lunes, 27 de abril de 2020

AL VIENTO.
Me deshago en un charco de soledades esperando una palabra cierta aunque no sea amable.
Se abren mis sentidos en una poza de oscuridad, cegada, vulnerable esperando seguir dictamen  del informado.
Yace mi sombra en el frío esperando calor que me sobrecoja y me alce.
Infortunio que priva de libertad, cadenas que atan, ser que se hunde en la esclavitud del que mal manda. Del que sabiendo, no sabe.

Narciso se quedó prendado de su imagen. Incapaz de querer a nadie a no ser que reconociera su rostro en el estanque.
Espejo estanco sin variantes. Que no mueva ondas el viento ni rizo de desmanes.
Fatua imagen, pueril, intrascendente y material.
¿Quién dirige?

Se siguen los dictados de la OMS. Se hace caso a los que saben, los científicos. Se hace caso cuando todo va mal y se escuda el espejo.
Si las cosas se enmiendan y las cifras se barajan con menos cajas y menos contagios, tal vez aparezcan los políticos escondidos tanto tiempo.

Se señala a las residencias. Foco de entierros y cementerios llenos. Se dejó el espejismo de una realidad de verbena para todos y manifestaciones con conciertos. Señalaban  desde lo más alto, desde el gobierno central sabedor de la necesidad de precaución y de abastecer a la primera fila de tormento.
Lo sabían, pero estaban en otros temas, asuntos de gran calado y olvidaron el asunto de los ancianos para retomarlo cuando las llamadas de teléfono crujían las camas colapsadas de hospitales y UCI.
Se oyen voces de confinamiento. Los ancianos en sus residencias, paracetamol a diestro y siniestro. Los directores llamando que sus residentes necesitan atención. Ni una ambulancia disponible ante tanto requerimiento.
Ahora nos tenemos que ver en juzgados lo que no se ha resuelto con el deber del ministro y del equipo responsable. Se quiere delegar responsabilidades cuando el único mando que se barajó y confiscó el material a las autonomías precavidas, ahora desinflado,  las devuelve a los sorprendidos.

Reinventarse una y otra vez a lomos y expensas de un gobierno,que siendo muchos, nos saben a polvo y resecan las entendederas del pueblo confinado, esclavo y subvencionado para desgracia de sus hijos.
Claudia Ballester Grifo

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