EL CONDE PAT.
(Continuación 13)
Laia fue la primera en abrir los ojos. ¿Qué era aquello? Estaba todo blanco. Las ventanas, llenas de vaho dejaban vislumbrar la copiosa nevada que se había dado lugar desde primeras horas de la mañana. Despertó a todos, azuzándoles para que se dieran prisa. Bien abrigados salieron a hacer bolas de nieve con las que se linchaban con simpatía y malicia gradualmente. Entre risas y resbalones empezaron a notar calambres en el estómago, no habían desayunado. Al olor de los bollos recién horneados y de la leche con chocolate entraron a la cocina sin ser llamados.
Un lobo se acercó al patio aprovechando la ausencia del grupo. Conocía el lugar y conocía a la niña de sus sueños. Olisqueaba sus pisadas y fue sembrando de rosas rojas sus huellas. Aulló mirando la silueta de Claudia a través de la ventana. Sus miradas se cruzaron en un segundo que se congeló en el tiempo. Esos ojos, esa mirada amiga y afable, ese entendimiento… ese lobo. Claudia salió al patio sin decir nada, sus primos y Lidia, detrás. Se quedaron asombrados de ver el rojo sobre el blanco y unas huellas de lobo que se perdían entre los árboles. Claudia cogió una rosa y sonrió.
El grupo decidió seguir las huellas y perderse por los alrededores para investigar. El sol, pletórico, reflejaba sus rayos en la nieve mostrando su cara más cálida y amable. Los pájaros cantaban y alegraban el recorrido. Daniel hizo notar al grupo que las huellas de lobo desaparecían y se podían observar otras de pies humanos. Aquello era muy extraño. ¿Podía tratarse de un lobo domesticado? si era así ¿por qué desaparecían sus huellas? Siguieron el rastro hasta llegar al rio. Allí se perdían todas las pistas. El agua estaba muy fría, incluso cristalizaba en los márgenes de la orilla. El hombre y el lobo habían desaparecido. Los niños regresaron a casa pensativos...
Claudia Ballester Grifo.
martes, 31 de diciembre de 2019
2020.
El chupete caído,
juguete de silicona,
babita de niño,
fragancia de Nenuco,
balbuceo del que
mimetiza y empieza a
aprender.
El abuelo con su paso cansino,
melena cana y barba
de unos días y otros también.
Extiende su mano,
alcanza al niño,
su mirada de puro caramelo,
se derrite ante la ingenuidad
del que empieza con pasos
vacilantes a andar
a la par que él.
Se dan la mano
y mientras uno avanza,
el mayor le envia la
brisa que lo va a mantener.
Aires de sabiduría que
curten al niño deshojando
las hojas que van a
caer a sus pies.
Bienvenido sea el niño
que nos deslumbra
con ese capicua lleno
de presagios y de buena
intención.
Con los brazos abiertos
recibimos al 2020
y despedimos al buen
anciano magnánimo
y bonachón.
Claudia Ballester Grifo
FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO.
El chupete caído,
juguete de silicona,
babita de niño,
fragancia de Nenuco,
balbuceo del que
mimetiza y empieza a
aprender.
El abuelo con su paso cansino,
melena cana y barba
de unos días y otros también.
Extiende su mano,
alcanza al niño,
su mirada de puro caramelo,
se derrite ante la ingenuidad
del que empieza con pasos
vacilantes a andar
a la par que él.
Se dan la mano
y mientras uno avanza,
el mayor le envia la
brisa que lo va a mantener.
Aires de sabiduría que
curten al niño deshojando
las hojas que van a
caer a sus pies.
Bienvenido sea el niño
que nos deslumbra
con ese capicua lleno
de presagios y de buena
intención.
Con los brazos abiertos
recibimos al 2020
y despedimos al buen
anciano magnánimo
y bonachón.
Claudia Ballester Grifo
FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO.
domingo, 29 de diciembre de 2019
CAPRICHO DE LUNA.
Dice la luna que un galán
pasea las calles.
Callado y retraído,
sombra en la noche.
Le guiña un ojo,
zalamera y coqueta.
Él la mira y sigue sin prisa,
transeúnte de la sombra
en la pared,
replicando sus suelas,
tambor de cara blanca,
reflejo de la luna
que quiere ser mujer.
La dama le echa un rizo,
rayo de luz que eleva
su ser.
Asciende la figura
del hombre,
se eleva el polvo
del camino,
desaparece la sombra,
en la blanca pared.
Claudia Ballester Grifo
A mi primo,
Vicente Balaguer Costa.
Dice la luna que un galán
pasea las calles.
Callado y retraído,
sombra en la noche.
Le guiña un ojo,
zalamera y coqueta.
Él la mira y sigue sin prisa,
transeúnte de la sombra
en la pared,
replicando sus suelas,
tambor de cara blanca,
reflejo de la luna
que quiere ser mujer.
La dama le echa un rizo,
rayo de luz que eleva
su ser.
Asciende la figura
del hombre,
se eleva el polvo
del camino,
desaparece la sombra,
en la blanca pared.
Claudia Ballester Grifo
A mi primo,
Vicente Balaguer Costa.
SIEMPRE.
Pegadito a la pared
en un silencio discreto,
esperando a tus padres
para desayunar.
Atento a las miradas
y a las ausencias,
con esa sonrisa que abrazaba,
que se sentía
de calor llena.
Comprensivo, escuchando
sin hablar,
parco en letras y
rico en sentidos.
Tu altura me hacía
levantar la mirada
y tú me acariciabas
con tu luz.
Seguiré mirando hacía arriba.
Buscaré tu silueta en la pared.
Seguiré sintiendo tu sonrisa.
Seguiré nadando en el
lago de tu bondad.
Seguiré la estela de esa luz
que por siempre va
a brillar.
Despliega tus alas,
ángel liberado de tu forma
mortal.
Tu mente libre de cadenas,
te deslizas por el aire,
eres suspiro,
abrazo tierno,
un beso rizando
la frente.
Eres la fuerza de la
eternidad.
Claudia Ballester Grifo.
A mi primo,
Vicente Balaguer Costa.
Pegadito a la pared
en un silencio discreto,
esperando a tus padres
para desayunar.
Atento a las miradas
y a las ausencias,
con esa sonrisa que abrazaba,
que se sentía
de calor llena.
Comprensivo, escuchando
sin hablar,
parco en letras y
rico en sentidos.
Tu altura me hacía
levantar la mirada
y tú me acariciabas
con tu luz.
Seguiré mirando hacía arriba.
Buscaré tu silueta en la pared.
Seguiré sintiendo tu sonrisa.
Seguiré nadando en el
lago de tu bondad.
Seguiré la estela de esa luz
que por siempre va
a brillar.
Despliega tus alas,
ángel liberado de tu forma
mortal.
Tu mente libre de cadenas,
te deslizas por el aire,
eres suspiro,
abrazo tierno,
un beso rizando
la frente.
Eres la fuerza de la
eternidad.
Claudia Ballester Grifo.
A mi primo,
Vicente Balaguer Costa.
VICENTE.
Hoy ha caído una estrella. Se ha golpeado en el suelo y nos ha quemado la cara y el corazón.
Hoy se ha apagado la luz de lo bueno y lo mejor.
Un hijo adorable, un hermano tierno, un tío amparador.
Hoy me falta el aire, me asfíxia el llanto y se escurren las lágrimas sin compasión.
Un primo joven, un corazón hermoso, un ''hola, prima'' que guardaré siempre con amor.
Adiós, Vicente, cara amable, talismán de servicio y dedicación.
Adiós, ojos negros, sonrisa afable, preocupado por todos hasta la sin razón.
Hoy ha caído una estrella y en el cielo brilla un nuevo sol.
De tan puro bueno se lo han llevado y nos han dejado la noche y el dolor.
Estoy triste y el llorar es mi bendición.
Adios, primo ¡Adios!
Claudia Ballester Grifo
Hoy ha caído una estrella. Se ha golpeado en el suelo y nos ha quemado la cara y el corazón.
Hoy se ha apagado la luz de lo bueno y lo mejor.
Un hijo adorable, un hermano tierno, un tío amparador.
Hoy me falta el aire, me asfíxia el llanto y se escurren las lágrimas sin compasión.
Un primo joven, un corazón hermoso, un ''hola, prima'' que guardaré siempre con amor.
Adiós, Vicente, cara amable, talismán de servicio y dedicación.
Adiós, ojos negros, sonrisa afable, preocupado por todos hasta la sin razón.
Hoy ha caído una estrella y en el cielo brilla un nuevo sol.
De tan puro bueno se lo han llevado y nos han dejado la noche y el dolor.
Estoy triste y el llorar es mi bendición.
Adios, primo ¡Adios!
Claudia Ballester Grifo
sábado, 28 de diciembre de 2019
CONDE PAT.
(Continuación 12)
TORRE EIFFEL.
-Mélani no corras tanto. ¿De quién ha sido la idea de subir la Torre por las escaleras? - Lidia, rezongaba sin que nadie le hiciera caso. Claudia y Laia llevaban la delantera. ¡Dios mío! 300 m de torre. Estructura de hierro pudelado diseñada por los ingenieros Maurice Koechlin y Émile Nouguier, dotada de su aspecto definitivo por el arquitecto Stephen Sauvestre y construida por el ingeniero francés Alexandre Gustave Eiffel y sus colaboradores para la Exposición Universal de 1889.
Desde su altura se podía observar el Campo de Marte y el rio Sena. Su atractivo turístico es incuestionable. Hoy en día se utiliza como emisora de programas radiofónicos y televisivos. La iluminación es espectacular. Desde lo más alto el dominio de las vistas era total. En un plis desaparecieron muertos de la risa ante la sorpresa de los pocos que se llegaron a percatar. Tenían un pasaje para cenar en el bateaux-mouches, un barco con una parte descubierta, cómodo y seguro para ver París desde una perspectiva única.
Mientras los vampiros se fueron a dar una vuelta por los márgenes del rio, los niños se pusieron las botas alrededor de una mesa expuesta con sumo gusto. El mantel blanco refulgía con la delicada luz de los farolillos. Gente de todas las razas y los idiomas se esforzaban por hacerse entender, entre sus acompañantes de mesa. Mesas largas, conciliadoras y dando una oportunidad para compartir y conocerse. Al lado de Daniel se sentó una pareja de alemanes con los que pudo practicar el idioma materno. Mélani tuvo la suerte de conocer a unos amigos italianos que le recordaron su última estancia en Italia. Súper simpáticos, estuvieron bromeando con las chicas. Claudia, la más lanzada se los metió en el bolsillo con sus salidas. David se salió a observar el rio en su sereno discurrir. Se acercó una muchacha de su misma edad con ganas de entablar una conversación. Después de cenar buscaban un poco de aire fresco. La quinceañera se llamaba Annette, era francesa y le gustaba mucho España porque su abuela era de Sevilla. Conservaba toda la gracia de la tierra andaluza. David sintió que su corazón latía con una sintonía desconocida. Los ojos de la muchacha tenían el color del Danubio. Las fresas de sus labios invitaban al beso y el chico quería inmortalizar ese momento para siempre. Visualizó la imagen de Pat y comprendió que su amigo tomaba nota de lo que pasaba. La música empezó a sonar en el comedor y se unieron todos al baile...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 12)
TORRE EIFFEL.
-Mélani no corras tanto. ¿De quién ha sido la idea de subir la Torre por las escaleras? - Lidia, rezongaba sin que nadie le hiciera caso. Claudia y Laia llevaban la delantera. ¡Dios mío! 300 m de torre. Estructura de hierro pudelado diseñada por los ingenieros Maurice Koechlin y Émile Nouguier, dotada de su aspecto definitivo por el arquitecto Stephen Sauvestre y construida por el ingeniero francés Alexandre Gustave Eiffel y sus colaboradores para la Exposición Universal de 1889.
Desde su altura se podía observar el Campo de Marte y el rio Sena. Su atractivo turístico es incuestionable. Hoy en día se utiliza como emisora de programas radiofónicos y televisivos. La iluminación es espectacular. Desde lo más alto el dominio de las vistas era total. En un plis desaparecieron muertos de la risa ante la sorpresa de los pocos que se llegaron a percatar. Tenían un pasaje para cenar en el bateaux-mouches, un barco con una parte descubierta, cómodo y seguro para ver París desde una perspectiva única.
Mientras los vampiros se fueron a dar una vuelta por los márgenes del rio, los niños se pusieron las botas alrededor de una mesa expuesta con sumo gusto. El mantel blanco refulgía con la delicada luz de los farolillos. Gente de todas las razas y los idiomas se esforzaban por hacerse entender, entre sus acompañantes de mesa. Mesas largas, conciliadoras y dando una oportunidad para compartir y conocerse. Al lado de Daniel se sentó una pareja de alemanes con los que pudo practicar el idioma materno. Mélani tuvo la suerte de conocer a unos amigos italianos que le recordaron su última estancia en Italia. Súper simpáticos, estuvieron bromeando con las chicas. Claudia, la más lanzada se los metió en el bolsillo con sus salidas. David se salió a observar el rio en su sereno discurrir. Se acercó una muchacha de su misma edad con ganas de entablar una conversación. Después de cenar buscaban un poco de aire fresco. La quinceañera se llamaba Annette, era francesa y le gustaba mucho España porque su abuela era de Sevilla. Conservaba toda la gracia de la tierra andaluza. David sintió que su corazón latía con una sintonía desconocida. Los ojos de la muchacha tenían el color del Danubio. Las fresas de sus labios invitaban al beso y el chico quería inmortalizar ese momento para siempre. Visualizó la imagen de Pat y comprendió que su amigo tomaba nota de lo que pasaba. La música empezó a sonar en el comedor y se unieron todos al baile...
Claudia Ballester Grifo.
viernes, 27 de diciembre de 2019
EL CONDE PAT.
(Continuación 11)
PALACIO DE VERSALLES.
Se encontraban en la Sala de los Espejos del Palacio de Versalles. era un espacio espectacular, espacioso y lleno de luz. Los niños corrían por el salón bailando ante los espejos. Los vampiros no salían reflejados y asustaba no verlos y encontrarlos detrás o al lado. En esta habitación se daba lugar las reuniones de las embajadas, juegos, bailes. nacimientos y matrimonios en los sucesivos reinados de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.
El palacio lo mandó construir el rey Luis XIV, el Rey Sol. Dejó el bullicio de Paris para refugiarse en la Casa de Campo de Versalles. Consiguió su sueño.
Pudieron conocer al rey Luis XIV y a su hermano Felipe, a la reina y a su cuñada. Mélani estuvo bailando con el rey en uno de los numerosos bailes de la Corte. El monarca se quedó prendado de los ojos de la joven. Felipe sacó a bailar a Lidia, rescatándola de su butaca, medio escondida entre algodones. Se quedó prendado de la exquisitez de su rostro. Le preguntó por sus orígenes ya que ella y su hermana eran asiáticas, sin embargo, sus primos eran occidentales. Lidia le contó que sus padres las habían adoptado. ellos eran españoles como sus primos y sus tíos, menos la madre de Mélani, Daniel y David que era alemana. Sus padres fueron primero a China a por ella y luego a por su hermana, Claudia. Pat lo estaba escuchando todo mientras bailaba con Magali. Extrajo información complementaria de la mente de Lidia.
Claudia y Laia se habían sentado con el mejor amigo del príncipe Felipe, un hombre muy bello y educado de larga cabellera rubia y rizada. En realidad, era su amante, Armand de Gramont. Hablaba con la aceptación del que se considera intocable.
David se acercó a los sirvientes para servirse un vaso de agua de coco y Daniel se cogió una copa de vino blanco. Observaban con timidez a las bellas señoritas que estaban esperando a que alguien se decidiese a sacarlas a bailar.
La reina María Teresa de Austria sacó a bailar a Daniel. Este no tenía ni idea de los pasos de la corte, pero la reina le puso al corriente, divertida.
La princesa Enriqueta Ana Estuardo, esposa de Felipe, sacó a bailar a David. Le contó chismes de palacio. Luis XIV era un rey déspota que tenía a la Corte sometida. no se podía fiar de sus amigos porque había muchos confabulando para ganar más poder. Los reyes Vivian muy intranquilos. El despliegue de espejos señalaba el poder de Francia ya que era un material extremadamente caro.
