sábado, 25 de abril de 2020

RENDIJA.
Miel sobre entendederas. Labios de regusto que sin pasar  hambre teclean.
Aires que desde lejos cimbrean  en terrazas de sillas desiertas.
Piden manos que la tierra atiendan. Recogida de fruta que llevarnos a la boca en la temporada que toca.
Subsidio que acuesta intenciones y hace del hombre esclavo, hierro candente en piel seca.

Hombre de rodillas que a la plata se quiebra. Dinero de todos, de nadie si la deuda se adueña.
Pan para hoy esclavitud de hijos y nietos venidera. Nadie llora, ciegos todos en esta pandemia.
Mientras dibujan, aplauden y ríen se gesta la tragedía. Alguien no duerme mientras ofrece adormidera.
Borregos todos los que su sangre se resquebraja y seca.

Llora el osito, peluche mimoso de error y acierta. No toques la manivela, ni el picaporte ni la cogedera de la escalera. No, no y no... Y acierta. No pasa nada que si pasa más muertos para la esquela.
Llega la bruma, espesa opacidad que todo lo ciega. Mandamos contra corriente, pero hay gente brava que se desmarca y piensa.
Cortan lenguas. Ciegan ojos a fuego la espada. Nadie  ve nada porque las mentes dispersas están de huelga. Espacios vacíos que la reflexión debiera escanciar  en sidra de apuesta.
Qué la voz hable y la seguridad abrace la contienda.
Qué la verdad se pronuncie sin veneno de cobra.
Qué los anillos de la boa no constriñan la añoranza de una vida a transcurrir por el ópalo de la amapola.
Se abrírán los espacios de opio para que el oxígeno llene las mentes que den la diestra a los enemigos del pueblo.
Claudia Ballester Grifo

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