jueves, 12 de diciembre de 2019

GOLPE DE MORFEO.
Llegaba cansada de su turno de noches. Son Dureta era un hospital de pasillos kilométricos y ella era la única enfermera de turno. La auxiliar dormía en  la salita de descanso agena a los ingresos y al retraso de medicación.
Alicia salió al mediodía para dejar en orden el papeleo. Decidió darse un buen baño antes de tomar algo y lanzarse como loca a la cama.

Se preparó una bañera con sales de rosas y se acomodó escuchando ''El Patio'' de Pablo López.
El cálido ambiente la adormecía, pero no le importaba. Las cosas buenas se hacían de esperar y el proceso en camino era una gozada.
En el vaho del espejo se escribía una advertencia, '' NO TE DUERMAS''.
Alicia con los ojos cerrados no pensaba en nada.
Fue cayendo en un sopor dulzón que la transportó a una playa de arenas blancas y cálidas. Un sol espléndido le sonreía desde lo alto del día. No había nadie en toda la explanada.  El agua de un verde esmeralda, irreal y mágico la llamaba. Ella se dejó llevar en medio de un extasis, hipnotizada. Dejó su ropa a resguardo del agua y se adentró en su frescura de imágenes claras.

Mientras se deleitaba en su aventura solitaria, sintió una punzada en el abdomen que se traducía en un calambre hacia las piernas. El agua adquirió una tonalidad bermellón y una fuerza la empujó, escondiendo su cabeza de las miradas. La arrastró hacia donde la corriente se encogía en su ojo. Un escualo la devoraba.
En la bañera encontró su muerte, protagonista de su pesadilla.

Por la noche al llegar su compañera de piso la encontró en el baño. El agua de la bañera desbordaba por el pasillo.
En el puño cerrado de Alicia un colmillo de tiburón blanco. En su rictus reflejado en el espejo la '' O'' de sorpresa.
Claudia Ballester Grifo

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