EL BIERZO.
Azahara paseaba su despliegue y desparpajo por la plaza del pueblo. Un lugar perdido en la Comarca del Bierzo. El verano era cálido a las horas centrales del día pudiendo pasar al abrigo de la manta por la noche. Móvil en mano buscaba la dirección de su amiga virtual, Gloria.
Las amigas llevaban un tiempo conociéndose y se habían hecho inseparables. Azahara, más emprendedora, aprovechando unos días libres que había logrado juntar, dejó su uniforme de enfermera y se propuso conocer León y disfrutar de la compañía de Gloria.
Levantó la mano al reconocer a su amiga sentada en la cafeteria acordada. Piel con piel, la emoción las embargaba.
Se tomaron juntas un cortado y Gloria se la llevó a su casa para que descargara la maleta.
Gloria vivia sola. Se emancipó desde que empezó a trabajar de funcionaria en la seguridad social. Se había cogido unos días para coincidir con su amiga valenciana.
El pisito no tenía más de 72 m cuadrados, pero estaba distribuido con mucho gusto.
-Vamos, Azahara voy a enseñarte algo de este paraje tan precioso que nos rodea-
Las chicas corriendo ladera abajo. Al fondo, el desfiladero de un río invitaba a nadar. Sin pensarlo se liberaron de sus ropas y ya estaban chapoteando en sus frescas aguas cuando una sensación extraña llamó su atención. Una bruma se extendía rápidamente por el río.
Azahara miró interrogante a Gloria. ¿Qué podía ser aquello?
Salieron del agua desorientadas. Buscaron su ropa, pero no la encontraron. Dieron vueltas como unas locas, pero no acababan de reconocer el lugar.
Siguieron el sendero que creían que llevaba al pueblo. En ropa interior, avergonzadas y en shok. Asombradas miraron hacia arriba. En lo alto de la loma había un castillo...
Claudia Ballester Grifo

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