De tanto mirarte,
se me deshacen los ojos
en aguacero suave.
Reposo mi amor en tu gesto
amable,
se desborda la sonrisa
que me precede.
El calor que tu compañía
me ofrece,
abraza mis ganas,
mi amor abastece.
Llena de narcisos
y gladiolos mis sueños
y quimeras,
sembrando de aromas
los pasos de mis
pies descalzos.
Despliego ante ti mis velos
y transparencías,
son tuyos mis silencios
de besos con tu nombre
sellados.
Luz de mi luz,
amor de mi vida,
el día que te vayas
que sean dos palomas
las que suban juntas.
La eternidad es un tiempo
relativo para el amor.
Una vida, la taza de café
con la que se desayuna.
Claudia Ballester

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