MIRADA DE ROBLE.
Tuve una historía de ojos de roble. Mirada castaña en noches de hamburguesa, risas y alma joven.
Compartimos la serena faz de la luna,
celestina de un plan sin guión, ni seguidores. Solos en la aventura de un mal de amores. Esclavos los dos de su tiempo, soledad sin sabores.
Tengo un cuento para mis nietos de arrugas y olvidos. Una huida a tiempo de un descosido. Un mar alumbrado por las estrellas con un queso nadando en su mirar enamorado. Un susurro entre las olas acariciendo el amor nacido.
Tengo una capa de azul marino. Un aire contenido de pasión y duelo esperando un encuentro siempre tardío. Las esperas en la aguja del tiempo suspendido, creyéndose morir por no saber de tu destino.
Me atrapaste en el hilo de tu camino, me hiciste tuya para dudar del maleficio.
Tengo un cuento de azul contenido. De arenas blandas y sales de respiro.
Brisa cálida de arrope y arrimo, risas de caracola, martillo clavando en el corazón un arrullo.
Me fui de tu abrazo sin sentido buscando otros brazos menos impíos.
Me dí la oportunidad,que tú ciego de orgullo, pretendías arrebatarme sin darme cobijo.
Al viento le digo que pasaron los años, pero no olvido. En mis sueños más profundos existe un rincón para reunirme contigo. Somos tú y yo, a pesar del tiempo, la distancía y el olvido.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 30 de abril de 2020
DEPORTE.
La gente a la calle. Necesidad de sol y aire. Los sanitarios sin medios, contagiados y muriendo.
Dentro de 15 días nos vemos asfixiándonos en casa, pero morenos.
No se puede reactivar la vida social cuando no tenemos mascarillas efectivas. No las tienen ni los sanitarios. Aplausos de opereta y la gente esperando la salida a un cielo abierto, más abierto que nunca.
El salir no es una obligación, es un derecho. Debemos analizar si lo que hay fuera es bueno. Nos queremos y queremos a nuestro cuerpo, aunque sea por egoísmo guardemos un físico que no tiene otro pellejo.
Moderación y madurez, una pizca de conocimiento. Si el gobierno no lo tiene, a ver si lo tenemos nosotros.
Se trata de esperar a que haya camas para no colapsar de nuevo. Yo cedo mi cama que no la quiero.
Entiendo que es de necesidad preparar la economía para no morir de hambre, pero que se tire a la gente a la calle, con la que está cayendo,me parece de burro que juega a ser caballo.
Primero protección y después test de control. Reducir a cero los contagios y las muertes y luego ya pensamos en que nos dé el aire.
Vamos a ver si la subida de temperaturas nos hace un guiño y estalla este virus, hijo de su buena madre.
Claudia Ballester Grifo
La gente a la calle. Necesidad de sol y aire. Los sanitarios sin medios, contagiados y muriendo.
Dentro de 15 días nos vemos asfixiándonos en casa, pero morenos.
No se puede reactivar la vida social cuando no tenemos mascarillas efectivas. No las tienen ni los sanitarios. Aplausos de opereta y la gente esperando la salida a un cielo abierto, más abierto que nunca.
El salir no es una obligación, es un derecho. Debemos analizar si lo que hay fuera es bueno. Nos queremos y queremos a nuestro cuerpo, aunque sea por egoísmo guardemos un físico que no tiene otro pellejo.
Moderación y madurez, una pizca de conocimiento. Si el gobierno no lo tiene, a ver si lo tenemos nosotros.
Se trata de esperar a que haya camas para no colapsar de nuevo. Yo cedo mi cama que no la quiero.
Entiendo que es de necesidad preparar la economía para no morir de hambre, pero que se tire a la gente a la calle, con la que está cayendo,me parece de burro que juega a ser caballo.
Primero protección y después test de control. Reducir a cero los contagios y las muertes y luego ya pensamos en que nos dé el aire.
Vamos a ver si la subida de temperaturas nos hace un guiño y estalla este virus, hijo de su buena madre.
Claudia Ballester Grifo
TÚNEL DE LUZ.
María se despertó sobresaltada. Las sábanas pegadas al cuerpo y el pelo mojado. Sentía la lengua apelmazada al paladar, seca y estropajosa. La garganta engrosada por cristales triturados y empastados.
No lograba orientarse. Se encontraba en medio de la nada. Buscó la compañía de su marido y no lo encontró a su lado. Intentó incorporarse y el cuerpo se comportaba ageno, sin responder a su llamada. No salía de su garganta nada que no fuera una flema viscosa y acidificada.
María, sola en su cama. Despertar ciego en una triste madrugada. No la acaracia la luna con su haz de calma. No la reconforta el sol con su sonrisa dorada. Se oye el silencio más espeso porque la aplasta. Cierra los ojos, caen los párpados como una losa sin permiso ni gracia. Se diluye en el centro de una diana que gira vertiginosa engullendo las ganas.
En el fondo de la sombra resurge un cuerpo que la reclama. Está blanco y frío, pero la conoce y la extraña. La llama suave, le llega un mensaje de amor que la embarga. Tira de ella la atracción que como imán potente la atrapa. Le tiende una mano, refulge una alianza. Esas uñas de luna, suaves y cuidadas, manos de piano, de poeta, de talentoso amado.