El grupo salió al jardín a tomar el fresco. Pat y Magali se escabulleron adentrándose en la noche. Claudia, David y Laia pidieron permiso para visitar las caballerizas. Felipe de Orleans se fue con su esposa y con Armand a sus aposentos estaban muy cansados. El rey y la reina disfrutaban de la compañía de Mélani y de Lidia, una morena y una rubia, tan diferentes y tan hermosas. Podían quedarse en la Corte, pero las chicas les contaron que estaban en el colegio y que no podían faltar. Ahora estaban de vacaciones de Navidad y el día 25 de diciembre lo celebraban en familia. Quedaron en volver otro día para dar un paseo en caballo. Los reyes se retiraron a sus aposentos y el grupo de los Invencibles volaron con sus guías hasta la Torre Eiffel...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 11)
PALACIO DE VERSALLES.
Se encontraban en la Sala de los Espejos del Palacio de Versalles. era un espacio espectacular, espacioso y lleno de luz. Los niños corrían por el salón bailando ante los espejos. Los vampiros no salían reflejados y asustaba no verlos y encontrarlos detrás o al lado. En esta habitación se daba lugar las reuniones de las embajadas, juegos, bailes. nacimientos y matrimonios en los sucesivos reinados de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.
El palacio lo mandó construir el rey Luis XIV, el Rey Sol. Dejó el bullicio de Paris para refugiarse en la Casa de Campo de Versalles. Consiguió su sueño.
Pudieron conocer al rey Luis XIV y a su hermano Felipe, a la reina y a su cuñada. Mélani estuvo bailando con el rey en uno de los numerosos bailes de la Corte. El monarca se quedó prendado de los ojos de la joven. Felipe sacó a bailar a Lidia, rescatándola de su butaca, medio escondida entre algodones. Se quedó prendado de la exquisitez de su rostro. Le preguntó por sus orígenes ya que ella y su hermana eran asiáticas, sin embargo, sus primos eran occidentales. Lidia le contó que sus padres las habían adoptado. ellos eran españoles como sus primos y sus tíos, menos la madre de Mélani, Daniel y David que era alemana. Sus padres fueron primero a China a por ella y luego a por su hermana, Claudia. Pat lo estaba escuchando todo mientras bailaba con Magali. Extrajo información complementaria de la mente de Lidia.
Claudia y Laia se habían sentado con el mejor amigo del príncipe Felipe, un hombre muy bello y educado de larga cabellera rubia y rizada. En realidad, era su amante, Armand de Gramont. Hablaba con la aceptación del que se considera intocable.
David se acercó a los sirvientes para servirse un vaso de agua de coco y Daniel se cogió una copa de vino blanco. Observaban con timidez a las bellas señoritas que estaban esperando a que alguien se decidiese a sacarlas a bailar.
La reina María Teresa de Austria sacó a bailar a Daniel. Este no tenía ni idea de los pasos de la corte, pero la reina le puso al corriente, divertida.
La princesa Enriqueta Ana Estuardo, esposa de Felipe, sacó a bailar a David. Le contó chismes de palacio. Luis XIV era un rey déspota que tenía a la Corte sometida. no se podía fiar de sus amigos porque había muchos confabulando para ganar más poder. Los reyes Vivian muy intranquilos. El despliegue de espejos señalaba el poder de Francia ya que era un material extremadamente caro.
El grupo salió al jardín a tomar el fresco. Pat y Magali se escabulleron adentrándose en la noche. Claudia, David y Laia pidieron permiso para visitar las caballerizas. Felipe de Orleans se fue con su esposa y con Armand a sus aposentos estaban muy cansados. El rey y la reina disfrutaban de la compañía de Mélani y de Lidia, una morena y una rubia, tan diferentes y tan hermosas. Podían quedarse en la Corte, pero las chicas les contaron que estaban en el colegio y que no podían faltar. Ahora estaban de vacaciones de Navidad y el día 25 de diciembre lo celebraban en familia. Quedaron en volver otro día para dar un paseo en caballo. Los reyes se retiraron a sus aposentos y el grupo de los Invencibles volaron con sus guías hasta la Torre Eiffel...
Claudia Ballester Grifo.
jueves, 26 de diciembre de 2019
CONDE PAT.
(Continuación 10)
No había tiempo. Tenían que volver a casa. la mesa de Nochebuena estaría preparada y tenían que acudir para cenar. Iban a llegar sus tíos con sus primas y no sería comprensible faltar a la cita. a la hora indicada todos a su sitio. Lidia y Claudia más formalitas sentadas al lado de sus tíos Mamen y Pablo. Laia, al lado de su tía Sonja sacando las galletas de mantequilla del horno. Vicente y los tíos Claudia y Antonio con la copita de vino al calor de la chimenea. Se reunían en las fiestas de Navidad. El trabajo y la distancia no les permitía mucho contacto, pero estas fiestas juntos les cargaba la batería para todo el año.
Alrededor de la mesa los niños se juntaron en sus chascarrillos. Mélani estaba como loca de contarle a Lidia la existencia de Pat y Magali. Mélani contaba con 16 años. Se llevaba muy bien con su prima de 14. Claudia, la hermana de Lidia, tenía 10 años con lo que estaba más unida a Laia que tenía 9 años. Daniel y David eran los dos chicos del grupo, de 18 y 15 años.
El grupo de los Invencibles estaba dispuesto a pasar buenas aventuras.
Acostados en la misma habitación en cuatro literas y dos nidos esperaron expectantes el silencio de la casa y la llegada de los vampiros amigos.
Claudia y Laia abrazadas. Lidia, la más sensitiva notaba llegar las presencias.
Magali se acercó a las más pequeñas. Les puso una diadema de flores frescas a la cabeza, las había recogido del bosque y olían a dulce.
El conde Pat se acercó a Lidia y le besó la mano. La niña estaba conmocionada. Se sentía atrapada en el magnetismo del personaje. Volaron todos juntos hasta Paris...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 10)
No había tiempo. Tenían que volver a casa. la mesa de Nochebuena estaría preparada y tenían que acudir para cenar. Iban a llegar sus tíos con sus primas y no sería comprensible faltar a la cita. a la hora indicada todos a su sitio. Lidia y Claudia más formalitas sentadas al lado de sus tíos Mamen y Pablo. Laia, al lado de su tía Sonja sacando las galletas de mantequilla del horno. Vicente y los tíos Claudia y Antonio con la copita de vino al calor de la chimenea. Se reunían en las fiestas de Navidad. El trabajo y la distancia no les permitía mucho contacto, pero estas fiestas juntos les cargaba la batería para todo el año.
Alrededor de la mesa los niños se juntaron en sus chascarrillos. Mélani estaba como loca de contarle a Lidia la existencia de Pat y Magali. Mélani contaba con 16 años. Se llevaba muy bien con su prima de 14. Claudia, la hermana de Lidia, tenía 10 años con lo que estaba más unida a Laia que tenía 9 años. Daniel y David eran los dos chicos del grupo, de 18 y 15 años.
El grupo de los Invencibles estaba dispuesto a pasar buenas aventuras.
Acostados en la misma habitación en cuatro literas y dos nidos esperaron expectantes el silencio de la casa y la llegada de los vampiros amigos.
Claudia y Laia abrazadas. Lidia, la más sensitiva notaba llegar las presencias.
Magali se acercó a las más pequeñas. Les puso una diadema de flores frescas a la cabeza, las había recogido del bosque y olían a dulce.
El conde Pat se acercó a Lidia y le besó la mano. La niña estaba conmocionada. Se sentía atrapada en el magnetismo del personaje. Volaron todos juntos hasta Paris...
Claudia Ballester Grifo.
ÁRBOL Y BELÉN.
Baila el haz de luz,
en millones de corpúsculos
enredo de calor y color.
Danza con sutileza
el silencio reposando
tardes de polvorón.
Se escucha el sonido
del entonado cariño que
hace de la rutina un
presente envuelto en papel
de charol.
Tiempo de magia,
cartas de hola y adiós.
Sonrisas de puño apretado,
acogiendo el talle
de la compañía y el amor.
Preludio de regalos,
buenas intenciones,
proyectos y expectativas
en el árbol de la Navidad.
En el Portal del Niño,
una hogaza recién horneada
de luz y amistad.
En el cielo,
la estrella de la paz.
Claudia Ballester Grifo
Baila el haz de luz,
en millones de corpúsculos
enredo de calor y color.
Danza con sutileza
el silencio reposando
tardes de polvorón.
Se escucha el sonido
del entonado cariño que
hace de la rutina un
presente envuelto en papel
de charol.
Tiempo de magia,
cartas de hola y adiós.
Sonrisas de puño apretado,
acogiendo el talle
de la compañía y el amor.
Preludio de regalos,
buenas intenciones,
proyectos y expectativas
en el árbol de la Navidad.
En el Portal del Niño,
una hogaza recién horneada
de luz y amistad.
En el cielo,
la estrella de la paz.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 25 de diciembre de 2019
MESA DE NAVIDAD.
Esta Navidad nos ha fallado la luz de los ojos.
La guía dormía en la cama un revuelo de líneas, un círculo concéntrico metiéndose en un agujero negro.
Inseguridad en un comienzo.
Reparto de tareas y, como en una orquesta, todos a un tiempo.
Está Navidad hemos salido reforzados y contentos.
Hemos comprobado que el cariño y empeño hace de la reunión algo mágico y bello.
Ha lucido el sol de puertas para adentro.
El rojo del mantel refulgia como rubí precioso. Las viandas en pasarela, dignas y estilosas. Buenas de probar y de poder acabar.
Tertúlia y risas de gente que se sabe querer. Alegría hermosa de conquistar su silla una y otra vez.
Juego de mesa con los dulces y los vasos sabiendo a cubitos y lo que pueda haber.
Hora tras hora que parecen minutos y se tira la noche rendida a nuestros pies.
Todo recogido con el mismo mimo que lo hemos desplegado.
Dejamos la casa con ese aroma de buen caldo y cariño. Con ese sentimiento irrefrenable de volver.
Es la casa de los padres, ese sitio de todos, ese aroma de niñez.
Es el nido de nuestros recuerdos. El palacio donde llevamos a nuestros niños, música de carrusel.
Esta Navidad ha sido como siempre un infinito placer. Compartir con la familia el calor de un amor que se magnífica con los años porque se alimenta con el buen proceder.
Claudia Ballester Grifo
Esta Navidad nos ha fallado la luz de los ojos.
La guía dormía en la cama un revuelo de líneas, un círculo concéntrico metiéndose en un agujero negro.
Inseguridad en un comienzo.
Reparto de tareas y, como en una orquesta, todos a un tiempo.
Está Navidad hemos salido reforzados y contentos.
Hemos comprobado que el cariño y empeño hace de la reunión algo mágico y bello.
Ha lucido el sol de puertas para adentro.
El rojo del mantel refulgia como rubí precioso. Las viandas en pasarela, dignas y estilosas. Buenas de probar y de poder acabar.
Tertúlia y risas de gente que se sabe querer. Alegría hermosa de conquistar su silla una y otra vez.
Juego de mesa con los dulces y los vasos sabiendo a cubitos y lo que pueda haber.
Hora tras hora que parecen minutos y se tira la noche rendida a nuestros pies.
Todo recogido con el mismo mimo que lo hemos desplegado.
Dejamos la casa con ese aroma de buen caldo y cariño. Con ese sentimiento irrefrenable de volver.
Es la casa de los padres, ese sitio de todos, ese aroma de niñez.
Es el nido de nuestros recuerdos. El palacio donde llevamos a nuestros niños, música de carrusel.
Esta Navidad ha sido como siempre un infinito placer. Compartir con la familia el calor de un amor que se magnífica con los años porque se alimenta con el buen proceder.
Claudia Ballester Grifo
Es un día de villancicos.
La gente con cara amable y unos ojos que se les caen de puro buenos,
sonríen al día y se sienten felices por el nacimiento del Niño.
Jesús vino al mundo con una labor importante.
Se enfrentó al poder establecido y sacó a los hipócritas de sus agujeros.
Redimió al mundo y dio su vida por nosotros.
Hoy, los que le seguimos, reunimos a la gente.
Damos aliento al cansado y cariño a la soledad.
No se nos olvide el verdadero espiritú de la Navidad.
Claudia Ballester Grifo
La gente con cara amable y unos ojos que se les caen de puro buenos,
sonríen al día y se sienten felices por el nacimiento del Niño.
Jesús vino al mundo con una labor importante.
Se enfrentó al poder establecido y sacó a los hipócritas de sus agujeros.
Redimió al mundo y dio su vida por nosotros.
Hoy, los que le seguimos, reunimos a la gente.
Damos aliento al cansado y cariño a la soledad.
No se nos olvide el verdadero espiritú de la Navidad.
Claudia Ballester Grifo
martes, 24 de diciembre de 2019
CONDE PAT.
(Continuación 9)
Matu y Morani iban a ser circuncidados para pasar la prueba de los hombres y guerreros menores. Estaban muy emocionados. Alrededor del fuego les contaban a los recién llegados que antiguamente pasaban la prueba de cazar a un león. Actualmente esta especie estaba protegida. Kioni, la madre de Matu, les pasó una calabaza de leche con sangre, era una medicina que utilizaba la tribu. Aquella que ve, era lo que significaba su nombre, tenía una sensibilidad especial. Los niños arrugaron la nariz, pero los vampiros estaban encantados.
El ¨laibón¨ se acercó impresionado por el magnetismo que desprendían los patos. Él era el intermediario entre los dioses y supo diferenciar algo especial en esas criaturas. Su cargo era hereditario y actuaba también como juez. Los hombres se reunieron para escenificar una danza de caza. Su vestimenta de vivos colores y dibujos geométricos se desplegaba al ritmo de sus saltos. El rojo destacaba con su nudo en los hombros. Las orejas lucían grandes dilataciones en la parte inferior del pabellón auricular. Hombres y mujeres lucían una estética similar.
Mélani vio cómo se aproximaban dos niñas de unos diez años, iban muy ornamentadas, no se las veía muy alegres a pesar del ambiente festivo. Le contaron a Mélani que estaban preparadas para la ablación, se llamaban Paka y Kenyatta, ¨Pintura y ¨Música¨ respectivamente. La anciana de la tribu se encargaba de mutilar sus labios mayores y menores y seccionaba el clítoris, de este modo se aseguraba su fidelidad al esposo, era la única manera de encontrar marido. Mélani se desmayó. Cuando despertó las niñas ya estaban, cada una en una choza individual, para pasar la cuarentena. No se pudo acercar a ellas, pero les prometió desde la distancia volver a visitarlas.
El tiempo se deslizó en embudo de botella. Había que regresar, aunque quedaba tanto por ver…
Los campos de hielo se reducían por las desforestaciones y el cambio climático. Los Masai necesitan prados de altitud para sus ganados. El equilibrio estaba amenazado.
Los niños amanecieron en su cama, querían más, necesitaban volver. Pat y Magali sonreían desde la bodega del sótano.
Noche cerrada Y Mélani azuzando a Daniel. algo pasa, son las 12 de la noche y Pat no aparece. Bajemos al sótano, a ver qué ocurre.
Los sarcófagos vacíos y en la tapa una nota, ¨venimos enseguida¨. Los niños regresaron desolados a su habitación. David se reunió con ellos. Llevaba su conejito blandito de orejas largas, Oreo. tras la ventana aparecieron los rostros amigos. la mirada de los vampiros iluminaba la habitación. venían de comer y estaban dispuestos para sus amigos.
Descendieron sobre el parque del Serengueti. Un parque nacional de Tanzania que se creó en 1951. Era de noche y los depredadores andaban de caza. Reino de leones, leopardos, elefantes, rinocerontes y búfalos cafre.
Podíamos encontrar también hienas, guepardos, cebras, aves rapaces, ñus y otras muchas especies.
