viernes, 3 de abril de 2020

VIAJE POR LA INOCENCIA.
Acariciando el verde de los parajes de Disney.  Frondoso espacio que cobija las vías del trenecito que nos comunica. Caras alegres de mil lenguas guarnecidas. Caballitos de carrusel de magia escrita en cada color que nos brinda.
Música de orquesta escondida, es la ruta de las muñecas una alabanza a la vida misma. Ojos entornados, guitarras, tambores y liras. Trajes típicos de tul y fantasía.

Desde el encierro de estos días se agiganta el valor de las salidas. Tiempo de familia filmado desde las ganas del placer que procura la libertad con menos reservas y ataduras.
Brillo de purpurina, personajes de cuento a los que acogerse y agarrarse en la ingenuidad que nos cura.

Sudor de bailarines bajo sus orquestados disfraces para aportar un arcoiris de color a corazones inocentes y nobles. Nuestro niño interior sale para darle la mano al hijo que nos acompaña.
Desfile de princesas en sueños de chocolate.

Vaga el espíritu de blanco lienzo. Suspira por la casa, solo y silencioso. No precisa de cadenas que amarre su tiempo. Se asoma el espectro observando otra escena. Viendo la sirenita con su cola naranja, tornasolada y bruñida, agitada en la carroza, siguiendo al tren de Dumbo.

Fachada en blanco y rosa del hotel de Disney. Mirada principal al parque, regalos de mantel blanco en copa de cristal fino. Varita de princesa que regalan a las niñas buenas. Coletas de colores de tres años. Ríe la inocencia abrazada a la belleza del peluche que adora.
El espectro del tiempo y la distancia se vence al desayuno de un nuevo dia. Pintan a mi niña de princesa. És bueno refrescar la memoria cuando la joven hace de su habitación una fortaleza.
Claudia Ballester Grifo

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