Adrián murió en un hospital de pared blanca y puerta cerrada. Levantada su mano buscando la de María con las pocas fuerzas de un aire que no llegaba. En el sudor agrio de su último suspiro encontró el frío desconcierto de su bien amada. Se fueron juntos a esa eternidad llena de luz, sin sufrimiento y con esperanza.
Claudia Ballester Grifo
María se despertó sobresaltada. Las sábanas pegadas al cuerpo y el pelo mojado. Sentía la lengua apelmazada al paladar, seca y estropajosa. La garganta engrosada por cristales triturados y empastados.
No lograba orientarse. Se encontraba en medio de la nada. Buscó la compañía de su marido y no lo encontró a su lado. Intentó incorporarse y el cuerpo se comportaba ageno, sin responder a su llamada. No salía de su garganta nada que no fuera una flema viscosa y acidificada.
María, sola en su cama. Despertar ciego en una triste madrugada. No la acaracia la luna con su haz de calma. No la reconforta el sol con su sonrisa dorada. Se oye el silencio más espeso porque la aplasta. Cierra los ojos, caen los párpados como una losa sin permiso ni gracia. Se diluye en el centro de una diana que gira vertiginosa engullendo las ganas.
En el fondo de la sombra resurge un cuerpo que la reclama. Está blanco y frío, pero la conoce y la extraña. La llama suave, le llega un mensaje de amor que la embarga. Tira de ella la atracción que como imán potente la atrapa. Le tiende una mano, refulge una alianza. Esas uñas de luna, suaves y cuidadas, manos de piano, de poeta, de talentoso amado.
Adrián murió en un hospital de pared blanca y puerta cerrada. Levantada su mano buscando la de María con las pocas fuerzas de un aire que no llegaba. En el sudor agrio de su último suspiro encontró el frío desconcierto de su bien amada. Se fueron juntos a esa eternidad llena de luz, sin sufrimiento y con esperanza.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 29 de abril de 2020
BRUJAS.
Silva la niña con sus orejas de diadema.
Canta la canción, mantra de una amiga con voz prodigiosa.
Se revelan los deberes de intención manifiesta, en niña de intereses varios
y mente predispuesta.
¡No sé silbar, mamá! Preocupación de gran calado.
Quiere mi niña ser pastor de ganado.
Papá es una oveja y allá va el incauto.
Alimenta las ansias de una niña, proyecto de mujer de 14 años.
¿Quién entiende lo que está pasando?
Promesas de cobrar, en casa, quietos y callados.
Aquí no ve nadie un palo de santo.
Está viendo el gobierno que Europa no da de gratis.
Mal momento para tanta promesa y el euro silba mirando
para otros barrios.
Hay que remar todos del mismo lado.
Vientos cruzados de melena sin esteticista a cargo.
Salvajes, silvestres y desorientados. ¿Quién rema? No hay ni barco.
Tul de danzarina, cola de sirena, cuatro pulgas, una docena de escarabajos
y paleta de madera. Giremos la mezcla en la arcilla de la olla.
Se hace el silencio, el estudiante a su historia,
la calma en medio de la pandemia.
Claudia Ballester Grifo.
Silva la niña con sus orejas de diadema.
Canta la canción, mantra de una amiga con voz prodigiosa.
Se revelan los deberes de intención manifiesta, en niña de intereses varios
y mente predispuesta.
¡No sé silbar, mamá! Preocupación de gran calado.
Quiere mi niña ser pastor de ganado.
Papá es una oveja y allá va el incauto.
Alimenta las ansias de una niña, proyecto de mujer de 14 años.
¿Quién entiende lo que está pasando?
Promesas de cobrar, en casa, quietos y callados.
Aquí no ve nadie un palo de santo.
Está viendo el gobierno que Europa no da de gratis.
Mal momento para tanta promesa y el euro silba mirando
para otros barrios.
Hay que remar todos del mismo lado.
Vientos cruzados de melena sin esteticista a cargo.
Salvajes, silvestres y desorientados. ¿Quién rema? No hay ni barco.
Tul de danzarina, cola de sirena, cuatro pulgas, una docena de escarabajos
y paleta de madera. Giremos la mezcla en la arcilla de la olla.
Se hace el silencio, el estudiante a su historia,
la calma en medio de la pandemia.
Claudia Ballester Grifo.
EL ORO DEL TIEMPO.
El sol languidece azuzando unas reflexiones que salen a recibirnos. Despierta el día con ruedas de automóvil y el característico zumbido de la caja del supermercado.
Los pájaros calman sus ardores en la sombra de su árbol ayudados por alguna fachada amiga.
La sonrisa no puede por menos que iniciarse en mi rostro. Se prolonga por mis pensamientos y me lleva a disfrutar de lo que el momento me ofrece.
Mi marido lleva siete semanas a mi lado sin otra vida que nuestro encuentro. Conversaciones, comidas que me ofrece con mimo y tacto exquisito, caricias de manos mientras compartimos documentales y noticias. Nunca un tiempo ha sido tan íntimo y reparador.
Mis hijas en casa. En su reclamo de estudios, en sus cosas, pero en casa. Sin salidas nocturnas, sin empeños ni discusiones. Todos de acuerdo alrededor de la mesa. Mimos, abrazos y
confesiones. Toma de contacto, historietas, risas y descubrimientos. Haciendo familia, estrechando lazos, compartiendo experiencias, amando.