Shiva era la matriarca del grupo de leones, dirigía la caza y se centró en un grupo de ñus y cebras que se habían reunido para reforzar su protección. tenían crías y se sentían más vulnerables. Con sigilo, movimientos muy lentos y tensando músculos, cada miembro de la manada de leones tomaba posiciones. las leonas encabezaban la operación. disponían de un macho que no siempre acompañaba las cacerías ya que él se mantenía ocupado protegiendo su territorio. Aslan tenía un hermano de camada que compartía su liderazgo. Ambos eran los padres de la manada y protegían a sus hembras y cachorros. Clarence, el hermano estaba patrullando la zona. Corría detrás de una rápida leopardo intentándola alejar de sus dominios ya que representaba un serio peligro para sus cachorros. Se odiaban a muerte. La noche se cobró un ñu que no podía correr porque tenía una pata rota. La familia se reunió para compartir el botín. Debían darse prisa antes de que se acercaran las hienas. Las carroñeras solían esperar su turno si el número de fuerzas era muy desigual.
Mélani disfrutaba con una cría de elefante. Pat había tranquilizado al clan familiar y habían aceptado a los niños como a unos más de la familia. Melvin se dejaba acariciar por los niños. Se acercaron con él al rio. Magali y Pat vigilaban la presencia de cocodrilos. Hacía calor y los niños se dieron un chapuzón en la orilla. La trompa de la cría les servía de manguera y la ducha era una pasada. Se lo estaban pasando genial, pero Mélani no podía dejar de pensar en sus amigas del Kilimanjaro...
Claudia Ballester Grifo
(Continuación 9)
Matu y Morani iban a ser circuncidados para pasar la prueba de los hombres y guerreros menores. Estaban muy emocionados. Alrededor del fuego les contaban a los recién llegados que antiguamente pasaban la prueba de cazar a un león. Actualmente esta especie estaba protegida. Kioni, la madre de Matu, les pasó una calabaza de leche con sangre, era una medicina que utilizaba la tribu. Aquella que ve, era lo que significaba su nombre, tenía una sensibilidad especial. Los niños arrugaron la nariz, pero los vampiros estaban encantados.
El ¨laibón¨ se acercó impresionado por el magnetismo que desprendían los patos. Él era el intermediario entre los dioses y supo diferenciar algo especial en esas criaturas. Su cargo era hereditario y actuaba también como juez. Los hombres se reunieron para escenificar una danza de caza. Su vestimenta de vivos colores y dibujos geométricos se desplegaba al ritmo de sus saltos. El rojo destacaba con su nudo en los hombros. Las orejas lucían grandes dilataciones en la parte inferior del pabellón auricular. Hombres y mujeres lucían una estética similar.
Mélani vio cómo se aproximaban dos niñas de unos diez años, iban muy ornamentadas, no se las veía muy alegres a pesar del ambiente festivo. Le contaron a Mélani que estaban preparadas para la ablación, se llamaban Paka y Kenyatta, ¨Pintura y ¨Música¨ respectivamente. La anciana de la tribu se encargaba de mutilar sus labios mayores y menores y seccionaba el clítoris, de este modo se aseguraba su fidelidad al esposo, era la única manera de encontrar marido. Mélani se desmayó. Cuando despertó las niñas ya estaban, cada una en una choza individual, para pasar la cuarentena. No se pudo acercar a ellas, pero les prometió desde la distancia volver a visitarlas.
El tiempo se deslizó en embudo de botella. Había que regresar, aunque quedaba tanto por ver…
Los campos de hielo se reducían por las desforestaciones y el cambio climático. Los Masai necesitan prados de altitud para sus ganados. El equilibrio estaba amenazado.
Los niños amanecieron en su cama, querían más, necesitaban volver. Pat y Magali sonreían desde la bodega del sótano.
Noche cerrada Y Mélani azuzando a Daniel. algo pasa, son las 12 de la noche y Pat no aparece. Bajemos al sótano, a ver qué ocurre.
Los sarcófagos vacíos y en la tapa una nota, ¨venimos enseguida¨. Los niños regresaron desolados a su habitación. David se reunió con ellos. Llevaba su conejito blandito de orejas largas, Oreo. tras la ventana aparecieron los rostros amigos. la mirada de los vampiros iluminaba la habitación. venían de comer y estaban dispuestos para sus amigos.
Descendieron sobre el parque del Serengueti. Un parque nacional de Tanzania que se creó en 1951. Era de noche y los depredadores andaban de caza. Reino de leones, leopardos, elefantes, rinocerontes y búfalos cafre.
Podíamos encontrar también hienas, guepardos, cebras, aves rapaces, ñus y otras muchas especies.
Shiva era la matriarca del grupo de leones, dirigía la caza y se centró en un grupo de ñus y cebras que se habían reunido para reforzar su protección. tenían crías y se sentían más vulnerables. Con sigilo, movimientos muy lentos y tensando músculos, cada miembro de la manada de leones tomaba posiciones. las leonas encabezaban la operación. disponían de un macho que no siempre acompañaba las cacerías ya que él se mantenía ocupado protegiendo su territorio. Aslan tenía un hermano de camada que compartía su liderazgo. Ambos eran los padres de la manada y protegían a sus hembras y cachorros. Clarence, el hermano estaba patrullando la zona. Corría detrás de una rápida leopardo intentándola alejar de sus dominios ya que representaba un serio peligro para sus cachorros. Se odiaban a muerte. La noche se cobró un ñu que no podía correr porque tenía una pata rota. La familia se reunió para compartir el botín. Debían darse prisa antes de que se acercaran las hienas. Las carroñeras solían esperar su turno si el número de fuerzas era muy desigual.
Mélani disfrutaba con una cría de elefante. Pat había tranquilizado al clan familiar y habían aceptado a los niños como a unos más de la familia. Melvin se dejaba acariciar por los niños. Se acercaron con él al rio. Magali y Pat vigilaban la presencia de cocodrilos. Hacía calor y los niños se dieron un chapuzón en la orilla. La trompa de la cría les servía de manguera y la ducha era una pasada. Se lo estaban pasando genial, pero Mélani no podía dejar de pensar en sus amigas del Kilimanjaro...
Claudia Ballester Grifo
lunes, 23 de diciembre de 2019
EL CONDE PAT.
(Continuación 8)
PAT, MAGALI Y LOS NIÑOS.
Noche de tormenta. Daniel no podía dormir y se fue a la habitación de Mélani. David estaba hecho un ovillo a su lado. La rama de la acacia golpeaba fuertemente sobre el cristal de la ventana. Alguien pedía paso.
El ulular del viento se confundía con palabras medio ahogadas y el estrépito del relámpago sobrecogía con el grito del trueno. Fuerzas ocultas confluían sobre la casa. Los niños corrían peligro. Un cuervo se estrelló contra el balcón y sangre y plumas resbalaban por el cristal de la puerta.
Los niños se taparon con la sábana y el temblor les cosquilleaba en la planta de los pies. No, no era el temblor, era el payaso que recién salido del armario se unió a ellos bajo la sábana.
Pat irrumpió en la habitación al tiempo que el payaso arrancaba al pequeño David de sus hermanos. La cara del secuestrador paralizó su sonrisa garabateada. Magali, por detrás, le clavó los colmillos con saña y volatizó su maldad convirtiendo la figura cruel en confeti. El árbol tranquilizó su rama y el viento se llevó la tormenta instaurando la calma.
Pat y Magali se llevaron a los niños donde la fantasía les purgara la mala experiencia de una pesadilla muy real.
¡Preparados y a volar!
EL KILIMANJARO.
Volaron los niños siguiendo a Pat y Magali. Descendieron en una planicie de la montaña situada en el noroeste de Tanzania. Está formada por tres volcanes inactivos; el Shira, en el oeste, de 3962 m de altitud; el Mawenzi, al este, de 5149m y el Kibo, el más reciente desde el punto de vista geológico, situado entre ambos y cuyo pico, el Uhuru se eleva hasta los 5891,8m.
Estaban fascinados por lo que veían. En la llanura se extendía el parque del Kilimanjaro. En la cumbre los campos de hielo. En el norte se encontraron con el poblado Masai. Matu era un niño de 12 años que estaba cuidando el rebaño. Vio acercarse al grupo de extraños y ya tensaba sus músculos con el bastón en alto. Daniel corrió a su encuentro mientras Pat enviaba un mensaje de paz y cordialidad. Las cabras y ovejas comían tranquilamente sin alterar su normalidad. Mélani y David no habían visto nunca estos animales tan de cerca. Hasta ellos les llegaba su olor. Morani, se acercó para ayudar a su amigo en caso necesario. No estaban acostumbrados a las visitas y menos de personajes tan extraños.
Se presentaron. Mélani preguntó a los niños qué significaba sus nombres, eran preciosos. Matu, sonrió a la niña. Su melena rubia le inquietaba y le gustaba. Le explicó que en kiyuyu significaba, las nubes. El nombre de Morani significaba, guerrero. Magali y Pat les perturbaban. Dos patos que hablaban. Eso no lo hacían ni sus vacas sagradas.
Los niños Masai les condujeron a conocer a su pueblo. Las cabañas están hechas de ramas, paja y excrementos de vaca y rodeadas de paja para el ganado. Tenían la forma de un iglú. Las mujeres se encargaban del arreglo de los deterioros y ordeñaban el ganado, los quehaceres domésticos y en el tiempo libre se dedicaban a hacer abalorios como collares. Los niños cuidaban el rebaño. Era una población de celebraciones ya desde el nacimiento...
Claudia Ballester Grifo
(Continuación 8)
PAT, MAGALI Y LOS NIÑOS.
Noche de tormenta. Daniel no podía dormir y se fue a la habitación de Mélani. David estaba hecho un ovillo a su lado. La rama de la acacia golpeaba fuertemente sobre el cristal de la ventana. Alguien pedía paso.
El ulular del viento se confundía con palabras medio ahogadas y el estrépito del relámpago sobrecogía con el grito del trueno. Fuerzas ocultas confluían sobre la casa. Los niños corrían peligro. Un cuervo se estrelló contra el balcón y sangre y plumas resbalaban por el cristal de la puerta.
Los niños se taparon con la sábana y el temblor les cosquilleaba en la planta de los pies. No, no era el temblor, era el payaso que recién salido del armario se unió a ellos bajo la sábana.
Pat irrumpió en la habitación al tiempo que el payaso arrancaba al pequeño David de sus hermanos. La cara del secuestrador paralizó su sonrisa garabateada. Magali, por detrás, le clavó los colmillos con saña y volatizó su maldad convirtiendo la figura cruel en confeti. El árbol tranquilizó su rama y el viento se llevó la tormenta instaurando la calma.
Pat y Magali se llevaron a los niños donde la fantasía les purgara la mala experiencia de una pesadilla muy real.
¡Preparados y a volar!
EL KILIMANJARO.
Volaron los niños siguiendo a Pat y Magali. Descendieron en una planicie de la montaña situada en el noroeste de Tanzania. Está formada por tres volcanes inactivos; el Shira, en el oeste, de 3962 m de altitud; el Mawenzi, al este, de 5149m y el Kibo, el más reciente desde el punto de vista geológico, situado entre ambos y cuyo pico, el Uhuru se eleva hasta los 5891,8m.
Estaban fascinados por lo que veían. En la llanura se extendía el parque del Kilimanjaro. En la cumbre los campos de hielo. En el norte se encontraron con el poblado Masai. Matu era un niño de 12 años que estaba cuidando el rebaño. Vio acercarse al grupo de extraños y ya tensaba sus músculos con el bastón en alto. Daniel corrió a su encuentro mientras Pat enviaba un mensaje de paz y cordialidad. Las cabras y ovejas comían tranquilamente sin alterar su normalidad. Mélani y David no habían visto nunca estos animales tan de cerca. Hasta ellos les llegaba su olor. Morani, se acercó para ayudar a su amigo en caso necesario. No estaban acostumbrados a las visitas y menos de personajes tan extraños.
Se presentaron. Mélani preguntó a los niños qué significaba sus nombres, eran preciosos. Matu, sonrió a la niña. Su melena rubia le inquietaba y le gustaba. Le explicó que en kiyuyu significaba, las nubes. El nombre de Morani significaba, guerrero. Magali y Pat les perturbaban. Dos patos que hablaban. Eso no lo hacían ni sus vacas sagradas.
Los niños Masai les condujeron a conocer a su pueblo. Las cabañas están hechas de ramas, paja y excrementos de vaca y rodeadas de paja para el ganado. Tenían la forma de un iglú. Las mujeres se encargaban del arreglo de los deterioros y ordeñaban el ganado, los quehaceres domésticos y en el tiempo libre se dedicaban a hacer abalorios como collares. Los niños cuidaban el rebaño. Era una población de celebraciones ya desde el nacimiento...
Claudia Ballester Grifo
UN PRINCIPIO.
Las fantasías dibujan líneas en ese espacio restringido a la intimidad del que ve con ojos cerrados.
No todo se puede decir, pero se puede sentir y comprimir su encanto en un trocito del corazón y en el cajón del gran armario, el cerebro.
Las historias se arremolinan en latente germinar esperando su oportunidad. Se atropellan las imágenes y te asaltan en cualquier momento. Siempre son queridas y apreciadas. No hay mal momento para recibir la musa y se abre la puerta a la inspiración y,con suerte,al talento.
Dóciles y obedientes discurren las letras en la cuartilla dispuesta. Juega la tinta a hacerle cosquillas y ríe palabras gruesas. Se difumina en el fondo del escrito la imagen con singular belleza. Es el espejo de un alma inquieta. El ente que bracea en un mar tranquilo o en amenaza de tormenta. Sigue adelante con la motivación bien dispuesta.
El orgullo abraza con retazo de algodón el trabajo acabado. La sonrisa se despliega con ese cuño que cada uno personaliza y crea. Se inspira con fuerza y va desinflándose el cuerpo con una brisa de atardecer y un ocaso que el cielo acuesta.
Claudia Ballester Grifo
Las fantasías dibujan líneas en ese espacio restringido a la intimidad del que ve con ojos cerrados.
No todo se puede decir, pero se puede sentir y comprimir su encanto en un trocito del corazón y en el cajón del gran armario, el cerebro.
Las historias se arremolinan en latente germinar esperando su oportunidad. Se atropellan las imágenes y te asaltan en cualquier momento. Siempre son queridas y apreciadas. No hay mal momento para recibir la musa y se abre la puerta a la inspiración y,con suerte,al talento.
Dóciles y obedientes discurren las letras en la cuartilla dispuesta. Juega la tinta a hacerle cosquillas y ríe palabras gruesas. Se difumina en el fondo del escrito la imagen con singular belleza. Es el espejo de un alma inquieta. El ente que bracea en un mar tranquilo o en amenaza de tormenta. Sigue adelante con la motivación bien dispuesta.
El orgullo abraza con retazo de algodón el trabajo acabado. La sonrisa se despliega con ese cuño que cada uno personaliza y crea. Se inspira con fuerza y va desinflándose el cuerpo con una brisa de atardecer y un ocaso que el cielo acuesta.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 22 de diciembre de 2019
2030.
Viendo la película Jumanji, juntas. Recostada sobre mi regazo. Mis manos mesando sus cálidos cabellos. Su palpitante calor era un consuelo que recibía mi cuerpo. Mi niña, mi regalo.
La llamaron sus amigos y me miró implorante. No había salido en todo el día. Solo un ratito. Ya eran las 20h. Cenarían en el Kebab y hasta las 22h. La acompañarían a casa.
-Adios, princesa. Si no te acompañan, me llamas e irá a por ti el papá-
-Tranquila, mamá. Siempre me acompañan-
A la hora indicada mi niña no volvió a casa. La llamé por teléfono y tenía el móvil sin señal. Muy extraño. Empecé a sudar.
Llamé a sus amigos y ninguno estaba con ella. Unos se fueron antes de cenar. Otros no habían acudido. Se quedó a cenar con dos amigos que tenían 5 años más que ella. 13 frente a 18, pensé que eran más.
Lorena me dio el número de uno de ellos. Su móvil tampoco contestaba.
Mi marido llamó a la policía. Se trataba de una menor.
Amanda jamás volvió. Se la llevaron en una furgoneta blanca. Se llevaron mi alegría, mi vida, mi amor.
