisal.
Langostas removiendo el fondo marino y mendigando comida al congrio en su voracidad.
Galeras en su migración huyendo de las  fuertes corrientes, en busca de remansos.
Tinta de calamar, cubriendo de noche la danza de lo que no interesa ver.
Morera escondida en su cueva, sorprendiendo al despistado, comida segura si no sabe ver.
Nada la tortuga aprovechando las corrientes. Busca tierra seca para depositar sus huevos.

Vuelan gavilanes y aguiluchos, agudizando su vista y marcando territorio.
Se oyen los búhos en su ulular, atenazados a la rama de su árbol. Los ojos enormes, faros de la noche.
Responden las golondrinas y los gorriones al baño de la aurora que alegra sus corazones. Se alzan los cantos y amanece el día con ruiseñores, parlantes loros y periquitos de todos los colores.

Cae una pluma haciendo cosquillas al  león que dormita en la sabana.
Las leonas cazando mientras él marca territorio y sueña.
Los ñu corren entre las cebras que, con el mareo de las rayas, igual un depredador se coloca y el zarpazo falla.
Esperan los cocodrilos, en el río disimulan ser piedra. Quietos y ladinos a ver quién abreva.
Las hienas no hacen amigos y van detrás de una guepardo joven que, de un salto,a la rama más alta pide cobijo.

En el poblado las mujeres bañan a sus niños. Ríe la inocencia, tiempo de mimos.
Los hombres guardan el rebaño y  buscan sustento que llevar al fuego y alimentar los ánimos.
Rueda la vida en los puntos que marca el mapa. Se llenan los países, se conforman los continentes. Desde el espacio se ve el azul como predominio de una vida llena.

Los coches en la calle, el estrés en la carretera. La vida laboral en un correr de agujas, un pulsar de tarjeta.
De corrido, familia y amigos, una vida entera. Polución de chimeneas, ahogo de fábricas de producción tenaz...
Aviso de ataque de plástico, marea negra, colapso de combustible, químicas, depredación abusiva, contaminación por todas las aceras.

La tierra bosteza. Se despereza de su letargo de millones de años y se da la vuelta.
Se salen los mares buscando nuevos lares que besar.
Se despasan la cremallera los volcanes sintiendo el calor de su lava. Abren el paso para que resbale por la ladera el fluido de sus entrañas. Mirando al alto escupen sus eructos de gases y flama. Sueltan rocas de altas miras que van tapando los agujeros que la culebrilla de la corteza resquebraja. Se abre el fondo, gran boca que aprovisiona y traga.
Una luz en el cielo, asola la mirada. Cae y cae a una velocidad de vértigo, el impacto, la nada.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración de Anna Navarro

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