Dentro de la pesadilla de lo que significa la pandemia en salud y economía, sacar un puntito amable de lo que podamos rescatar para nuestros corazones.
Aprovechemos este encierro para desarrollar lo que el tiempo y el estrés nos reducía a una brevedad intangible, incuestionable.
Mirada a los ojos, reconocimiento del otro. Introspección de nuestra proyección, resultado en los otros.
El sol derrama su bondad, el calor desmontará un virus criminal que tal vez nos ayude a creer en la unión y ser menos egocéntricos.
No podemos estar bien sin el bien del otro. Esos otros somos nosotros.
Claudia Ballester Grifo
El sol languidece azuzando unas reflexiones que salen a recibirnos. Despierta el día con ruedas de automóvil y el característico zumbido de la caja del supermercado.
Los pájaros calman sus ardores en la sombra de su árbol ayudados por alguna fachada amiga.
La sonrisa no puede por menos que iniciarse en mi rostro. Se prolonga por mis pensamientos y me lleva a disfrutar de lo que el momento me ofrece.
Mi marido lleva siete semanas a mi lado sin otra vida que nuestro encuentro. Conversaciones, comidas que me ofrece con mimo y tacto exquisito, caricias de manos mientras compartimos documentales y noticias. Nunca un tiempo ha sido tan íntimo y reparador.
Mis hijas en casa. En su reclamo de estudios, en sus cosas, pero en casa. Sin salidas nocturnas, sin empeños ni discusiones. Todos de acuerdo alrededor de la mesa. Mimos, abrazos y
confesiones. Toma de contacto, historietas, risas y descubrimientos. Haciendo familia, estrechando lazos, compartiendo experiencias, amando.
Dentro de la pesadilla de lo que significa la pandemia en salud y economía, sacar un puntito amable de lo que podamos rescatar para nuestros corazones.
Aprovechemos este encierro para desarrollar lo que el tiempo y el estrés nos reducía a una brevedad intangible, incuestionable.
Mirada a los ojos, reconocimiento del otro. Introspección de nuestra proyección, resultado en los otros.
El sol derrama su bondad, el calor desmontará un virus criminal que tal vez nos ayude a creer en la unión y ser menos egocéntricos.
No podemos estar bien sin el bien del otro. Esos otros somos nosotros.
Claudia Ballester Grifo
martes, 28 de abril de 2020
EL PUEBLO.
El mar está embravecido. Restriega el rayo su cuerpo ardiente por la quilla del bote pillado en medio del lío.
El manto líquido eleva con su espeso frío gotas de sal que se deshacen en un púrpura desmayado y adormecido.
El mástil tropezó con el relámpago que no pudo resistir el barco. Se alimentó el agujero por el que rápidamente asalto el océano.
La bengala intentó destacar entre las ráfagas de luces, retando vientos. La comunicación por otros medios quedó sorda y muda al llanto.
Una segunda vivienda bendecida por mares amigos y puertos nodriza. Un capitán seguro de conducir su vida y la de su familia.
Tres niños al mar con su chaleco salvavidas. Los padres peleando con una lancha de goma.
Carla de tres años ni suspira, acallado su llanto por las lágrimas que se limpian con el agua salina.
Fernando de doce intenta acercarse al bebé que sube y baja con la cara hundida. Llama a la hermana, nada con la desesperación del que ve la muerte y deja la cita para otro día. Rescata su cuerpo de un año de vida y le hace respirar con la urgencia debida. Coge a Alba , acercando sus cuerpos a Carla.
Recuperan a sus hijos,padre y madre, en la goma que salva.
Así queremos a un gobierno que nos saque adelante en este océano de pandemia. Nos encontramos en una tormenta que ha roto nuestra rutina, nuestra vida, nuestra libertad, nuestro sosiego, nuestra calma.
Queremos una política remando a favor, unida y con las directrices claras. Vivir del estado es invertir en cadenas amargas, van a tirar de nosotros y su peso no nos salva.
La tormenta se camufla en un juego de luces que nos puede sonar a traca. No és fiesta ni celebración encontrar a nuestros hijos en el agua. Los engulle la noche, el frío y la desesperanza. Llamando a sus padres, su miedo solo en la desgracia.
Claudia Ballester Grifo
El mar está embravecido. Restriega el rayo su cuerpo ardiente por la quilla del bote pillado en medio del lío.
El manto líquido eleva con su espeso frío gotas de sal que se deshacen en un púrpura desmayado y adormecido.
El mástil tropezó con el relámpago que no pudo resistir el barco. Se alimentó el agujero por el que rápidamente asalto el océano.
La bengala intentó destacar entre las ráfagas de luces, retando vientos. La comunicación por otros medios quedó sorda y muda al llanto.
Una segunda vivienda bendecida por mares amigos y puertos nodriza. Un capitán seguro de conducir su vida y la de su familia.
Tres niños al mar con su chaleco salvavidas. Los padres peleando con una lancha de goma.
Carla de tres años ni suspira, acallado su llanto por las lágrimas que se limpian con el agua salina.
Fernando de doce intenta acercarse al bebé que sube y baja con la cara hundida. Llama a la hermana, nada con la desesperación del que ve la muerte y deja la cita para otro día. Rescata su cuerpo de un año de vida y le hace respirar con la urgencia debida. Coge a Alba , acercando sus cuerpos a Carla.
Recuperan a sus hijos,padre y madre, en la goma que salva.