Esa niña adorada que me miraba admirada y con el candor de las primeras salidas.
Ella tenía sus amigos. Ella tenía el poder de decidir con quien estar y con quien,no. Ella empezaba a tomar las riendas de su vida y de su camino a recorrer. Ella era una niña bella, estudiosa y con corazón.
Ella era ese ángel que arrancaron de mi lado, sin ninguna explicación.
Han pasado diez años y su habitación sigue intacta. Esperándola como cada dia y cada noche.
Llaman al timbre de la puerta. Una chica de unos 23 años me llama mamá.
Nos abrazamos. La hago entrar. Tenemos mucho tiempo para hablar.
Claudia Ballester Grifo
Viendo la película Jumanji, juntas. Recostada sobre mi regazo. Mis manos mesando sus cálidos cabellos. Su palpitante calor era un consuelo que recibía mi cuerpo. Mi niña, mi regalo.
La llamaron sus amigos y me miró implorante. No había salido en todo el día. Solo un ratito. Ya eran las 20h. Cenarían en el Kebab y hasta las 22h. La acompañarían a casa.
-Adios, princesa. Si no te acompañan, me llamas e irá a por ti el papá-
-Tranquila, mamá. Siempre me acompañan-
A la hora indicada mi niña no volvió a casa. La llamé por teléfono y tenía el móvil sin señal. Muy extraño. Empecé a sudar.
Llamé a sus amigos y ninguno estaba con ella. Unos se fueron antes de cenar. Otros no habían acudido. Se quedó a cenar con dos amigos que tenían 5 años más que ella. 13 frente a 18, pensé que eran más.
Lorena me dio el número de uno de ellos. Su móvil tampoco contestaba.
Mi marido llamó a la policía. Se trataba de una menor.
Amanda jamás volvió. Se la llevaron en una furgoneta blanca. Se llevaron mi alegría, mi vida, mi amor.
Esa niña adorada que me miraba admirada y con el candor de las primeras salidas.
Ella tenía sus amigos. Ella tenía el poder de decidir con quien estar y con quien,no. Ella empezaba a tomar las riendas de su vida y de su camino a recorrer. Ella era una niña bella, estudiosa y con corazón.
Ella era ese ángel que arrancaron de mi lado, sin ninguna explicación.
Han pasado diez años y su habitación sigue intacta. Esperándola como cada dia y cada noche.
Llaman al timbre de la puerta. Una chica de unos 23 años me llama mamá.
Nos abrazamos. La hago entrar. Tenemos mucho tiempo para hablar.
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT.
MAGALI.(Continuación 7)
Magali corría por la espesura del bosque, su poder había aumentado con los años de soledad y autocontrol. Se había desvinculado del Amo y se sentía dueña de sí misma. Echaba mucho de menos a Pat. El tiempo no tenía secretos para ella y podía jugar con la arena del reloj a su antojo. Revirtió la larga separación y sus ojos recobraron el brillo de la cordura.
Las doce tañían en lo alto del campanario. El Conde Pat asomó una mano por el sarcófago. Magali le cogió la mano. La conexión fue instantánea. Pat recuperaba a su compañera. Se lanzaron a la noche, solos, tenían mucho que compartir.
Los sentidos del vampiro son extremadamente sensibles. Podían escuchar el arrullo de la brisa al rozar una hoja. El desperezo de un escarabajo en su refugio. La gota de rocío deslizándose por el pétalo de una flor. La intensidad de los colores era un estallido en su retina y los sabores adquirían otra dimensión incluso antes de llegar a su boca. Magali y Pat se hallaban tumbados en un remanso del rio. Oían el gorjear del agua limpia y fresca escapando de la fuente. La calma empapaba su bienestar. No querían hablar de la terrible experiencia pasada de Magali. Las miras se proyectaban en el futuro. Pat le habló a su amiga de la familia mortal que había conseguido. Le habló de los niños y de su implicación en que conocieran el mundo. Magali se ilusionó con esa familia que se le regalaba. Deseaba conocerlos. El amor que sentía Pat por ellos le llegaba con nitidez. La ilusión, el tener proyectos le devolvió la brillantez de su hermosura. Pat la miraba con embeleso. Su corazón rebosaba de amor hacia Magali. Se quedó petrificado. Un ser como él tenía corazón. Pat le cogió la mano y se la llevó a su pecho. Se miraron a los ojos y el mundo desapareció a sus pies.
Volaron hacia el cielo estrellado. Recorrieron planetas, constelaciones y galaxias. Tiempos y espacios y se quedaron a descansar en una duna de Marte. El planeta Rojo era el cuarto en distancia al sol, el segundo más pequeño. Su vestido rojo se debe a la cantidad de hierro que contiene en su superficie. Es un planeta telúrico con una atmosfera delgada de dióxido de Carbono y posee dos satélites pequeños y de forma irregular, FOBOS y DEIMOS. Su nombre se lo debe al dios de la guerra de la mitología romana (Ares en la mitología griega). Sus características superficiales recuerdan tanto a los cráteres de la Luna como a los valles, desiertos y casquetes polares de la Tierra. Pat llevó a Magali a una cueva que conocía. Discurría un agua bicarbonatada fresquísima. Crecía en las rocas un musgo blanco que sabía a langosta. No le entraba la luz con lo que se quedaron a dormir.
Magali despertó sobresaltada, la tierra se movía y el agua subía rápidamente llegando a la altura en la que estaban descansando. Ya entendemos por qué Marte es un planeta telúrico, es rico en terremotos. Se tele transportaron riendo a carcajadas por el trajín. Ese día Pat y Magali durmieron en el mismo escondite, en el sótano. Magali estaba lista para conocer a los niños..
Claudia Ballester Grifo.
MAGALI.(Continuación 7)
Magali corría por la espesura del bosque, su poder había aumentado con los años de soledad y autocontrol. Se había desvinculado del Amo y se sentía dueña de sí misma. Echaba mucho de menos a Pat. El tiempo no tenía secretos para ella y podía jugar con la arena del reloj a su antojo. Revirtió la larga separación y sus ojos recobraron el brillo de la cordura.
Las doce tañían en lo alto del campanario. El Conde Pat asomó una mano por el sarcófago. Magali le cogió la mano. La conexión fue instantánea. Pat recuperaba a su compañera. Se lanzaron a la noche, solos, tenían mucho que compartir.
Los sentidos del vampiro son extremadamente sensibles. Podían escuchar el arrullo de la brisa al rozar una hoja. El desperezo de un escarabajo en su refugio. La gota de rocío deslizándose por el pétalo de una flor. La intensidad de los colores era un estallido en su retina y los sabores adquirían otra dimensión incluso antes de llegar a su boca. Magali y Pat se hallaban tumbados en un remanso del rio. Oían el gorjear del agua limpia y fresca escapando de la fuente. La calma empapaba su bienestar. No querían hablar de la terrible experiencia pasada de Magali. Las miras se proyectaban en el futuro. Pat le habló a su amiga de la familia mortal que había conseguido. Le habló de los niños y de su implicación en que conocieran el mundo. Magali se ilusionó con esa familia que se le regalaba. Deseaba conocerlos. El amor que sentía Pat por ellos le llegaba con nitidez. La ilusión, el tener proyectos le devolvió la brillantez de su hermosura. Pat la miraba con embeleso. Su corazón rebosaba de amor hacia Magali. Se quedó petrificado. Un ser como él tenía corazón. Pat le cogió la mano y se la llevó a su pecho. Se miraron a los ojos y el mundo desapareció a sus pies.
Volaron hacia el cielo estrellado. Recorrieron planetas, constelaciones y galaxias. Tiempos y espacios y se quedaron a descansar en una duna de Marte. El planeta Rojo era el cuarto en distancia al sol, el segundo más pequeño. Su vestido rojo se debe a la cantidad de hierro que contiene en su superficie. Es un planeta telúrico con una atmosfera delgada de dióxido de Carbono y posee dos satélites pequeños y de forma irregular, FOBOS y DEIMOS. Su nombre se lo debe al dios de la guerra de la mitología romana (Ares en la mitología griega). Sus características superficiales recuerdan tanto a los cráteres de la Luna como a los valles, desiertos y casquetes polares de la Tierra. Pat llevó a Magali a una cueva que conocía. Discurría un agua bicarbonatada fresquísima. Crecía en las rocas un musgo blanco que sabía a langosta. No le entraba la luz con lo que se quedaron a dormir.
Magali despertó sobresaltada, la tierra se movía y el agua subía rápidamente llegando a la altura en la que estaban descansando. Ya entendemos por qué Marte es un planeta telúrico, es rico en terremotos. Se tele transportaron riendo a carcajadas por el trajín. Ese día Pat y Magali durmieron en el mismo escondite, en el sótano. Magali estaba lista para conocer a los niños..
Claudia Ballester Grifo.
sábado, 21 de diciembre de 2019
MÁS QUE UNA REUNIÓN.
Ríen las risas dientes de perlas.
Lucen las miradas chispas de verbena. No necesita el alma de marisco ni anillo en la copa de cava.
No necesita el talle cinturón de marca ni pieles gruesas tapando la vanidad y las ganas de que vean una felicidad que no lo es, pero queda expuesta.
La mesa con mantel de moda y de grasa y dulces llena. Con candelabro y flores que tapan las caras y cierran la boca. No.
Queremos familia en mesa redonda. Las caras cerca del corazón y las ganas de compartir. Se coma lo que se coma que sea con cariño y los juegos de mesa para alargar la alegría y el disfrute.
Que hable el mimo y la comprensión. El brindis con la ilusión y el villancico a piel y al calor.
Juguemos los adultos, entre nosotros y con los niños. Juguemos que es la forma de conocernos y querernos un poquito más.
Que la musa nos ilumine y este año, seguro, va a ser el mejor.
No olvidéis repartir sonrisa y amabilidad entre los conocidos y los que salen al paso.
No olvidéis que el quererse es la mejor opción. Enmienda la flacidez del rostro, enriquece el brillo de la mirada y el cuerpo baila al són de la pasión.
Claudia Ballester Grifo
Ríen las risas dientes de perlas.
Lucen las miradas chispas de verbena. No necesita el alma de marisco ni anillo en la copa de cava.
No necesita el talle cinturón de marca ni pieles gruesas tapando la vanidad y las ganas de que vean una felicidad que no lo es, pero queda expuesta.
La mesa con mantel de moda y de grasa y dulces llena. Con candelabro y flores que tapan las caras y cierran la boca. No.
Queremos familia en mesa redonda. Las caras cerca del corazón y las ganas de compartir. Se coma lo que se coma que sea con cariño y los juegos de mesa para alargar la alegría y el disfrute.
Que hable el mimo y la comprensión. El brindis con la ilusión y el villancico a piel y al calor.
Juguemos los adultos, entre nosotros y con los niños. Juguemos que es la forma de conocernos y querernos un poquito más.
Que la musa nos ilumine y este año, seguro, va a ser el mejor.
No olvidéis repartir sonrisa y amabilidad entre los conocidos y los que salen al paso.
No olvidéis que el quererse es la mejor opción. Enmienda la flacidez del rostro, enriquece el brillo de la mirada y el cuerpo baila al són de la pasión.
Claudia Ballester Grifo
MIRADA AL SOL.
No. No precisamos perder la piel a palos.
No necesitamos de tanto dolor. Estamos sedientos de amor.
De mares de ternura.
De cariño, de admiración.
Como la cara de un niño pegada en un escaparate de chuches.
Babeando al sabor, al dulzor, a la miel del corazón.
No necesitamos que las lágrimas filtren el alcohol del corazón.
No necesitamos miedo, oscuridad...
Nos sobra tanto resquemor que tan solo alzando la mirada nuestros ojos ven el sol. ❤️🙏
Claudia Ballester Grifo
No. No precisamos perder la piel a palos.
No necesitamos de tanto dolor. Estamos sedientos de amor.
De mares de ternura.
De cariño, de admiración.
Como la cara de un niño pegada en un escaparate de chuches.
Babeando al sabor, al dulzor, a la miel del corazón.
No necesitamos que las lágrimas filtren el alcohol del corazón.
No necesitamos miedo, oscuridad...
Nos sobra tanto resquemor que tan solo alzando la mirada nuestros ojos ven el sol. ❤️🙏
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT.
(Continuación 6)
Volaron a través del tiempo al Egipto de los faraones. El vampiro y los tres niños disfrutando de una aventura llena de misterio. Aterrizaron en la habitación de Tutankamón. Lo pudieron observar en su tálamo nupcial. Dos niños abrazados como si fueran hermanos y realmente lo eran por parte de padre, Akenatón. Una hermosa pintura hablaba con la luz de los colores. Tutankamón perteneciente a la Dinastía XVIII. Imagen viva de Atón. Era hijo de Akenatón y una hermana suya por lo tanto era un hijo producto de incesto. La niña que dormía a su lado era Ankesenamen, la que vive por Atón, hija de Akenatón y de la Gran Esposa Real, Nefertiti. Doble relación incestuosa. La divinidad del faraón se mantenía en la familia. No era extraño relaciones entre padres e hijos, hermanos incluso abuelos y nietas.
Ankesenamen abrió los ojos sin dejar tiempo a la reacción de los niños. Pat congeló su grito y tranquilizó mentalmente a la niña de 13 años. Mélani tenía 10 años y se quedó ojiplástica. ¿Cómo podía ser Reina y estar casada esa criatura? Se hicieron amigas. Una morena frente a una rubia. Pieles blancas, mirada de noche versus verde mar. La reina se quitó su brazalete y se lo dio a Mélani, sabía que no la volvería a ver.
Al primer bostezo del faraón desaparecieron. En el Valle de los Reyes encontraron su tumba, murió a los 19 años, atormentado de dolores óseos por tara genética y aquejado de malaria. Su mujer se casó con su abuelo, Ay. En las nuevas nupcias tiró el ramo de flores a la nada para que lo recogiera Mélani. Por la mañana en la habitación de Mélani, el olor de rosas despertó a la bella durmiente. Pat dormía en el sótano tras saciar su sed con unos moluscos que dejaron su reguero baboso como prueba de su presencia.
Daniel y Mélani se fueron al cole tan frescos como si hubieran dormido toda la noche. Se sentían fuertes y llenos de vigor. Su secreto a salvo, David durmió un poco más y se levantó con un apetito atroz, vivía en un cuento...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 6)
Volaron a través del tiempo al Egipto de los faraones. El vampiro y los tres niños disfrutando de una aventura llena de misterio. Aterrizaron en la habitación de Tutankamón. Lo pudieron observar en su tálamo nupcial. Dos niños abrazados como si fueran hermanos y realmente lo eran por parte de padre, Akenatón. Una hermosa pintura hablaba con la luz de los colores. Tutankamón perteneciente a la Dinastía XVIII. Imagen viva de Atón. Era hijo de Akenatón y una hermana suya por lo tanto era un hijo producto de incesto. La niña que dormía a su lado era Ankesenamen, la que vive por Atón, hija de Akenatón y de la Gran Esposa Real, Nefertiti. Doble relación incestuosa. La divinidad del faraón se mantenía en la familia. No era extraño relaciones entre padres e hijos, hermanos incluso abuelos y nietas.
Ankesenamen abrió los ojos sin dejar tiempo a la reacción de los niños. Pat congeló su grito y tranquilizó mentalmente a la niña de 13 años. Mélani tenía 10 años y se quedó ojiplástica. ¿Cómo podía ser Reina y estar casada esa criatura? Se hicieron amigas. Una morena frente a una rubia. Pieles blancas, mirada de noche versus verde mar. La reina se quitó su brazalete y se lo dio a Mélani, sabía que no la volvería a ver.
Al primer bostezo del faraón desaparecieron. En el Valle de los Reyes encontraron su tumba, murió a los 19 años, atormentado de dolores óseos por tara genética y aquejado de malaria. Su mujer se casó con su abuelo, Ay. En las nuevas nupcias tiró el ramo de flores a la nada para que lo recogiera Mélani. Por la mañana en la habitación de Mélani, el olor de rosas despertó a la bella durmiente. Pat dormía en el sótano tras saciar su sed con unos moluscos que dejaron su reguero baboso como prueba de su presencia.
