EL PUEBLO.
El mar está embravecido. Restriega el rayo su cuerpo ardiente por la quilla del bote pillado en medio del lío.
El manto líquido eleva con su espeso frío gotas de sal que se deshacen en un púrpura desmayado y adormecido.
El mástil tropezó con el relámpago que no pudo resistir el barco. Se alimentó el agujero por el que rápidamente asalto el océano.
La bengala intentó destacar entre las ráfagas de luces, retando vientos. La comunicación por otros medios quedó sorda y muda al llanto.
Una segunda vivienda bendecida por mares amigos y puertos nodriza. Un capitán seguro de conducir su vida y la de su familia.
Tres niños al mar con su chaleco salvavidas. Los padres peleando con una lancha de goma.
Carla de tres años ni suspira, acallado su llanto por las lágrimas que se limpian con el agua salina.
Fernando de doce intenta acercarse al bebé que sube y baja con la cara hundida. Llama a la hermana, nada con la desesperación del que ve la muerte y deja la cita para otro día. Rescata su cuerpo de un año de vida y le hace respirar con la urgencia debida. Coge a Alba , acercando sus cuerpos a Carla.
Recuperan a sus hijos,padre y madre, en la goma que salva.
Así queremos a un gobierno que nos saque adelante en este océano de pandemia. Nos encontramos en una tormenta que ha roto nuestra rutina, nuestra vida, nuestra libertad, nuestro sosiego, nuestra calma.
Queremos una política remando a favor, unida y con las directrices claras. Vivir del estado es invertir en cadenas amargas, van a tirar de nosotros y su peso no nos salva.
La tormenta se camufla en un juego de luces que nos puede sonar a traca. No és fiesta ni celebración encontrar a nuestros hijos en el agua. Los engulle la noche, el frío y la desesperanza. Llamando a sus padres, su miedo solo en la desgracia.
Claudia Ballester Grifo

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