Así queremos a un gobierno que nos saque adelante en este océano de pandemia. Nos encontramos en una tormenta que ha roto nuestra rutina, nuestra vida, nuestra libertad, nuestro sosiego, nuestra calma.
Queremos una política remando a favor, unida y con las directrices claras. Vivir del estado es invertir en cadenas amargas, van a tirar de nosotros y su peso no nos salva.
La tormenta se camufla en un juego de luces que nos puede sonar a traca. No és fiesta ni celebración encontrar a nuestros hijos en el agua. Los engulle la noche, el frío y la desesperanza. Llamando a sus padres, su miedo solo en la desgracia.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 27 de abril de 2020
AL VIENTO.
Me deshago en un charco de soledades esperando una palabra cierta aunque no sea amable.
Se abren mis sentidos en una poza de oscuridad, cegada, vulnerable esperando seguir dictamen del informado.
Yace mi sombra en el frío esperando calor que me sobrecoja y me alce.
Infortunio que priva de libertad, cadenas que atan, ser que se hunde en la esclavitud del que mal manda. Del que sabiendo, no sabe.
Narciso se quedó prendado de su imagen. Incapaz de querer a nadie a no ser que reconociera su rostro en el estanque.
Espejo estanco sin variantes. Que no mueva ondas el viento ni rizo de desmanes.
Fatua imagen, pueril, intrascendente y material.
¿Quién dirige?
Se siguen los dictados de la OMS. Se hace caso a los que saben, los científicos. Se hace caso cuando todo va mal y se escuda el espejo.
Si las cosas se enmiendan y las cifras se barajan con menos cajas y menos contagios, tal vez aparezcan los políticos escondidos tanto tiempo.
Se señala a las residencias. Foco de entierros y cementerios llenos. Se dejó el espejismo de una realidad de verbena para todos y manifestaciones con conciertos. Señalaban desde lo más alto, desde el gobierno central sabedor de la necesidad de precaución y de abastecer a la primera fila de tormento.
Lo sabían, pero estaban en otros temas, asuntos de gran calado y olvidaron el asunto de los ancianos para retomarlo cuando las llamadas de teléfono crujían las camas colapsadas de hospitales y UCI.
Se oyen voces de confinamiento. Los ancianos en sus residencias, paracetamol a diestro y siniestro. Los directores llamando que sus residentes necesitan atención. Ni una ambulancia disponible ante tanto requerimiento.
Ahora nos tenemos que ver en juzgados lo que no se ha resuelto con el deber del ministro y del equipo responsable. Se quiere delegar responsabilidades cuando el único mando que se barajó y confiscó el material a las autonomías precavidas, ahora desinflado, las devuelve a los sorprendidos.
Reinventarse una y otra vez a lomos y expensas de un gobierno,que siendo muchos, nos saben a polvo y resecan las entendederas del pueblo confinado, esclavo y subvencionado para desgracia de sus hijos.
Claudia Ballester Grifo
Me deshago en un charco de soledades esperando una palabra cierta aunque no sea amable.
Se abren mis sentidos en una poza de oscuridad, cegada, vulnerable esperando seguir dictamen del informado.
Yace mi sombra en el frío esperando calor que me sobrecoja y me alce.
Infortunio que priva de libertad, cadenas que atan, ser que se hunde en la esclavitud del que mal manda. Del que sabiendo, no sabe.
Narciso se quedó prendado de su imagen. Incapaz de querer a nadie a no ser que reconociera su rostro en el estanque.
Espejo estanco sin variantes. Que no mueva ondas el viento ni rizo de desmanes.
Fatua imagen, pueril, intrascendente y material.
¿Quién dirige?
Se siguen los dictados de la OMS. Se hace caso a los que saben, los científicos. Se hace caso cuando todo va mal y se escuda el espejo.
Si las cosas se enmiendan y las cifras se barajan con menos cajas y menos contagios, tal vez aparezcan los políticos escondidos tanto tiempo.
Se señala a las residencias. Foco de entierros y cementerios llenos. Se dejó el espejismo de una realidad de verbena para todos y manifestaciones con conciertos. Señalaban desde lo más alto, desde el gobierno central sabedor de la necesidad de precaución y de abastecer a la primera fila de tormento.
Lo sabían, pero estaban en otros temas, asuntos de gran calado y olvidaron el asunto de los ancianos para retomarlo cuando las llamadas de teléfono crujían las camas colapsadas de hospitales y UCI.
Se oyen voces de confinamiento. Los ancianos en sus residencias, paracetamol a diestro y siniestro. Los directores llamando que sus residentes necesitan atención. Ni una ambulancia disponible ante tanto requerimiento.
Ahora nos tenemos que ver en juzgados lo que no se ha resuelto con el deber del ministro y del equipo responsable. Se quiere delegar responsabilidades cuando el único mando que se barajó y confiscó el material a las autonomías precavidas, ahora desinflado, las devuelve a los sorprendidos.
Reinventarse una y otra vez a lomos y expensas de un gobierno,que siendo muchos, nos saben a polvo y resecan las entendederas del pueblo confinado, esclavo y subvencionado para desgracia de sus hijos.
Claudia Ballester Grifo
A LA CALLE.
Ayer, Domingo 26 de abril hubo salida para los niños y un tutor a su cuidado.
