BRUJAS.
Silva la niña con sus orejas de diadema.
Canta la canción, mantra de una amiga con voz prodigiosa.
Se revelan los deberes de intención manifiesta, en niña de intereses varios
y mente predispuesta.
¡No sé silbar, mamá! Preocupación de gran calado.
Quiere mi niña ser pastor de ganado.
Papá es una oveja y allá va el incauto.
Alimenta las ansias de una niña, proyecto de mujer de 14 años.
¿Quién entiende lo que está pasando?
Promesas de cobrar, en casa, quietos y callados.
Aquí no ve nadie un palo de santo.
Está viendo el gobierno que Europa no da de gratis.
Mal momento para tanta promesa y el euro silba mirando
para otros barrios.
Hay que remar todos del mismo lado.
Vientos cruzados de melena sin esteticista a cargo.
Salvajes, silvestres y desorientados. ¿Quién rema? No hay ni barco.
Tul de danzarina, cola de sirena, cuatro pulgas, una docena de escarabajos
y paleta de madera. Giremos la mezcla en la arcilla de la olla.
Se hace el silencio, el estudiante a su historia,
la calma en medio de la pandemia.
Claudia Ballester Grifo.

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