TRINCHERAS.
Tañen las campanas sin fuerza en un campanario lejano en la memoria.
Anuncian su presencia en un lenguaje rico en melancolía, respetuoso en su tono, rumor de caracola.
Acompaña la tristeza un sol cobarde que engaña con sus guiños y a su candil nos encela. El damasco de sus nubes eclipsa el fuego que alimenta.
Desde el vahido de la niebla, ladra un perro comunicando su alerta.
Se transmite su quejido por las calles desiertas y se une algún pájaro en su piar de jaula o de rama cómoda.
Siguen las flores abriendo sus corolas al amago de luz que acaricia sus caritas graciosas.
Se deslizan los pasos del que por necesidad transita una urbe enferma,
acallada, silenciosa.
Las palabras bajan su cadencia y en murmullos llegan unos tímidos saludos guardando una distancia con prudencia.
Las terrazas se visitan de algún batin que las pasea. Lucen de cuadros en horas de camino para las piernas inquietas.
Sirva de cronica mi dolor y mi entereza. Mientras escriba mi pluma aún me siento entera. Mañana saldrá el sol y planchará las asperezas de un tejido que engrosa con las noticias que llegan.
Se esterilizará el sentir y recibiremos respuesta. Siempre pudo ser peor, vamos a reponer de migajas la alacena.
Elevemos la plegaría al que proceda. Peleemos como hermanos, reforcemos las trincheras.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración ANNA NAVARRO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario