LA VOZ.
Bambolean las telas de una terraza cercana. Las levanta el viento del mar y presentan sus caras las nubes negras.
Títeres de cuerdas y pinzas que sujetan. Al mirar de la orden del que gobierna.
Guiños de espejo, espejismo que encandila y nos ciega. Posibilitando que callen algunos, la verdad a medias llega.
Atados de brazos y piernas, sutiles bridas que ni se ven ni se presentan. Sopla el viento, hincha las velas blancas y negras.
No desfilan por la plaza, de los hilos penden y se quedan.
Subirá la inteligencia y descansará las prendas. Se deslizarán del yugo la voluntad y la paciencia.
Seco el jugo de la misericordia, se quebrará el sol con indolencia.
Se apretará el algodón encarcelado para soltar el ácido de su despensa.
Cuando lloren los ojos, las telas harán de su techo una contienda.
No se puede acallar a los que piensan. Puede parar el aire, subir las mareas y retroceder a sus horas.
Puede enlentecer su ritmo el juego de cerrar las flores sus corolas.
Puede el insecto permanecer escondido mientras sueña con reunirse con la cita que le espera.
No puede la voluntad y la pasión frenar la voz que se le apodera.
Claudia Ballester Grifo

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