Daniel y Mélani se fueron al cole tan frescos como si hubieran dormido toda la noche. Se sentían fuertes y llenos de vigor. Su secreto a salvo, David durmió un poco más y se levantó con un apetito atroz, vivía en un cuento...
Claudia Ballester Grifo.
AGOBIO.
Parpadean las luces en el árbol de Navidad.
Ramas ralas de metal eléctrico,
armonizadas con el guiño del aura blanca.
Vuela mi imaginación
empujando el carro de mi
esfuerzo, mientras Eolo
reconforta el sudor del
agobio.
Empeño en continuar,
siempre a delante, aunque
haya que parar para recuperar
resuello.
Costra en la piel,
roce en el camino.
Susurro de la ola
que refresca el cansancio
y alivia las cadenas
de un penar castizo.
Se puede, sí.
Si hay empeño y compromiso.
Si el amor empapa el
miedo.
Si el cariño es el forro
del corazón, latiendo
a pesar del caprichoso
destino.
Claudia Ballester Grifo
Parpadean las luces en el árbol de Navidad.
Ramas ralas de metal eléctrico,
armonizadas con el guiño del aura blanca.
Vuela mi imaginación
empujando el carro de mi
esfuerzo, mientras Eolo
reconforta el sudor del
agobio.
Empeño en continuar,
siempre a delante, aunque
haya que parar para recuperar
resuello.
Costra en la piel,
roce en el camino.
Susurro de la ola
que refresca el cansancio
y alivia las cadenas
de un penar castizo.
Se puede, sí.
Si hay empeño y compromiso.
Si el amor empapa el
miedo.
Si el cariño es el forro
del corazón, latiendo
a pesar del caprichoso
destino.
Claudia Ballester Grifo
CARIÑO.
Tu mirada de párpado cerrado.
Frente nívea nadando en los matices del amarillo más ceniciento.
Temblor de labio en tímida sonrisa.
Lloran tus manos el no hacer nada.
Mamá querida, sufro la noria de tu mente, el vértigo de tu delirio.
A tu lado en la cama, sin tocarte te doy mimo.
Pena mi ánimo, sufren mis ganas, languideces ante mis ojos, lloran mis sentidos.
Esa gotita de caldo, oro de amor derretido. Besa tus labios, reconforta la pérdida de salud, alivia el desatino.
Mis ojos con el cerrado de los tuyos. Acompaño tu mano, dirijo tu camino.
Madre querida, estoy contigo.
Claudia Ballester Grifo
Tu mirada de párpado cerrado.
Frente nívea nadando en los matices del amarillo más ceniciento.
Temblor de labio en tímida sonrisa.
Lloran tus manos el no hacer nada.
Mamá querida, sufro la noria de tu mente, el vértigo de tu delirio.
A tu lado en la cama, sin tocarte te doy mimo.
Pena mi ánimo, sufren mis ganas, languideces ante mis ojos, lloran mis sentidos.
Esa gotita de caldo, oro de amor derretido. Besa tus labios, reconforta la pérdida de salud, alivia el desatino.
Mis ojos con el cerrado de los tuyos. Acompaño tu mano, dirijo tu camino.
Madre querida, estoy contigo.
Claudia Ballester Grifo
viernes, 20 de diciembre de 2019
FELIZ NAVIDAD.
Subida en la nube que se inflama
bajo los rayos del sol.
Cabalgando por las arenas
de los cielos,
recogiendo ramilletes
de ilusión y color.
Flores preciosas en el
panel del inspirado pintor.
Calma estanca del viento
que decidió esconder su fragor.
Marte descansa y Afrodita
abraza con el amor.
Ríen las ninfas en el
espejo del agua tranquila.
Rie la vida y el cascabel
de Navidad contagia con
su canción.
Llueven villancicos,
la sonrisa encadena
sonrisa y la buena voluntad
llena las calles de un vaho
protector y enriquecedor.
El corazón sale del pecho
buscando su amor.
Nieva en la bola de Navidad,
se enciende el fuego del hogar.
El quererse es obligación
total.
Feliz, muy feliz Navidad.
Claudia Ballester Grifo
Subida en la nube que se inflama
bajo los rayos del sol.
Cabalgando por las arenas
de los cielos,
recogiendo ramilletes
de ilusión y color.
Flores preciosas en el
panel del inspirado pintor.
Calma estanca del viento
que decidió esconder su fragor.
Marte descansa y Afrodita
abraza con el amor.
Ríen las ninfas en el
espejo del agua tranquila.
Rie la vida y el cascabel
de Navidad contagia con
su canción.
Llueven villancicos,
la sonrisa encadena
sonrisa y la buena voluntad
llena las calles de un vaho
protector y enriquecedor.
El corazón sale del pecho
buscando su amor.
Nieva en la bola de Navidad,
se enciende el fuego del hogar.
El quererse es obligación
total.
Feliz, muy feliz Navidad.
Claudia Ballester Grifo
MÉLANI DESCUBRIÓ A PAT.
(Continuación 5)
Una noche Mélani oyó un ruido persistente. Se levantó con la incertidumbre del que intuye que pasa algo, pero no se lo acaba de creer. Recorrió la casa sin ver nada y se fue al aseo antes de volver a la cama. Se sentó en el inodoro. Notó un impacto en su trasero. Medio dormida se levantó de un salto y las fauces de un cocodrilo aparecieron ante sus ojos. No se lo podía creer. Cerró la tapa del wáter gritando con la voz ahogada. El único que la escuchó fue Pat que salía a una de sus incursiones nocturnas. Entró en el aseo a socorrerla y la pobre se desmayó al verlo. Pat se alimentó del saurio. Mientras secaba su cuerpo iba viendo imágenes de la vida de la víctima. Lo visualizó siendo una cría entre humanos. Lo habían acogido como juguete y al crecer, viéndolo un peligro lo habían tirado por el sanitario. Notó su vida mientras se desvanecía la energía. Lo vio cazando ratas en las alcantarillas y el espacio se le quedaba reducido, buscaba una salida. Se equivocó, no era el camino hacia el rio. Pat lo arrastró consigo y ambos desaparecieron en la espesura de la noche.
Daniel encontró por la mañana a Mélani en el suelo del baño. Su hermana tenía muy mal color de cara. Le ayudó a llegar a la cama y le preguntó por lo que había pasado. Le habló de Pat, un pato con colmillos. Daniel pensó que todo había sido fruto de una pesadilla. Un pato vampiro y un cocodrilo era mucho pedir para una mente racional como la suya. Se preparó el almuerzo y se fue a la escuela dejando a su hermana que descansase.
David termino su desayuno y subió a la cama con la hermana. Sus dos años le concedía un plus de ingenuidad que le permitía imaginar sin prejuicios. Él conocía a Pat. Lo había visto subir por las escaleras de la bodega, pero no le dio importancia. Era uno más de la casa. El cocodrilo le impactó, no volvería a sentarse a hacer pis sin mirar.
Cuando volvió Daniel del cole quedaron de acuerdo los tres para cazar a Pat. Y esa noche se juntaron a las doce en la puerta de la bodega. Mientras ascendía por las escaleras el vampiro iba hablando con ellos telepáticamente. Estaba solo y deseaba una familia, ellos eran su familia. Los protegería y les enseñaría cosas que en su vida mortal les iba a costar toda una vida aprender. Sin preguntas se fueron con él.
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 5)
Una noche Mélani oyó un ruido persistente. Se levantó con la incertidumbre del que intuye que pasa algo, pero no se lo acaba de creer. Recorrió la casa sin ver nada y se fue al aseo antes de volver a la cama. Se sentó en el inodoro. Notó un impacto en su trasero. Medio dormida se levantó de un salto y las fauces de un cocodrilo aparecieron ante sus ojos. No se lo podía creer. Cerró la tapa del wáter gritando con la voz ahogada. El único que la escuchó fue Pat que salía a una de sus incursiones nocturnas. Entró en el aseo a socorrerla y la pobre se desmayó al verlo. Pat se alimentó del saurio. Mientras secaba su cuerpo iba viendo imágenes de la vida de la víctima. Lo visualizó siendo una cría entre humanos. Lo habían acogido como juguete y al crecer, viéndolo un peligro lo habían tirado por el sanitario. Notó su vida mientras se desvanecía la energía. Lo vio cazando ratas en las alcantarillas y el espacio se le quedaba reducido, buscaba una salida. Se equivocó, no era el camino hacia el rio. Pat lo arrastró consigo y ambos desaparecieron en la espesura de la noche.
Daniel encontró por la mañana a Mélani en el suelo del baño. Su hermana tenía muy mal color de cara. Le ayudó a llegar a la cama y le preguntó por lo que había pasado. Le habló de Pat, un pato con colmillos. Daniel pensó que todo había sido fruto de una pesadilla. Un pato vampiro y un cocodrilo era mucho pedir para una mente racional como la suya. Se preparó el almuerzo y se fue a la escuela dejando a su hermana que descansase.
David termino su desayuno y subió a la cama con la hermana. Sus dos años le concedía un plus de ingenuidad que le permitía imaginar sin prejuicios. Él conocía a Pat. Lo había visto subir por las escaleras de la bodega, pero no le dio importancia. Era uno más de la casa. El cocodrilo le impactó, no volvería a sentarse a hacer pis sin mirar.
Cuando volvió Daniel del cole quedaron de acuerdo los tres para cazar a Pat. Y esa noche se juntaron a las doce en la puerta de la bodega. Mientras ascendía por las escaleras el vampiro iba hablando con ellos telepáticamente. Estaba solo y deseaba una familia, ellos eran su familia. Los protegería y les enseñaría cosas que en su vida mortal les iba a costar toda una vida aprender. Sin preguntas se fueron con él.
Claudia Ballester Grifo.
jueves, 19 de diciembre de 2019
CRISTALES ROTOS.
Mirando con la esmeralda
de tus ojos,
con la claridad del cristal
de lo precioso.
Observando el despliegue
de lo complicado de ver,
la ignorancia de unos
y la indiferencia de otros.
Mirando el dinero empedrando
calles y robando mantas
al calor humano.
Sonriendo al que canta
en vaho de vino barato,
dejando su cuerpo
desmadejado en un banco.
Deslizándose las siluetas,
silentes y transparentes,
ahogando sus pasos,
sembrando de huellas
la ausencia.
Mirando la saeta,
quebrando el llanto de los
que cayeron desde lo alto.
Guijarros del camino
que se fueron clavando
en las rodillas humilladas.
Semblantes cenicientos,
a través de unos cristales
verdes.
Mundo mudo,
fantasmal y agónico,
lastre de cadenas
en el sendero oscuro,
que lleva a un castillo
rodeado de sombras y
maleza.
¿Quién romperá el hechizo?
Claudia Ballester Grifo
Mirando con la esmeralda
de tus ojos,
con la claridad del cristal
de lo precioso.
Observando el despliegue
de lo complicado de ver,
la ignorancia de unos
y la indiferencia de otros.
Mirando el dinero empedrando
calles y robando mantas
al calor humano.
Sonriendo al que canta
en vaho de vino barato,
dejando su cuerpo
desmadejado en un banco.
Deslizándose las siluetas,
silentes y transparentes,
ahogando sus pasos,
sembrando de huellas
la ausencia.
Mirando la saeta,
quebrando el llanto de los
que cayeron desde lo alto.
Guijarros del camino
que se fueron clavando
en las rodillas humilladas.
Semblantes cenicientos,
a través de unos cristales
verdes.
Mundo mudo,
fantasmal y agónico,
lastre de cadenas
en el sendero oscuro,
que lleva a un castillo
rodeado de sombras y
maleza.
¿Quién romperá el hechizo?
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT.
(Continuación 4)
Un sonido estremecedor arrancó la placidez de la noche. Pat aún dormía en su caja cuando notó la angustia de su compañera. Corrió con todas sus fuerzas hasta la ermita. No encontró a Magali, pero halló un rizo dorado pendiendo de la rama de un naranjo. Desalentado por la desaparición conociendo la preocupación de Magali por ser descubierta se temió lo peor. Intentaba utilizar sus poderes ultrasónicos, no entendía nada. Magali interrumpía la comunicación, no deseaba que la encontrara.
La vampira rodaba por el suelo envuelta en llamas, su atacante reía la venganza. El monstruo la había descubierto y quería acabar con su belleza. Sería dueña de su destino, pero la desposeía de lo que él deseaba y le era negado. Medio consumida llegó al agua del rio. El lobo desapareció. Libre del yugo del amo abrió su mente para que entrara Pat. Su amigo la halló en un estado lamentable. Ella le había evitado el peligro de encontrarse con el lobo. Pat lloraba. Magali se ocultaba entre sus brazos.
Magali decidió curar sus heridas en el fondo del lago. En la oscuridad de sus aguas se mantendría completamente aislada. Pat debía aceptar su decisión. El conde se alejó apesadumbrado de su amiga. Se había acostumbrado a su compañía y volver a vagar solo le sumía en una tristeza agobiante.
Pasaron diez años hasta que una noche Pat descubrió un trozo de tela del vestido de Magali. Lo halló en la orilla del lago e inmediatamente agudizó sus extraordinarios sentidos para captar la presencia de la amiga. En su cabeza aparecieron las imágenes representadas como en una magnifica pantalla virtual. Observaba a Magali en el fondo del lago llena de frustración y miseria. Su necesidad de alimento tan desesperada le hería. La veía cazando roedores y serpientes. Captaba perfectamente las imágenes pasadas, pero no podía encontrar el paradero actual de la vampira.
Magali jugaba con él. Sus risas ensordecieron los sensibles oídos de Pat. Una estentórea carcajada ensombreció el cálido afecto del vampiro. La pata le abrazó por la espalda sorprendiéndole. Rodaron los dos por el suelo parando sus volteretas una roca. Pat, mareado, observó la figura desmadejada de su amiga. Llevaba el mismo vestido que la última vez que la vio. Su preciosa túnica conservaba el moho de la humedad y su gasa raída le confería un aspecto similar al de los esclavos de las galeras. Los suaves hombros de antaño presentaban unos cóndilos alzados en armas, es decir, se mostraban excesivamente descarnados. Las clavículas pedían clemencia. Magali estaba más delgada que el palo de una escoba. Su enmarañado pelo confirmaba la comparación con el instrumento hacedor de polvo y limpiador de basura. No se había molestado en adecentar su imagen. Sus hermosos rizos rubios sucumbían ante el estropajoso matojo de pelo ceniza.
Pat observó con horror la mirada de su amiga. La halló totalmente extraviada. Su mirada no se centraba y sus ojos bizqueaban exageradamente. No había duda, Magali había enloquecido...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 4)
Un sonido estremecedor arrancó la placidez de la noche. Pat aún dormía en su caja cuando notó la angustia de su compañera. Corrió con todas sus fuerzas hasta la ermita. No encontró a Magali, pero halló un rizo dorado pendiendo de la rama de un naranjo. Desalentado por la desaparición conociendo la preocupación de Magali por ser descubierta se temió lo peor. Intentaba utilizar sus poderes ultrasónicos, no entendía nada. Magali interrumpía la comunicación, no deseaba que la encontrara.
La vampira rodaba por el suelo envuelta en llamas, su atacante reía la venganza. El monstruo la había descubierto y quería acabar con su belleza. Sería dueña de su destino, pero la desposeía de lo que él deseaba y le era negado. Medio consumida llegó al agua del rio. El lobo desapareció. Libre del yugo del amo abrió su mente para que entrara Pat. Su amigo la halló en un estado lamentable. Ella le había evitado el peligro de encontrarse con el lobo. Pat lloraba. Magali se ocultaba entre sus brazos.
Magali decidió curar sus heridas en el fondo del lago. En la oscuridad de sus aguas se mantendría completamente aislada. Pat debía aceptar su decisión. El conde se alejó apesadumbrado de su amiga. Se había acostumbrado a su compañía y volver a vagar solo le sumía en una tristeza agobiante.
