TREGUA.
Regalan las arterias más grandes visitas de sotana de domingo y cruz de visera.
Guardando las distancias y con la invisibilidad de unas mascarillas que a pocos llegan.
Son pocos y acompañados de la seguridad militar que les proteja. Silenciosos en su presencia, pero bendiciendo el holocausto de la pandemia.
Miles de fervientes y muchísimos de arruga cierta,
ven en su presencia un cielo que se abre a puertas abiertas.
Nadie habla, el rosario cuenta,
él dirige las sentadas en una Cuaresma que de rodillas nos torea.
Qué no ose el agnóstico reírse del alma y la pena.
La fe es de muchos,
respetemos en la soledad de nuestros muertos que cada uno llore a su manera.
Claudia Ballester Grifo

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