Una propuesta que abrió un marco de esperanza para unas ilusiones que llevaban con resignación y ejemplaridad mucho tiempo de confinamiento.
No me creo que los padres pongan en peligro a sus hijos.
No me creo que los padres pongan en riesgo su vida.
No me creo que esos mismos que aplauden a las 20h todos los días les importe un bledo los sanitarios contagiados y muertos.
No hay suelo para llorar tanto despropósito si no nos vale con los padres y abuelos en cajas y con entierro incierto. No se puede comprobar ni si son los nuestros.
Quiero pensar que ha fallado la estrategía.
No se ha contado que estamos todos en casa y un km a la redonda para muchos puede quedarse corto.
Se necesita alguien que dirija y que no se alimente el desconcierto. Hacer las cosas a la marcha trae muchas idas y venidas que pagaremos al tiempo.
Esperemos que se arregle este caos y que se salga por días, horas y número de carnet de identidad. Que se den unas pautas que se haya comprobado aunque sea en el mundo virtual.
Si los padres se responsabilizan y se apartan de los que han ocupado el lugar, tal vez lleguen a casa reculando y nada más.
Creo en el ser humano. Creo en la gente.
Sí, creo. Creo que nuestros mayores se merecen el respeto de cada uno de los existentes.
Mayores encerrados en casa, muchos solos, aguantando otro frente. Esperanzados por salir y sentir una última vez el sol cabalgando en su cabello y la brisa de vientos cálidos masajeando sus miembros expuestos.
¿Qué más tenemos que perder?
No más mentiras tapando el esperpento.
Claudia Ballester Grifo
Ayer, Domingo 26 de abril hubo salida para los niños y un tutor a su cuidado.
Una propuesta que abrió un marco de esperanza para unas ilusiones que llevaban con resignación y ejemplaridad mucho tiempo de confinamiento.
No me creo que los padres pongan en peligro a sus hijos.
No me creo que los padres pongan en riesgo su vida.
No me creo que esos mismos que aplauden a las 20h todos los días les importe un bledo los sanitarios contagiados y muertos.
No hay suelo para llorar tanto despropósito si no nos vale con los padres y abuelos en cajas y con entierro incierto. No se puede comprobar ni si son los nuestros.
Quiero pensar que ha fallado la estrategía.
No se ha contado que estamos todos en casa y un km a la redonda para muchos puede quedarse corto.
Se necesita alguien que dirija y que no se alimente el desconcierto. Hacer las cosas a la marcha trae muchas idas y venidas que pagaremos al tiempo.
Esperemos que se arregle este caos y que se salga por días, horas y número de carnet de identidad. Que se den unas pautas que se haya comprobado aunque sea en el mundo virtual.
Si los padres se responsabilizan y se apartan de los que han ocupado el lugar, tal vez lleguen a casa reculando y nada más.
Creo en el ser humano. Creo en la gente.
Sí, creo. Creo que nuestros mayores se merecen el respeto de cada uno de los existentes.
Mayores encerrados en casa, muchos solos, aguantando otro frente. Esperanzados por salir y sentir una última vez el sol cabalgando en su cabello y la brisa de vientos cálidos masajeando sus miembros expuestos.
¿Qué más tenemos que perder?
No más mentiras tapando el esperpento.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 26 de abril de 2020
MENTE EN BLANCO.
En el limbo de mis nubes floto y levitan mis temores.
En el azul pastel de mis cielos derrite la tiza de mis reflexiones.
En la melena de la tormenta cuando los tifones se alzan arrastrando su cola, se levantan mis pensamientos y se arrebatan mis albores.
Tiraría de la vocal y acabaría mi palabra para poner en rojos labios la fuerza de mis pasiones.
Desataría huracanes para eclipsar la niña y que saliera la leona que defiende sus ardores.
Me convertiría en mujer que devora sin condiciones.
Fuerza bruta que arrasa corazones y que se lleva a rastras el trofeo de su celo y sus amores.
Saldría la felina de ojos verdes para dejar el candor en el baúl de los terrores.
Cansada de volar las nubes en su calma labrada.
Quiero recorrer los ciclones y bañarme en remolinos de fuerza de corales.
Trenzar mi cabello de alga y perderme en el arenal de una tormenta de desierto.
Quiero abrir los cielos y sentarme en el trono de Selene. Blanca y seductora, susurrando a las sombras que la luz nocturna se prende con la lámpara de las estrellas.
Plagio es el reflejo del lago, cara de Plata sonriendo en el líquido calmo. Espejo de mi mirada con los ojos cerrados. Fiebre de un llanto que no acaba de salir, saqueada en su charco.
Claudia Ballester Grifo
En el limbo de mis nubes floto y levitan mis temores.
En el azul pastel de mis cielos derrite la tiza de mis reflexiones.
En la melena de la tormenta cuando los tifones se alzan arrastrando su cola, se levantan mis pensamientos y se arrebatan mis albores.
Tiraría de la vocal y acabaría mi palabra para poner en rojos labios la fuerza de mis pasiones.
Desataría huracanes para eclipsar la niña y que saliera la leona que defiende sus ardores.
Me convertiría en mujer que devora sin condiciones.
Fuerza bruta que arrasa corazones y que se lleva a rastras el trofeo de su celo y sus amores.
Saldría la felina de ojos verdes para dejar el candor en el baúl de los terrores.
Cansada de volar las nubes en su calma labrada.