Pasaron diez años hasta que una noche Pat descubrió un trozo de tela del vestido de Magali. Lo halló en la orilla del lago e inmediatamente agudizó sus extraordinarios sentidos para captar la presencia de la amiga. En su cabeza aparecieron las imágenes representadas como en una magnifica pantalla virtual. Observaba a Magali en el fondo del lago llena de frustración y miseria. Su necesidad de alimento tan desesperada le hería. La veía cazando roedores y serpientes. Captaba perfectamente las imágenes pasadas, pero no podía encontrar el paradero actual de la vampira.
Magali jugaba con él. Sus risas ensordecieron los sensibles oídos de Pat. Una estentórea carcajada ensombreció el cálido afecto del vampiro. La pata le abrazó por la espalda sorprendiéndole. Rodaron los dos por el suelo parando sus volteretas una roca. Pat, mareado, observó la figura desmadejada de su amiga. Llevaba el mismo vestido que la última vez que la vio. Su preciosa túnica conservaba el moho de la humedad y su gasa raída le confería un aspecto similar al de los esclavos de las galeras. Los suaves hombros de antaño presentaban unos cóndilos alzados en armas, es decir, se mostraban excesivamente descarnados. Las clavículas pedían clemencia. Magali estaba más delgada que el palo de una escoba. Su enmarañado pelo confirmaba la comparación con el instrumento hacedor de polvo y limpiador de basura. No se había molestado en adecentar su imagen. Sus hermosos rizos rubios sucumbían ante el estropajoso matojo de pelo ceniza.
Pat observó con horror la mirada de su amiga. La halló totalmente extraviada. Su mirada no se centraba y sus ojos bizqueaban exageradamente. No había duda, Magali había enloquecido...
Claudia Ballester Grifo.
miércoles, 18 de diciembre de 2019
El amor tiene que ser algo más sencillo, más natural, más fresco.
Ni pide, ni reclama, solo da.
No espera nada y recibe porque no puede ser de otra manera.
La sonrisa afloja los sentidos cuando lo ves y las mariposas agitan sus alas en el estómago.
Se hace la luz y se adueña el silencio más absoluto del espacio y del tiempo.
Solo vives para el amor y él te arrastra y tú lo sigues. 🌹
Claudia Ballester Grifo
Ni pide, ni reclama, solo da.
No espera nada y recibe porque no puede ser de otra manera.
La sonrisa afloja los sentidos cuando lo ves y las mariposas agitan sus alas en el estómago.
Se hace la luz y se adueña el silencio más absoluto del espacio y del tiempo.
Solo vives para el amor y él te arrastra y tú lo sigues. 🌹
Claudia Ballester Grifo
EL CONDE PAT.
(Continuación 3)
No, no vio su reflejo en el espejo. Notó el aliento en su garganta y se hizo de noche. Convertido en un gran murciélago, dueño absoluto de la oscuridad la trasladó a un acantilado remoto, Surcaron el cielo desafiando a la naturaleza, la introdujo en una cueva de la tierra de nadie. Cuando Magali despertó del shock se encontró al monstruo durmiendo a su lado. El día besaba la cueva sin rozarla, más allá el acantilado. Nadie oía sus lamentos. Desorientada, sin reconocer nada de lo que la rodeaba se acogía a sus recuerdos para conservar la cordura.
El monstruo parecía dormido. Magali se percató de que no respiraba. Se trataba de un lobo negro con unas fauces impresionantes. Hecho un ovillo permanecía como sin vida, totalmente inerte. Ella no comprendía, no sabía qué hacia allí ni lo que le deparaba el destino. Sin comida ni bebida sus días estaban contados. Con la aparición de las estrellas el vampiro despertó de su descanso. El espacio en la cueva era reducido. Magali sudaba profusamente. Los colmillos se acercaban, el chupasangre requería su sangre y más aún, su compañía eterna. La mordió sin misericordia, una y otra vez hasta agotar su sangre. De esta manera el vínculo creado entre amo y víctima era irrompible. Para suerte de la hermosa pata el vampiro descuidó la prudencia y, aunque convirtió a su víctima en vampiro quedó algo de su ser intacto, con lo que la repulsa a su creador surgió inevitable.
Magali escapó de su torturador utilizando las artes del vampiro. Despertó un poco antes que el lobo y voló acompañada por la fuerza de las corrientes. Solo pensó en escapar de la cueva, no sabía dónde dirigirse, no entendía de su nueva existencia, menospreció los poderes de su especie, el lobo la encontró. El monstruo apareció temible. Magali optó por la servidumbre, acalló las iras del amo. Debía aprender a su lado para formarse a sí misma. Recorrió con él muchos bosques, en medio de enmarañada vegetación acechaban a sus víctimas. Aprendió a cazar y a orientarse en la noche. Descubrió sus rápidos movimientos y el sabor de la sangre. Se mostró permisiva con su compañero y le engañó. Cuando supo suficiente, escapó. Magali huiría siempre de su dueño. Sabía que no podía relajarse, él no le permitiría ninguna oportunidad alejada de su lado.
Pat abrazó a su amiga. Notaba el estremecimiento que produce el miedo, lo había notado en muchas víctimas. La aurora amenazaba con alcanzar sus sombras enlazadas. Cada uno se refugió en su escondite...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 3)
No, no vio su reflejo en el espejo. Notó el aliento en su garganta y se hizo de noche. Convertido en un gran murciélago, dueño absoluto de la oscuridad la trasladó a un acantilado remoto, Surcaron el cielo desafiando a la naturaleza, la introdujo en una cueva de la tierra de nadie. Cuando Magali despertó del shock se encontró al monstruo durmiendo a su lado. El día besaba la cueva sin rozarla, más allá el acantilado. Nadie oía sus lamentos. Desorientada, sin reconocer nada de lo que la rodeaba se acogía a sus recuerdos para conservar la cordura.
El monstruo parecía dormido. Magali se percató de que no respiraba. Se trataba de un lobo negro con unas fauces impresionantes. Hecho un ovillo permanecía como sin vida, totalmente inerte. Ella no comprendía, no sabía qué hacia allí ni lo que le deparaba el destino. Sin comida ni bebida sus días estaban contados. Con la aparición de las estrellas el vampiro despertó de su descanso. El espacio en la cueva era reducido. Magali sudaba profusamente. Los colmillos se acercaban, el chupasangre requería su sangre y más aún, su compañía eterna. La mordió sin misericordia, una y otra vez hasta agotar su sangre. De esta manera el vínculo creado entre amo y víctima era irrompible. Para suerte de la hermosa pata el vampiro descuidó la prudencia y, aunque convirtió a su víctima en vampiro quedó algo de su ser intacto, con lo que la repulsa a su creador surgió inevitable.
Magali escapó de su torturador utilizando las artes del vampiro. Despertó un poco antes que el lobo y voló acompañada por la fuerza de las corrientes. Solo pensó en escapar de la cueva, no sabía dónde dirigirse, no entendía de su nueva existencia, menospreció los poderes de su especie, el lobo la encontró. El monstruo apareció temible. Magali optó por la servidumbre, acalló las iras del amo. Debía aprender a su lado para formarse a sí misma. Recorrió con él muchos bosques, en medio de enmarañada vegetación acechaban a sus víctimas. Aprendió a cazar y a orientarse en la noche. Descubrió sus rápidos movimientos y el sabor de la sangre. Se mostró permisiva con su compañero y le engañó. Cuando supo suficiente, escapó. Magali huiría siempre de su dueño. Sabía que no podía relajarse, él no le permitiría ninguna oportunidad alejada de su lado.
Pat abrazó a su amiga. Notaba el estremecimiento que produce el miedo, lo había notado en muchas víctimas. La aurora amenazaba con alcanzar sus sombras enlazadas. Cada uno se refugió en su escondite...
Claudia Ballester Grifo.
martes, 17 de diciembre de 2019
Somos todos iguales y no.
Somos todos importantes y no.
Cada individuo es único como las rayas de las cebras.
Con su experiencia de vida y su forma particular de ver las cosas.
Somos importantes para nosotros y para los nuestros.
El tesoro más preciado.
Sin embargo formamos parte de una cadena donde cada eslabón la refuerza y la consolida.
Somos uno en la supervivencia.
Unamos fuerzas y dejemos de ver en la individualidad, la importancia.
Claudia Ballester Grifo
Somos todos importantes y no.
Cada individuo es único como las rayas de las cebras.
Con su experiencia de vida y su forma particular de ver las cosas.
Somos importantes para nosotros y para los nuestros.
El tesoro más preciado.
Sin embargo formamos parte de una cadena donde cada eslabón la refuerza y la consolida.
Somos uno en la supervivencia.
Unamos fuerzas y dejemos de ver en la individualidad, la importancia.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 16 de diciembre de 2019
EL CONDE PAT
(Continuación 2)
Un halo misterioso cubría el bosque. El pato con su vista de larga distancia llegó a distinguir una silueta envuelta en tules que se dirigía hacia él. Una preciosa pata de larga melena rubia le llamaba por su nombre. No parecía una figura real, andaba como flotando y se deslizaba con suma rapidez. Sus enormes ojos azules esclavizaron a nuestro protagonista y cayó rendido a sus pies. Se trataba de una hermana del festín de la sangre, mucho más veterana que Pat por lo que sus poderes se mostraban superiores. Compartieron la sangre de un pobre conejo que se cruzó desorientado en su camino, de esta forma unieron sus caminos para siempre.
A la salida del sol cada uno descansaba en su lugar de reposo. Tuvieron que despedirse de forma precipitada, el tiempo insolente pulverizó su compañía y juntando sus picos prometieron volver a encontrarse. Pat soñaba con la aparición de su compañera, ya no se sentía solo. El día cálido despertó la vida en el bosque y, en la casa, la familia emprendió sus labores. Mélani y Daniel seguían el sendero para llegar al colegio. Debían darse prisa porque ya se oía el timbre de entrada. David se quedaba en casa con mamá, su edad le permitía prescindir de las obligaciones. Papá se encontraba ya en el trabajo. David miró hacía la puerta abierta de la bodega, su amiguito no aparecía, no dijo nada, debía el secreto.
Una noche más acompañó a nuestro pato vampiro. Sus correrías cobraron interés con la presencia de su amiga. La linda pata se llamaba Magali y procedía de Guatemala. Llegó a Castellón en barco. Pasó inadvertida entre los pasajeros y procuró alimentarse sin cobrarse ninguna víctima, solo sorbía un poco de sangre mientras dormían sin llegar nunca a vaciarlos. Notó una voz desde Almazora que la llamaba. Intuía que un personaje igual que ella vagaba sólo en la noche y buscaba compañía. Las dos almas gemelas se encontraron y juntos encaminaron sus pasos a la ópera. La obra de Verdi, Aída, prometía. Su historia de amor egipcio ensalzaba sus emociones. La princesa egipcia enamorada de un esclavo se escapó con él. El ejercito del faraón, su padre, les dio caza y fueron condenados a morir por asfixia dentro de sus sarcófagos. El artista que creó las tumbas funerarias se apiadó de los amantes y comunicó las piedras para que pudieran unir sus manos en la agonía. Magali lloraba profusamente, Pat la abrazó tiernamente para procurarle consuelo. Salieron de la opera endulzados por la tragedia...
Claudia Ballester Grifo.
(Continuación 2)
Un halo misterioso cubría el bosque. El pato con su vista de larga distancia llegó a distinguir una silueta envuelta en tules que se dirigía hacia él. Una preciosa pata de larga melena rubia le llamaba por su nombre. No parecía una figura real, andaba como flotando y se deslizaba con suma rapidez. Sus enormes ojos azules esclavizaron a nuestro protagonista y cayó rendido a sus pies. Se trataba de una hermana del festín de la sangre, mucho más veterana que Pat por lo que sus poderes se mostraban superiores. Compartieron la sangre de un pobre conejo que se cruzó desorientado en su camino, de esta forma unieron sus caminos para siempre.
A la salida del sol cada uno descansaba en su lugar de reposo. Tuvieron que despedirse de forma precipitada, el tiempo insolente pulverizó su compañía y juntando sus picos prometieron volver a encontrarse. Pat soñaba con la aparición de su compañera, ya no se sentía solo. El día cálido despertó la vida en el bosque y, en la casa, la familia emprendió sus labores. Mélani y Daniel seguían el sendero para llegar al colegio. Debían darse prisa porque ya se oía el timbre de entrada. David se quedaba en casa con mamá, su edad le permitía prescindir de las obligaciones. Papá se encontraba ya en el trabajo. David miró hacía la puerta abierta de la bodega, su amiguito no aparecía, no dijo nada, debía el secreto.
Una noche más acompañó a nuestro pato vampiro. Sus correrías cobraron interés con la presencia de su amiga. La linda pata se llamaba Magali y procedía de Guatemala. Llegó a Castellón en barco. Pasó inadvertida entre los pasajeros y procuró alimentarse sin cobrarse ninguna víctima, solo sorbía un poco de sangre mientras dormían sin llegar nunca a vaciarlos. Notó una voz desde Almazora que la llamaba. Intuía que un personaje igual que ella vagaba sólo en la noche y buscaba compañía. Las dos almas gemelas se encontraron y juntos encaminaron sus pasos a la ópera. La obra de Verdi, Aída, prometía. Su historia de amor egipcio ensalzaba sus emociones. La princesa egipcia enamorada de un esclavo se escapó con él. El ejercito del faraón, su padre, les dio caza y fueron condenados a morir por asfixia dentro de sus sarcófagos. El artista que creó las tumbas funerarias se apiadó de los amantes y comunicó las piedras para que pudieran unir sus manos en la agonía. Magali lloraba profusamente, Pat la abrazó tiernamente para procurarle consuelo. Salieron de la opera endulzados por la tragedia...
Claudia Ballester Grifo.
POLLUELO.
Como la pluma cae del nido,
así de suaves y ligeros
me llegan tus pensamientos.
Se achispa el manto de
tus ojos negros.
Se ilumina el nácar de
tu piel con rubor encendido,
de la que sabe que dice
sin querer descubrir.
Tertúlia de amigas,
desprovistas de coraza
y con empeño de compartir.
Espliego en el campo
abierto.
Horizonte celeste para
brillar y lucir.
Varita de hada,
¡pachuli, chilá!
el embrujo del diálogo
se ha dado ya.
Vuelan las musas,
creando ilusiones,
conformando proyectos.
La mente juega con agujeros
negros,
pero la luz llega a absorberlo
todo, o casi.
La luz cura si el cariño
marca el empeño.
Claudia Ballester Grifo
Como la pluma cae del nido,
así de suaves y ligeros
me llegan tus pensamientos.
Se achispa el manto de
tus ojos negros.
Se ilumina el nácar de
tu piel con rubor encendido,
de la que sabe que dice
sin querer descubrir.
Tertúlia de amigas,
desprovistas de coraza
y con empeño de compartir.
Espliego en el campo
abierto.
Horizonte celeste para
brillar y lucir.
Varita de hada,
¡pachuli, chilá!
el embrujo del diálogo
se ha dado ya.
Vuelan las musas,
creando ilusiones,
conformando proyectos.
La mente juega con agujeros
negros,
pero la luz llega a absorberlo
todo, o casi.
La luz cura si el cariño
marca el empeño.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 15 de diciembre de 2019
CONDE PAT
(Continuación 1)
Oyó algo sobre un conde al que le impusieron el nombre de Pat. El proceso de la inmortalidad, seguir vivo por todos los tiempos llegaba a su mente de forma vaga. De pronto notó el aliento cálido del confidente, temblaba de respeto ante aquellos colmillos. La figura desapareció evaporándose en la noche.
La aurora amenazaba la llegada del día. El pequeño descubrió una casa y sin dudarlo se deslizó por una ventana abierta. Los ocupantes dormían, el tiempo apremiaba. Un letrero resplandeció en la oscuridad, se dejó llevar por su intuición y bajó las escaleras del sótano, la palabra “bodega” le sonaba protectora. Reconoció su agotamiento y cayó rendido dentro de una caja destartalada cubierto por mil retales olvidados.
