lunes, 27 de abril de 2020

A LA CALLE.
Ayer, Domingo 26 de abril hubo salida para los niños y un tutor a su cuidado.
Una propuesta que abrió un marco de esperanza para unas ilusiones que llevaban con resignación y ejemplaridad mucho tiempo de confinamiento.
No me creo que los padres pongan en peligro a sus hijos.
No me creo que los padres pongan en riesgo su vida.
No me creo que esos mismos que aplauden a las 20h todos los días les importe un bledo los sanitarios contagiados y muertos.
No hay suelo para llorar tanto despropósito si no nos vale con los padres y abuelos en cajas y con entierro incierto. No se puede comprobar ni si son los nuestros.

Quiero pensar que ha fallado la estrategía.
No se ha contado que estamos todos en casa y un km a la redonda para muchos puede quedarse corto.
Se necesita alguien que dirija y que no se alimente el desconcierto. Hacer las cosas a la marcha trae muchas idas y venidas que pagaremos al tiempo.
Esperemos que se arregle este caos y que se salga por días, horas y número de carnet de identidad. Que se den unas pautas que se haya comprobado aunque sea en el mundo virtual.

Si los padres se responsabilizan y se apartan de los que han ocupado el lugar, tal vez lleguen a casa reculando y nada más.
Creo en el ser humano. Creo en la gente.
Sí, creo. Creo que nuestros mayores se merecen el respeto de cada uno de los existentes.
Mayores encerrados en casa, muchos solos, aguantando otro frente. Esperanzados por salir y sentir una última vez el sol cabalgando en su cabello y la brisa de vientos cálidos masajeando sus miembros expuestos.

¿Qué más tenemos que perder?
No más mentiras tapando el esperpento.
Claudia Ballester Grifo

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