Quiero recorrer los ciclones y bañarme en remolinos de fuerza de corales.
Trenzar mi cabello de alga y perderme en el arenal de una tormenta de desierto.
Quiero abrir los cielos y sentarme en el trono de Selene. Blanca y seductora, susurrando a las sombras que la luz nocturna se prende con la lámpara de las estrellas.
Plagio es el reflejo del lago, cara de Plata sonriendo en el líquido calmo. Espejo de mi mirada con los ojos cerrados. Fiebre de un llanto que no acaba de salir, saqueada en su charco.
Claudia Ballester Grifo
UN SUSPIRO.
Abrazando la nostalgía, vagando la melancolía en el lamento de una mirada.
Sol que lleva de la mano un infante que se despierta de su encierro.
De la mano con el padre hablando de sus empeños.
Gorrita ladeada de golfillo inquieto, va andando hecho un hombre que ha madurado despierto.
De balcón a balcón me separa un abrazo.
Nuestros ojos no se cruzan, lo impide un soslayo. Un embarazo de piedra, frío al calor de una emoción tan fuerte. Un sentir de madre e hija que no se ven aunque hablen a menudo.
No soy una niña y no me toca la calle. Soy vulnerable y,por la cuenta que me tiene, me mantendré confinada hasta que salga mi gente. No tendrá sentido un encierro si la paloma va y viene.
El día que salga espero que sea tu día, madre.
Volver a la vida una al lado de la otra como siempre.
Mirarte a los ojos y darte a entender que me tienes.
Eres el suspiro de mis pensamientos,
el abrazo cariñoso de tu temple.
La fortaleza que sola te mantiene.
Correr a tu figura, campo de finas flores y arrodillarme a tu fragancía para vivir de nuevo.
Claudia Ballester Grifo
Abrazando la nostalgía, vagando la melancolía en el lamento de una mirada.
Sol que lleva de la mano un infante que se despierta de su encierro.
De la mano con el padre hablando de sus empeños.
Gorrita ladeada de golfillo inquieto, va andando hecho un hombre que ha madurado despierto.
De balcón a balcón me separa un abrazo.
Nuestros ojos no se cruzan, lo impide un soslayo. Un embarazo de piedra, frío al calor de una emoción tan fuerte. Un sentir de madre e hija que no se ven aunque hablen a menudo.
No soy una niña y no me toca la calle. Soy vulnerable y,por la cuenta que me tiene, me mantendré confinada hasta que salga mi gente. No tendrá sentido un encierro si la paloma va y viene.
El día que salga espero que sea tu día, madre.
Volver a la vida una al lado de la otra como siempre.
Mirarte a los ojos y darte a entender que me tienes.
Eres el suspiro de mis pensamientos,
el abrazo cariñoso de tu temple.
La fortaleza que sola te mantiene.
Correr a tu figura, campo de finas flores y arrodillarme a tu fragancía para vivir de nuevo.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 25 de abril de 2020
RENDIJA.
Miel sobre entendederas. Labios de regusto que sin pasar hambre teclean.
Aires que desde lejos cimbrean en terrazas de sillas desiertas.
Piden manos que la tierra atiendan. Recogida de fruta que llevarnos a la boca en la temporada que toca.
Subsidio que acuesta intenciones y hace del hombre esclavo, hierro candente en piel seca.
Hombre de rodillas que a la plata se quiebra. Dinero de todos, de nadie si la deuda se adueña.
Pan para hoy esclavitud de hijos y nietos venidera. Nadie llora, ciegos todos en esta pandemia.
Mientras dibujan, aplauden y ríen se gesta la tragedía. Alguien no duerme mientras ofrece adormidera.
Borregos todos los que su sangre se resquebraja y seca.
Llora el osito, peluche mimoso de error y acierta. No toques la manivela, ni el picaporte ni la cogedera de la escalera. No, no y no... Y acierta. No pasa nada que si pasa más muertos para la esquela.
Llega la bruma, espesa opacidad que todo lo ciega. Mandamos contra corriente, pero hay gente brava que se desmarca y piensa.
Cortan lenguas. Ciegan ojos a fuego la espada. Nadie ve nada porque las mentes dispersas están de huelga. Espacios vacíos que la reflexión debiera escanciar en sidra de apuesta.
Qué la voz hable y la seguridad abrace la contienda.
Qué la verdad se pronuncie sin veneno de cobra.
Qué los anillos de la boa no constriñan la añoranza de una vida a transcurrir por el ópalo de la amapola.
Se abrírán los espacios de opio para que el oxígeno llene las mentes que den la diestra a los enemigos del pueblo.
Claudia Ballester Grifo
Miel sobre entendederas. Labios de regusto que sin pasar hambre teclean.
Aires que desde lejos cimbrean en terrazas de sillas desiertas.
Piden manos que la tierra atiendan. Recogida de fruta que llevarnos a la boca en la temporada que toca.
Subsidio que acuesta intenciones y hace del hombre esclavo, hierro candente en piel seca.
Hombre de rodillas que a la plata se quiebra. Dinero de todos, de nadie si la deuda se adueña.
Pan para hoy esclavitud de hijos y nietos venidera. Nadie llora, ciegos todos en esta pandemia.
Mientras dibujan, aplauden y ríen se gesta la tragedía. Alguien no duerme mientras ofrece adormidera.
Borregos todos los que su sangre se resquebraja y seca.