Las doce de la noche sonaban en el campanario del pueblo. Las campanas tañían con parsimonia y un bostezo se oyó en el fondo de la bodega. El conde Pat empujó con suavidad la tapa de la caja que le servía de cobijo. Sentado en el receptáculo desperezó sus miembros engarrotados y de un salto se plantó en medio de la estancia. El silencio de la vivienda evidenciaba que la familia dormía, era una suerte que no tuviera por costumbre cerrar con llave la puerta de la bodega. Con pasos cautelosos el vampiro subió las escaleras y mirando a ambos lados se asomó por la puerta. Mélani se dirigía al cuarto de baño medio dormida. La niña de nueve años no conocía la existencia de la criatura que convivía con ellos, tan solo David, el pequeño de dos años, se había encontrado con la versión buena del pato. Una vez desapareció el peligro Pat accedió al bosque por la ventana del comedor.
Habían pasado los años y ya no quedaba nada de la pequeña ave. Su gallardo cuerpo se cubría de unas plumas deslumbrantes, el blanco nuclear refulgía en la noche. Cuello esbelto engalanado con una pajarita de raso negro. Ojos negros, penetrantes en la mente de sus víctimas. La sangre que bebía le proporcionaba eterna juventud y él se sentía satisfecho de su apostura.
Sentía un apetito voraz. La primera sangre que obtenía era la que más placer le procuraba. Acercándose al río observó un puerco espín que bebía plácidamente de las tranquilas aguas. Le sorprendió por la espalda y antes de que se pudiera dar cuenta languidecía entre los colmillos del chupasangre. Pat se relamió del sustancioso aperitivo y prosiguió su búsqueda...
Claudia Ballester Grifo
(Continuación 1)
Oyó algo sobre un conde al que le impusieron el nombre de Pat. El proceso de la inmortalidad, seguir vivo por todos los tiempos llegaba a su mente de forma vaga. De pronto notó el aliento cálido del confidente, temblaba de respeto ante aquellos colmillos. La figura desapareció evaporándose en la noche.
La aurora amenazaba la llegada del día. El pequeño descubrió una casa y sin dudarlo se deslizó por una ventana abierta. Los ocupantes dormían, el tiempo apremiaba. Un letrero resplandeció en la oscuridad, se dejó llevar por su intuición y bajó las escaleras del sótano, la palabra “bodega” le sonaba protectora. Reconoció su agotamiento y cayó rendido dentro de una caja destartalada cubierto por mil retales olvidados.
Las doce de la noche sonaban en el campanario del pueblo. Las campanas tañían con parsimonia y un bostezo se oyó en el fondo de la bodega. El conde Pat empujó con suavidad la tapa de la caja que le servía de cobijo. Sentado en el receptáculo desperezó sus miembros engarrotados y de un salto se plantó en medio de la estancia. El silencio de la vivienda evidenciaba que la familia dormía, era una suerte que no tuviera por costumbre cerrar con llave la puerta de la bodega. Con pasos cautelosos el vampiro subió las escaleras y mirando a ambos lados se asomó por la puerta. Mélani se dirigía al cuarto de baño medio dormida. La niña de nueve años no conocía la existencia de la criatura que convivía con ellos, tan solo David, el pequeño de dos años, se había encontrado con la versión buena del pato. Una vez desapareció el peligro Pat accedió al bosque por la ventana del comedor.
Habían pasado los años y ya no quedaba nada de la pequeña ave. Su gallardo cuerpo se cubría de unas plumas deslumbrantes, el blanco nuclear refulgía en la noche. Cuello esbelto engalanado con una pajarita de raso negro. Ojos negros, penetrantes en la mente de sus víctimas. La sangre que bebía le proporcionaba eterna juventud y él se sentía satisfecho de su apostura.
Sentía un apetito voraz. La primera sangre que obtenía era la que más placer le procuraba. Acercándose al río observó un puerco espín que bebía plácidamente de las tranquilas aguas. Le sorprendió por la espalda y antes de que se pudiera dar cuenta languidecía entre los colmillos del chupasangre. Pat se relamió del sustancioso aperitivo y prosiguió su búsqueda...
Claudia Ballester Grifo
LOBO.
Aromas de limón y vainilla, canela en rama y fragancia de leña en el hogar de reunión familiar.
Los niños con la ilusión colgada de sus mochilas de juguetes llenas. Semblantes ingenuos, ojazos abiertos al sentir de la algarabía desplegada. Sonrisas que dibujan el espejismo de bolas de colores en el árbol de Navidad. Los más pequeños, en extasis total.
Sentados, alrededor del fuego escuchan atentamente la voz del abuelo que con su buena disposición les va a contar una historia.
Nevaba intensamente y una niña de 6 años corría por la ladera de la montaña en busca del médico del pueblo. La madre de parto desde hacía dos días se encontraba fatal y había perdido el conocimiento. Noche cerrada y un aullido heló su sangre. Se tropezó con un inmenso lobo que leyendo su necesidad la acarició con su pelaje y la invitó a subir en sus lomos dejándola en la casa del médico. Llamaba la niña a la puerta y desapareció el amigo.
El médico atendió su súplica y montando en un caballo de negro brillante,se lanzaron en galopada a la loma. Arrebujados con buena manta, solo los ojillos atisbaban el camino borrado por la nieve.
Apareció de nuevo el lobo amigo para dirigirlos por el camino imposible de vislumbrar por el nivel de la nieve. Y volvió a desaparecer en la puerta de la masia.
Nació el niño,por fin,gracias al buen manejo y a los conocimientos del dispuesto doctor. Ada tenía un hermano y su madre le dio permiso para que le pusiera nombre.
Cuando llegó el padre, tras pasar unos días en la ciudad para cambiar productos del campo por otras viandas necesarias, se encontró con la escena.
Un abeto adornado de buenos pensamientos y deseos. La luz de Navidad iluminando el cielo de la casa. Su mujer con Lobo en brazos y Ada con la mirada iluminada de la que comprende que algo muy importante ha ocurrido.
El alma del niño en forma de lobo y sus ganas de vivir, junto con la valentia de su hermana, habían hecho posible la estampa.
Los niños se quedaron con la boca abierta.
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2020.
Claudia Ballester Grifo.
Aromas de limón y vainilla, canela en rama y fragancia de leña en el hogar de reunión familiar.
Los niños con la ilusión colgada de sus mochilas de juguetes llenas. Semblantes ingenuos, ojazos abiertos al sentir de la algarabía desplegada. Sonrisas que dibujan el espejismo de bolas de colores en el árbol de Navidad. Los más pequeños, en extasis total.
Sentados, alrededor del fuego escuchan atentamente la voz del abuelo que con su buena disposición les va a contar una historia.
Nevaba intensamente y una niña de 6 años corría por la ladera de la montaña en busca del médico del pueblo. La madre de parto desde hacía dos días se encontraba fatal y había perdido el conocimiento. Noche cerrada y un aullido heló su sangre. Se tropezó con un inmenso lobo que leyendo su necesidad la acarició con su pelaje y la invitó a subir en sus lomos dejándola en la casa del médico. Llamaba la niña a la puerta y desapareció el amigo.
El médico atendió su súplica y montando en un caballo de negro brillante,se lanzaron en galopada a la loma. Arrebujados con buena manta, solo los ojillos atisbaban el camino borrado por la nieve.
Apareció de nuevo el lobo amigo para dirigirlos por el camino imposible de vislumbrar por el nivel de la nieve. Y volvió a desaparecer en la puerta de la masia.
Nació el niño,por fin,gracias al buen manejo y a los conocimientos del dispuesto doctor. Ada tenía un hermano y su madre le dio permiso para que le pusiera nombre.
Cuando llegó el padre, tras pasar unos días en la ciudad para cambiar productos del campo por otras viandas necesarias, se encontró con la escena.
Un abeto adornado de buenos pensamientos y deseos. La luz de Navidad iluminando el cielo de la casa. Su mujer con Lobo en brazos y Ada con la mirada iluminada de la que comprende que algo muy importante ha ocurrido.
El alma del niño en forma de lobo y sus ganas de vivir, junto con la valentia de su hermana, habían hecho posible la estampa.
Los niños se quedaron con la boca abierta.
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2020.
Claudia Ballester Grifo.
sábado, 14 de diciembre de 2019
EL CONDE PAT
Pat, el pato vampiro debía su condición de chupa sangre al inmortal que bebió de la sangre de su madre. La bonita pata fue asaltada postrada sobre su nido. Un lobo, de forma peculiar, se abalanzó sobre ella y se la llevó presa entre sus fauces. En el nido quedó un huevo abandonado a su suerte.
La bruma cernió la tarde restringiendo toda visibilidad. El silencio opresivo del cobertizo asfixiaba el ánimo de las arañas. Los insectos, escondidos bajo la paja, asomaban sus cuerpecitos endebles para observar la calma tras el desastre pasado. La puerta aún se balanceaba sacudida por el impacto del lobo en su salida precipitada. Los goznes chirriaban en un sonsonete inquietante.
El huevo agrietó su costra calcificada. A duras penas se abrió paso el patito, fuerte por la yema consumida en su interior. Su mamá no se encontraba animando su salida. Sus ojitos miraron la puerta abierta, el horizonte se desplegaba ante él. Valiente y decidido encaminó sus pasos a la aventura. En la noche descubrió un impulso irresistible, sentía sed y el agua no le saciaba. Le llamó la atención una lombriz de vistosos colores y prendiéndola con su pico absorbió todo su jugo. Cayó el tejido seco y estrujado en la hierba, Pat, relamiéndose notó dos dientes puntiagudos en la parte superior interna de su pico. Por allí succionaba la sangre de sus víctimas y descubrió que le gustaba. No sentía sueño y disfrutaba del ambiente nocturno. Admiró las estrellas del cielo acompañando a un esférico perfecto, la luna. Los árboles balanceaban sus ramas al capricho del viento y las criaturas de la noche rendían pleitesía al pequeño Pat. Se sentía importante entre las alimañas, en condiciones normales representaría una presa fácil, sin embargo, le respetaban.
Se le acercó un lobo blanco de espantosos colmillos. El patito no conocía sus intenciones, pero algo en el actuar de la bestia tranquilizaba su ánimo. Unos ojos negros, centelleantes se posaron sobre Pat, la voz del desconocido sonó grave y misteriosa, le advertía de los peligros del sol. Formando un círculo alrededor de nuestro amiguito, le asesoró en varios aspectos de su vida. Le instó a dormir por el día protegido de la luz solar, la cual quemaría su cuerpo, si los rayos del astro lamían la piel. Por la noche cazaría sus presas para absorber la sangre, ésta constituiría su única fuente de alimentación. El círculo se estrechaba y la fiera susurraba detalles que se escapaban a la comprensión del pequeño...
Pat, el pato vampiro debía su condición de chupa sangre al inmortal que bebió de la sangre de su madre. La bonita pata fue asaltada postrada sobre su nido. Un lobo, de forma peculiar, se abalanzó sobre ella y se la llevó presa entre sus fauces. En el nido quedó un huevo abandonado a su suerte.
La bruma cernió la tarde restringiendo toda visibilidad. El silencio opresivo del cobertizo asfixiaba el ánimo de las arañas. Los insectos, escondidos bajo la paja, asomaban sus cuerpecitos endebles para observar la calma tras el desastre pasado. La puerta aún se balanceaba sacudida por el impacto del lobo en su salida precipitada. Los goznes chirriaban en un sonsonete inquietante.
El huevo agrietó su costra calcificada. A duras penas se abrió paso el patito, fuerte por la yema consumida en su interior. Su mamá no se encontraba animando su salida. Sus ojitos miraron la puerta abierta, el horizonte se desplegaba ante él. Valiente y decidido encaminó sus pasos a la aventura. En la noche descubrió un impulso irresistible, sentía sed y el agua no le saciaba. Le llamó la atención una lombriz de vistosos colores y prendiéndola con su pico absorbió todo su jugo. Cayó el tejido seco y estrujado en la hierba, Pat, relamiéndose notó dos dientes puntiagudos en la parte superior interna de su pico. Por allí succionaba la sangre de sus víctimas y descubrió que le gustaba. No sentía sueño y disfrutaba del ambiente nocturno. Admiró las estrellas del cielo acompañando a un esférico perfecto, la luna. Los árboles balanceaban sus ramas al capricho del viento y las criaturas de la noche rendían pleitesía al pequeño Pat. Se sentía importante entre las alimañas, en condiciones normales representaría una presa fácil, sin embargo, le respetaban.
Se le acercó un lobo blanco de espantosos colmillos. El patito no conocía sus intenciones, pero algo en el actuar de la bestia tranquilizaba su ánimo. Unos ojos negros, centelleantes se posaron sobre Pat, la voz del desconocido sonó grave y misteriosa, le advertía de los peligros del sol. Formando un círculo alrededor de nuestro amiguito, le asesoró en varios aspectos de su vida. Le instó a dormir por el día protegido de la luz solar, la cual quemaría su cuerpo, si los rayos del astro lamían la piel. Por la noche cazaría sus presas para absorber la sangre, ésta constituiría su única fuente de alimentación. El círculo se estrechaba y la fiera susurraba detalles que se escapaban a la comprensión del pequeño...
jueves, 12 de diciembre de 2019
LOS OJOS DEL ALMA.
Solo tenía 13 años y jugaba al monopoli de los sueños de dibujos y videojuegos.
Era una adolescente de melena achispada por la gracia de un flequillo de medio lado. Lustroso cabello negro de planchado natural y cera de manzana fresca.
Disponía de las horas con inclinación tranquila. Sin apuros ni prisas, disfrutando del momento y de salto en salto con engranaje suave y sin apreturas. Era la medianoche y seguía pegada a su silla. Tres ejercicios de matemáticas y con la luz de una linterna. Los padres dormían en el cuarto de arriba y ella había prometido subir a las 23h.
Unas luces espirituales empezaron a descender por la escalera. Voces de siglos apagadas, de peldaño a peldaño entrando por la espalda de Aina. Se agrandó su mirada y los ojos de noche se volvieron verdes de transparencia clara.
Se tensaron sus músculos y se mezclaron las lenguas en su garganta. La Torre de Babel se dibujó en su frente y perdió la consciencia encima de la mesa.
A las 2, 30 de la madrugada se levantó la madre y no la encontró en su cama. Ya subía por las escaleras, una niña extraña. Elsa reconoció su alma y fundiéndose en un abrazo la acompañó al nido levantando la nórdica,acomodándola. Amanecería una niña erudita, el alma evolucionando, las alas escondidas y acopladas en la espalda.
Claudia Ballester Grifo
Solo tenía 13 años y jugaba al monopoli de los sueños de dibujos y videojuegos.
Era una adolescente de melena achispada por la gracia de un flequillo de medio lado. Lustroso cabello negro de planchado natural y cera de manzana fresca.
Disponía de las horas con inclinación tranquila. Sin apuros ni prisas, disfrutando del momento y de salto en salto con engranaje suave y sin apreturas. Era la medianoche y seguía pegada a su silla. Tres ejercicios de matemáticas y con la luz de una linterna. Los padres dormían en el cuarto de arriba y ella había prometido subir a las 23h.
Unas luces espirituales empezaron a descender por la escalera. Voces de siglos apagadas, de peldaño a peldaño entrando por la espalda de Aina. Se agrandó su mirada y los ojos de noche se volvieron verdes de transparencia clara.
Se tensaron sus músculos y se mezclaron las lenguas en su garganta. La Torre de Babel se dibujó en su frente y perdió la consciencia encima de la mesa.
A las 2, 30 de la madrugada se levantó la madre y no la encontró en su cama. Ya subía por las escaleras, una niña extraña. Elsa reconoció su alma y fundiéndose en un abrazo la acompañó al nido levantando la nórdica,acomodándola. Amanecería una niña erudita, el alma evolucionando, las alas escondidas y acopladas en la espalda.
Claudia Ballester Grifo
GOLPE DE MORFEO.
Llegaba cansada de su turno de noches. Son Dureta era un hospital de pasillos kilométricos y ella era la única enfermera de turno. La auxiliar dormía en la salita de descanso agena a los ingresos y al retraso de medicación.
Alicia salió al mediodía para dejar en orden el papeleo. Decidió darse un buen baño antes de tomar algo y lanzarse como loca a la cama.
Se preparó una bañera con sales de rosas y se acomodó escuchando ''El Patio'' de Pablo López.
