jueves, 23 de abril de 2020

ESPINAS.
Miro al cielo y pido. Ese cielo, regalo de sol, cálido a mi piel y mis sentidos.
Ruego al alto con los ojos encendidos y el corazón palpitando en mi mano guarnecido.

Levanto las  manos, palmas limpias de persona grata y agradecida.
Vulnerable de mediana edad que no encuentra rosa blanca sin espinas.
¡Qué será de mí cuando mi familia vuelva a la vida!
¡Qué será de mí confinada en la soledad tan mía!
¡Qué será del riesgo de que entre el bicho en el hogar que me confina!

Sin sol, sin vida. Sin paseos que estiren estas articulaciones que chirrían.
Goznes oxidados que exhudan sangre negra. Me doblo de rodillas.
Soy la última de la fila. Con dos dedos gangrenados,
en espera de un quirófano que ni se sueña, ni se alcanza, pura quimera, pesadilla.

Callada, en el resguardo de mi familia. Confinada en unos metros
que son la salvaguarda de mi vida.
¿ No hay forma de que pueda ver la vida?
¿ No hay protección para un vulnerable que ve perdida su mañana?
¿ Se acabaron mis días?

¿A quién se protege?
Los mayores ya han dado su vida.
Claudia Ballester Grifo

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