Llora el osito, peluche mimoso de error y acierta. No toques la manivela, ni el picaporte ni la cogedera de la escalera. No, no y no... Y acierta. No pasa nada que si pasa más muertos para la esquela.
Llega la bruma, espesa opacidad que todo lo ciega. Mandamos contra corriente, pero hay gente brava que se desmarca y piensa.
Cortan lenguas. Ciegan ojos a fuego la espada. Nadie ve nada porque las mentes dispersas están de huelga. Espacios vacíos que la reflexión debiera escanciar en sidra de apuesta.
Qué la voz hable y la seguridad abrace la contienda.
Qué la verdad se pronuncie sin veneno de cobra.
Qué los anillos de la boa no constriñan la añoranza de una vida a transcurrir por el ópalo de la amapola.
Se abrírán los espacios de opio para que el oxígeno llene las mentes que den la diestra a los enemigos del pueblo.
Claudia Ballester Grifo
CRONOS
El sol amigo se enreda entre las sábanas.
Me hace cosquillas y despierta una sonrisa
mientras los ojos perseveran en su luna cerrada.
El silencio acompaña el destierro de las prisas.
Cronos ha descendido a las tinieblas mientras
la vida se derrama.
Ulula un palomo rendido a la mañana.
Disfruta el sol de su baño de luz desde hora muy temprana.
Se despereza el sueño y con él los personajes que le acompañan.
Vueltas en la sombra que arropa los miedos que se desatan.
Rienda suelta al inconsciente, besando las heridas que el consciente rescata.
Noches prolíficas de detalles que la aurora revierte y apaña.
Se dirigen las sombras al frondoso bosque alicatando la umbría de su corazón,
fuerte, con tenazas.
Aleteando en un suave arrullo se van creciendo las ganas.
El hálito abre las ventanas y el pulso del día entra en la casa.
Los pasos, en la calle, cuentan las rayas y el azote de camiones sobresalta
su carga y descarga.
Sonido grave de moscardones rodando las agujas del sol que les van como espadas.
Va ganando el trino de gorriones y la estela del bruto se acalla en la distancía.
Claudia Ballester Grifo
El sol amigo se enreda entre las sábanas.
Me hace cosquillas y despierta una sonrisa
mientras los ojos perseveran en su luna cerrada.
El silencio acompaña el destierro de las prisas.
Cronos ha descendido a las tinieblas mientras
la vida se derrama.
Ulula un palomo rendido a la mañana.
Disfruta el sol de su baño de luz desde hora muy temprana.
Se despereza el sueño y con él los personajes que le acompañan.
Vueltas en la sombra que arropa los miedos que se desatan.
Rienda suelta al inconsciente, besando las heridas que el consciente rescata.
Noches prolíficas de detalles que la aurora revierte y apaña.
Se dirigen las sombras al frondoso bosque alicatando la umbría de su corazón,
fuerte, con tenazas.
Aleteando en un suave arrullo se van creciendo las ganas.
El hálito abre las ventanas y el pulso del día entra en la casa.
Los pasos, en la calle, cuentan las rayas y el azote de camiones sobresalta
su carga y descarga.
Sonido grave de moscardones rodando las agujas del sol que les van como espadas.
Va ganando el trino de gorriones y la estela del bruto se acalla en la distancía.
Claudia Ballester Grifo
viernes, 24 de abril de 2020
PATER.
Pater que en tu condición humana erras y fallas.
Pater nuestro votado con papeletas en urnas de filas esperanzadas.
Pater al que miramos expectantes en señal de una idea válida.
Pater de vida y sueños, imagen venerada.
Pater querido o consentido por sobres cerrados, voces contadas.
Pater de hijos que crecen y comprenden el olor de humanidad ponderada.
Hijos que queremos estadísticas claras.
Industrias nacionales preparadas.
Control de material sanitario de producción propia que nos asegure la calma.
Ideas de futuro con perspectiva y esperanza.
Un alfil que mantenga su cabeza sin doblegarla.
Una torre que con su fortaleza nos resguarda.
Una salida a la calle que no envenene nuestras ganas.
Los niños al primer frente. Si algo sale mal bajo el peso de los padres.
Si las cosas se hacen bien, miel de hojuelas. Y,
¿ quién define bien si nadie tiene idea clara?
La pelota toca la calle y el niño la toca.
El padre vigila que en esa hora el niño no lleva manos a la boca.
2 padrenuestros y el niño llega a casa y se desinfecta.
Ropa, zapatos, juguetes y...
el que se cuele un día tras otro en la fortaleza.
Claudia Ballester Grifo
Pater que en tu condición humana erras y fallas.
Pater nuestro votado con papeletas en urnas de filas esperanzadas.
Pater al que miramos expectantes en señal de una idea válida.
Pater de vida y sueños, imagen venerada.
Pater querido o consentido por sobres cerrados, voces contadas.
Pater de hijos que crecen y comprenden el olor de humanidad ponderada.
Hijos que queremos estadísticas claras.
Industrias nacionales preparadas.
Control de material sanitario de producción propia que nos asegure la calma.
Ideas de futuro con perspectiva y esperanza.
Un alfil que mantenga su cabeza sin doblegarla.
Una torre que con su fortaleza nos resguarda.
Una salida a la calle que no envenene nuestras ganas.
Los niños al primer frente. Si algo sale mal bajo el peso de los padres.
