CHARLAMENTO.
Pide pan el pueblo y llueve rosas que aromatizan el ambiente.
Pide respuestas el pueblo y el bombo de la propaganda aniquila los sentidos, en cables ensarta la robotización del espíritu.
Pide el pueblo verdad y se mimetiza un rictus aprendido, foto en el espejo que nos deja fríos.
Expectante está el pueblo con los brazos extendidos, las ganas ahogadas en el barrizal del olvido.
Espectros por miradas, oradando el vacío.
Horas de rebote, la pelota en el tejado y el que le pega en duda llena.
Si esperamos respuestas y el que contesta lo hace con otras, lloran las lágrimas sin ojos que las sostengan.
Arrastran las cadenas miserias y torpezas. Largos pasillos de oscuridad y tristeza.
No hay resaca sin borrachera previa. Estamos en casa y seguimos las señales. Hemos visto y oído intentando sacar cosa cierta. No hay por donde coger el trapo, ya no tenemos ni pelota.
Hablamos de héroes y nos resumimos a víctimas resignadas, sin protección ni se espera.
Bebe el vaso agua fresca. Resarce la garganta de hojarasca repleta. Pesa la muerte sobre piel cerea. Se tape lo que se esconda la desgracia queda. Miente la mentira ya no puede ser más arrabalera.
La arrogancia acompaña el empeño del que quiere atrapar a otros en su incompetencia.
Claudia Ballester Grifo

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