miércoles, 29 de abril de 2020

BRUJAS.
Silva la niña con sus orejas de diadema.
Canta la canción, mantra de una amiga con voz prodigiosa.
Se revelan los deberes de intención manifiesta, en niña de intereses varios
y mente predispuesta.
¡No sé silbar, mamá! Preocupación de gran calado.
Quiere mi niña ser pastor de ganado.
Papá es una oveja y allá va el incauto.
Alimenta las ansias de una niña, proyecto de mujer de 14 años.

¿Quién entiende lo que está pasando?
Promesas de cobrar, en casa, quietos y callados.
Aquí no ve nadie un palo de santo.
Está viendo el gobierno que Europa no da de gratis.
Mal momento para tanta promesa y el euro silba mirando
para otros barrios.

Hay que remar todos del mismo lado.
Vientos cruzados de melena sin esteticista a cargo.
Salvajes, silvestres y desorientados. ¿Quién rema? No hay ni barco.
Tul de danzarina, cola de sirena, cuatro pulgas, una docena de escarabajos
y paleta de madera. Giremos la mezcla en la arcilla de la olla.
Se hace el silencio, el estudiante a su historia,
 la calma en medio de la pandemia.
Claudia Ballester Grifo.

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