El cálido ambiente la adormecía, pero no le importaba. Las cosas buenas se hacían de esperar y el proceso en camino era una gozada.
En el vaho del espejo se escribía una advertencia, '' NO TE DUERMAS''.
Alicia con los ojos cerrados no pensaba en nada.
Fue cayendo en un sopor dulzón que la transportó a una playa de arenas blancas y cálidas. Un sol espléndido le sonreía desde lo alto del día. No había nadie en toda la explanada. El agua de un verde esmeralda, irreal y mágico la llamaba. Ella se dejó llevar en medio de un extasis, hipnotizada. Dejó su ropa a resguardo del agua y se adentró en su frescura de imágenes claras.
Mientras se deleitaba en su aventura solitaria, sintió una punzada en el abdomen que se traducía en un calambre hacia las piernas. El agua adquirió una tonalidad bermellón y una fuerza la empujó, escondiendo su cabeza de las miradas. La arrastró hacia donde la corriente se encogía en su ojo. Un escualo la devoraba.
En la bañera encontró su muerte, protagonista de su pesadilla.
Por la noche al llegar su compañera de piso la encontró en el baño. El agua de la bañera desbordaba por el pasillo.
En el puño cerrado de Alicia un colmillo de tiburón blanco. En su rictus reflejado en el espejo la '' O'' de sorpresa.
Claudia Ballester Grifo
Llegaba cansada de su turno de noches. Son Dureta era un hospital de pasillos kilométricos y ella era la única enfermera de turno. La auxiliar dormía en la salita de descanso agena a los ingresos y al retraso de medicación.
Alicia salió al mediodía para dejar en orden el papeleo. Decidió darse un buen baño antes de tomar algo y lanzarse como loca a la cama.
Se preparó una bañera con sales de rosas y se acomodó escuchando ''El Patio'' de Pablo López.
El cálido ambiente la adormecía, pero no le importaba. Las cosas buenas se hacían de esperar y el proceso en camino era una gozada.
En el vaho del espejo se escribía una advertencia, '' NO TE DUERMAS''.
Alicia con los ojos cerrados no pensaba en nada.
Fue cayendo en un sopor dulzón que la transportó a una playa de arenas blancas y cálidas. Un sol espléndido le sonreía desde lo alto del día. No había nadie en toda la explanada. El agua de un verde esmeralda, irreal y mágico la llamaba. Ella se dejó llevar en medio de un extasis, hipnotizada. Dejó su ropa a resguardo del agua y se adentró en su frescura de imágenes claras.
Mientras se deleitaba en su aventura solitaria, sintió una punzada en el abdomen que se traducía en un calambre hacia las piernas. El agua adquirió una tonalidad bermellón y una fuerza la empujó, escondiendo su cabeza de las miradas. La arrastró hacia donde la corriente se encogía en su ojo. Un escualo la devoraba.
En la bañera encontró su muerte, protagonista de su pesadilla.
Por la noche al llegar su compañera de piso la encontró en el baño. El agua de la bañera desbordaba por el pasillo.
En el puño cerrado de Alicia un colmillo de tiburón blanco. En su rictus reflejado en el espejo la '' O'' de sorpresa.
Claudia Ballester Grifo
UN GENIO.
Era un agricultor de poca escuela, pero de una genialidad que tenía que romper por donde fuera.
Melena morena y ojos de noche estrellada. Le abrazó la musa y le apretó hasta que el pincel empezó a cobrar vida propia.
Dibujaba en grande. Colores vivos de arrojo y verdades. Caían con desmayo, en banda gruesa o fina según el impulso y la idea. Descaro que fue tomando envergadura al hacerse comprensible y cercano.
La ilusión le ayudó a crear una fundación y la vida se arremolinaba en su cuerpo animoso y en las manos curtidas por el azar del campo.
El tiempo de coleta cana le devolvió una incomprensión introspecta de resabio y frustración. Su pintura no era fácil de vender por sus dimensiones y no siempre se la comprendían. Tiempo de calabazas y melones a la puerta de su casa y los cuadros por los rincones.
Una noche de luna clara y calidez tropical se despertó de la angustia de un mal sueño. Le dolía la cabeza. Persona sana como pocas, nunca había visitado al médico. Se levantó buscando un vaso de agua y sin saber porqué cogió el camino de un verde esmeralda. Le deslumbró la pintura, le llamaba una voz apagada. Desde el fondo del cuadro se desmelenaba una cascada a lomos de cuatro caballos castaños preparando la galopada. Se sentó en su tálamo y su esencia quedó absorbida por su imaginación creada.
Por la mañana amaneció Rosa, sola en la cama.
-¿Dónde estás, Joan?
Le contestó la nada. Los zapatos al pie de cuadro y una sonrisa apuntando la escuadra.
Claudia Ballester Grifo
Era un agricultor de poca escuela, pero de una genialidad que tenía que romper por donde fuera.
Melena morena y ojos de noche estrellada. Le abrazó la musa y le apretó hasta que el pincel empezó a cobrar vida propia.
Dibujaba en grande. Colores vivos de arrojo y verdades. Caían con desmayo, en banda gruesa o fina según el impulso y la idea. Descaro que fue tomando envergadura al hacerse comprensible y cercano.
La ilusión le ayudó a crear una fundación y la vida se arremolinaba en su cuerpo animoso y en las manos curtidas por el azar del campo.
El tiempo de coleta cana le devolvió una incomprensión introspecta de resabio y frustración. Su pintura no era fácil de vender por sus dimensiones y no siempre se la comprendían. Tiempo de calabazas y melones a la puerta de su casa y los cuadros por los rincones.
Una noche de luna clara y calidez tropical se despertó de la angustia de un mal sueño. Le dolía la cabeza. Persona sana como pocas, nunca había visitado al médico. Se levantó buscando un vaso de agua y sin saber porqué cogió el camino de un verde esmeralda. Le deslumbró la pintura, le llamaba una voz apagada. Desde el fondo del cuadro se desmelenaba una cascada a lomos de cuatro caballos castaños preparando la galopada. Se sentó en su tálamo y su esencia quedó absorbida por su imaginación creada.
Por la mañana amaneció Rosa, sola en la cama.
-¿Dónde estás, Joan?
Le contestó la nada. Los zapatos al pie de cuadro y una sonrisa apuntando la escuadra.
Claudia Ballester Grifo
SIN PALABRAS.
El frío se cala muy adentro
verbalizando en lágrimas
los crudos días de enero.
Soplando en las yemas de
los dedos,
expeliendo vaho del calor
que abrigamos en el
cuerpo con el aroma
de la cama.
Andar enjuto y apretado,
contra las ráfagas
y los ojos entornados.
Un rictus hierático
de sonrisa congelada,
arrebol en las mejillas,
lustre de lana.
Entrando en la estancia,
se relaja la alarma.
El calor invita al don
de la palabra.
Dediquémonos a observar
y reflexionar y,
ya hablaremos con el buen
tiempo y la disposición
más adecuada.
Aprovechemos para abrazar
sin necesidad de las
palabras.
El frío nos cala.
Claudia Ballester Grifo
El frío se cala muy adentro
verbalizando en lágrimas
los crudos días de enero.
Soplando en las yemas de
los dedos,
expeliendo vaho del calor
que abrigamos en el
cuerpo con el aroma
de la cama.
Andar enjuto y apretado,
contra las ráfagas
y los ojos entornados.
Un rictus hierático
de sonrisa congelada,
arrebol en las mejillas,
lustre de lana.
Entrando en la estancia,
se relaja la alarma.
El calor invita al don
de la palabra.
Dediquémonos a observar
y reflexionar y,
ya hablaremos con el buen
tiempo y la disposición
más adecuada.
Aprovechemos para abrazar
sin necesidad de las
palabras.
El frío nos cala.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 11 de diciembre de 2019
SIN ZAPATOS.
Sueña la fantasía
pompones de vainilla
y retazo de caramelo.
Dulce que me transporta,
etérea, sin peso.
Vuelo por el inmenso
y plácido estanque de
burbuja escrito a pluma
y verso.
Me alzo en varita mágica
y corro con las ráfagas
del viento.
Mi risa se oye como un
cascabel replicando.
De estrellas lleno el seguir
de mi canto,
creando lazos que unen
sentimientos y sentidos
que encienden la templanza
del sosiego,
amaneciendo en un mar de
amapolas y margaritas,
libertad y humildad de
manto.
Observa el paso de mi estela,
fugaz, pero de intención clara.
No uso zapatos de aguja,
no uso formato de princesa,
pretendo volar descalza
y llegar donde la imaginación
me conceda.
Claudia Ballester Grifo
Sueña la fantasía
pompones de vainilla
y retazo de caramelo.
Dulce que me transporta,
etérea, sin peso.
Vuelo por el inmenso
y plácido estanque de
burbuja escrito a pluma
y verso.
Me alzo en varita mágica
y corro con las ráfagas
del viento.
Mi risa se oye como un
cascabel replicando.
De estrellas lleno el seguir
de mi canto,
creando lazos que unen
sentimientos y sentidos
que encienden la templanza
del sosiego,
amaneciendo en un mar de
amapolas y margaritas,
libertad y humildad de
manto.
Observa el paso de mi estela,
fugaz, pero de intención clara.
No uso zapatos de aguja,
no uso formato de princesa,
pretendo volar descalza
y llegar donde la imaginación
me conceda.
Claudia Ballester Grifo
SUFRIENDO.
Apretando los dientes,
buscando la postura
más adecuada.
Duele la rabia de que
una parte tuya se muera
y no puedes hacer nada.
Se reduce la redondez
de la turgencia del dedo.
Se adelgaza la lozanía,
se enquilosa la articulación,
se reseca y cuartea la piel
adquiriendo el mortal color
negro.
Mueves la pierna,
bamboleas el pie del calor
primero, del frío también.
Relajas el ánimo,
pero qué difícil centrar
las ideas y acomodarlas
después.
Visualizas el rojo y bombardeas
tuberías de vida y canales
de ilusión.
Aguas bravías y tumultuosas
que llenen de siembra
el campo y la huerta,
de luz y color.
Claudia Ballester Grifo
Apretando los dientes,
buscando la postura
más adecuada.
Duele la rabia de que
una parte tuya se muera
y no puedes hacer nada.
Se reduce la redondez
de la turgencia del dedo.
Se adelgaza la lozanía,
se enquilosa la articulación,
se reseca y cuartea la piel
adquiriendo el mortal color
negro.
Mueves la pierna,
bamboleas el pie del calor
primero, del frío también.
Relajas el ánimo,
pero qué difícil centrar
las ideas y acomodarlas
después.
Visualizas el rojo y bombardeas
tuberías de vida y canales
de ilusión.
Aguas bravías y tumultuosas
que llenen de siembra
el campo y la huerta,
de luz y color.
Claudia Ballester Grifo
POSO DE CAFÉ.
Cuerpo a tierra, arrastrando codos y rodillas deshoyando la carne viva para reducirla a rastrojo seco.
Barbilla tocando el suelo y rezando en bucle lo que pueda razonar el cerebro, que es poco, y hay que volver a empezar.
Fuegos de primera fila de reyerta. Movimientos rápidos de desconcierto y miradas anhelantes. Caídas a un lado y al otro y manos con tesoros que pasar al vivo.
- ¡No te olvides de dárselo a mi madre!-
- ¡Dile a mi mujer que la quiero!
-¡ Esto para mis hijos!- y le deslizaba una carta con sobre cerrado y una sonrisa de cuño.
Las bombas se estrellaban iluminando la tarde avanzada. Y, en medio de ese sudor frío y el miedo cogido al cuello con guante tosco y duro, sonó el despertador y amaneció la pesadilla recurrente al cálido día del hogar seguro.
Ya no hay lobos que amenacen la noche cerrada. Los cadáveres ya no se abren a depredadores y alimañas carroñeras. Desaparecieron en las telarañas del tiempo y su tufo ya no empaña el respirar tapado y ralentizado para adentro.
Un niño de tres años aterriza en la cama con la soltura de un gamo. Ojos grises de flequillo dorado. Coge la mano de su padre y le pide otro cuento. De esos que le gustan, le mantienen expectante y con la boca abierta se descuelga el tiempo y se juega a dibujar historias.
El padre, herido, sonríe.
Salíamos de clase. Tu madre y yo nos perdimos por la vereda del campus. Hacia mucho calor y nos echamos en el mullido verde escuchando el canto de pájaros y de insectos que se abrían a la temporada estival.
Escuchamos un chasquido seco. Nos hallabamos semiescondidos por un gran tronco muerto. Un golpe seco y un bulto en el suelo. Ojos con ojos, dureza en la mirada, terror en el cuerpo. Fuimos rápidos en correr, pero lo que habíamos visto nos quemó por dentro.
Avisamos a la policía. Un hombre con camiseta de reo, provisto de una pala y arrastrando un cadáver de melena rubia y pecho al descubierto.
-¿Lo podría dibujar?
-Sí, perfectamente.
Sale el dibujante y el tiempo, las ganas y la vida se congelan en un momento. Es el asesino y sonríe afable y misterioso...
El niño sonríe. Su padre está malito. Su mamá le dice que lo cuide porque su mente flota en un mundo de sin sentidos. Pero él lo encuentra un padre muy divertido. Le escucha, le sonríe y le descubre cosas que almacena en su cabeza hasta que aprenda a escribir. Sin censura y sin edad para forjar su imaginación y,cogido de la mano del padre, levantar las alas y volar.
Claudia Ballester Grifo
Cuerpo a tierra, arrastrando codos y rodillas deshoyando la carne viva para reducirla a rastrojo seco.
Barbilla tocando el suelo y rezando en bucle lo que pueda razonar el cerebro, que es poco, y hay que volver a empezar.
Fuegos de primera fila de reyerta. Movimientos rápidos de desconcierto y miradas anhelantes. Caídas a un lado y al otro y manos con tesoros que pasar al vivo.
- ¡No te olvides de dárselo a mi madre!-
- ¡Dile a mi mujer que la quiero!
-¡ Esto para mis hijos!- y le deslizaba una carta con sobre cerrado y una sonrisa de cuño.
Las bombas se estrellaban iluminando la tarde avanzada. Y, en medio de ese sudor frío y el miedo cogido al cuello con guante tosco y duro, sonó el despertador y amaneció la pesadilla recurrente al cálido día del hogar seguro.
Ya no hay lobos que amenacen la noche cerrada. Los cadáveres ya no se abren a depredadores y alimañas carroñeras. Desaparecieron en las telarañas del tiempo y su tufo ya no empaña el respirar tapado y ralentizado para adentro.
Un niño de tres años aterriza en la cama con la soltura de un gamo. Ojos grises de flequillo dorado. Coge la mano de su padre y le pide otro cuento. De esos que le gustan, le mantienen expectante y con la boca abierta se descuelga el tiempo y se juega a dibujar historias.
El padre, herido, sonríe.
Salíamos de clase. Tu madre y yo nos perdimos por la vereda del campus. Hacia mucho calor y nos echamos en el mullido verde escuchando el canto de pájaros y de insectos que se abrían a la temporada estival.
Escuchamos un chasquido seco. Nos hallabamos semiescondidos por un gran tronco muerto. Un golpe seco y un bulto en el suelo. Ojos con ojos, dureza en la mirada, terror en el cuerpo. Fuimos rápidos en correr, pero lo que habíamos visto nos quemó por dentro.
Avisamos a la policía. Un hombre con camiseta de reo, provisto de una pala y arrastrando un cadáver de melena rubia y pecho al descubierto.
-¿Lo podría dibujar?
-Sí, perfectamente.
Sale el dibujante y el tiempo, las ganas y la vida se congelan en un momento. Es el asesino y sonríe afable y misterioso...
El niño sonríe. Su padre está malito. Su mamá le dice que lo cuide porque su mente flota en un mundo de sin sentidos. Pero él lo encuentra un padre muy divertido. Le escucha, le sonríe y le descubre cosas que almacena en su cabeza hasta que aprenda a escribir. Sin censura y sin edad para forjar su imaginación y,cogido de la mano del padre, levantar las alas y volar.
Claudia Ballester Grifo
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