APRIETA.
Aprieta el dolor. Atenaza más fuerte que nunca.
Se despliega la rabia y el dedo presiona las letras que ni gesticulan.
Busca el espíritu pareja que se mimetiza en la oscuridad del miedo,
en la impronta de serie de terror que se negocia sin palomitas.
Se desborda la sangre del corazón que en su estertor ya no palpita.
Cubre la cera, la ventana, el umbral de la puerta, la presencia mia.
No hay comas que acoten tanta penuria.
Todo de corrido, sin pensar, tropel del alma que se desnuda.
Tiempo de frío, de humedad que se presencia más que nunca.
Ojos que no ven, pluma que cae hueca y vacía.
¿Dios mio es que nadie respira tanto muerto,
sangre en la cera, sepultura solitaria, escondida?
¿Dónde están los muertos?
¿Quién tiene la culpa?
Claudia Ballester Grifo


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