Si las cosas se hacen bien, miel de hojuelas. Y,
¿ quién define bien si nadie tiene idea clara?
La pelota toca la calle y el niño la toca.
El padre vigila que en esa hora el niño no lleva manos a la boca.
2 padrenuestros y el niño llega a casa y se desinfecta.
Ropa, zapatos, juguetes y...
el que se cuele un día tras otro en la fortaleza.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 23 de abril de 2020
DERECHO.
¡Ayyyyyy, España, esta tierra mía!
Azahar de sus gentes, naranjos de la comunidad, cuna de mi vida.
Barco a la deriva que zozobra sin capitán que dirija.
Es el grumete una marioneta de cuerda podrida.
Un hilo endeble que no sustenta honor ni gallardía.
Los días transcurren en la más patética penuría.
Nos cantan contagios y muertes y la medalla es nuestra, sin duda.
Estadísticas sin criterio ni fiables, soledad de mi amargura.
Pueblo vencido, adoctrinado, resignado... Ya, ni pregunta.
Dejamos ir a nuestros mayores solos, un adiós sin retorno,
sin abrazo, sin despedida.
Lloramos su marcha confinados, en silencio, sin armar ruido,
resignados, hundidos... Amedrantados.
¡Ayyyy, España, esta tierra mía!
De mis padres, de mis abuelos, huesos de los antepasados
formando parte de su consistencia y hermosura.
Tierra de los míos, de los nuestros, sobrecogida por tanta sepultura.
Lloro reclinada en el pesar de mi angustía, taladrado
el corazón de tanta sabiduría perdida.
Espinas del rosal de la libertad de mis días.
Pinchos asesinos que envenena una idea oscura.
Mis plegarías por tanta familia hundida.
Polvo de mi polvo, tierra querida.
Claudia Ballester Grifo
¡Ayyyyyy, España, esta tierra mía!
Azahar de sus gentes, naranjos de la comunidad, cuna de mi vida.
Barco a la deriva que zozobra sin capitán que dirija.
Es el grumete una marioneta de cuerda podrida.
Un hilo endeble que no sustenta honor ni gallardía.
Los días transcurren en la más patética penuría.
Nos cantan contagios y muertes y la medalla es nuestra, sin duda.
Estadísticas sin criterio ni fiables, soledad de mi amargura.
Pueblo vencido, adoctrinado, resignado... Ya, ni pregunta.
Dejamos ir a nuestros mayores solos, un adiós sin retorno,
sin abrazo, sin despedida.
Lloramos su marcha confinados, en silencio, sin armar ruido,
resignados, hundidos... Amedrantados.
¡Ayyyy, España, esta tierra mía!
De mis padres, de mis abuelos, huesos de los antepasados
formando parte de su consistencia y hermosura.
Tierra de los míos, de los nuestros, sobrecogida por tanta sepultura.
Lloro reclinada en el pesar de mi angustía, taladrado
el corazón de tanta sabiduría perdida.
Espinas del rosal de la libertad de mis días.
Pinchos asesinos que envenena una idea oscura.
Mis plegarías por tanta familia hundida.
Polvo de mi polvo, tierra querida.
Claudia Ballester Grifo
ESPINAS.
Miro al cielo y pido. Ese cielo, regalo de sol, cálido a mi piel y mis sentidos.
Ruego al alto con los ojos encendidos y el corazón palpitando en mi mano guarnecido.
Levanto las manos, palmas limpias de persona grata y agradecida.
Vulnerable de mediana edad que no encuentra rosa blanca sin espinas.
¡Qué será de mí cuando mi familia vuelva a la vida!
¡Qué será de mí confinada en la soledad tan mía!
¡Qué será del riesgo de que entre el bicho en el hogar que me confina!
Sin sol, sin vida. Sin paseos que estiren estas articulaciones que chirrían.
Goznes oxidados que exhudan sangre negra. Me doblo de rodillas.
Soy la última de la fila. Con dos dedos gangrenados,
en espera de un quirófano que ni se sueña, ni se alcanza, pura quimera, pesadilla.
Callada, en el resguardo de mi familia. Confinada en unos metros
que son la salvaguarda de mi vida.
¿ No hay forma de que pueda ver la vida?
¿ No hay protección para un vulnerable que ve perdida su mañana?
¿ Se acabaron mis días?
¿A quién se protege?
Los mayores ya han dado su vida.
Claudia Ballester Grifo
Miro al cielo y pido. Ese cielo, regalo de sol, cálido a mi piel y mis sentidos.
Ruego al alto con los ojos encendidos y el corazón palpitando en mi mano guarnecido.
Levanto las manos, palmas limpias de persona grata y agradecida.
Vulnerable de mediana edad que no encuentra rosa blanca sin espinas.
¡Qué será de mí cuando mi familia vuelva a la vida!
¡Qué será de mí confinada en la soledad tan mía!
¡Qué será del riesgo de que entre el bicho en el hogar que me confina!
Sin sol, sin vida. Sin paseos que estiren estas articulaciones que chirrían.
Goznes oxidados que exhudan sangre negra. Me doblo de rodillas.
Soy la última de la fila. Con dos dedos gangrenados,
en espera de un quirófano que ni se sueña, ni se alcanza, pura quimera, pesadilla.
Callada, en el resguardo de mi familia. Confinada en unos metros
que son la salvaguarda de mi vida.
¿ No hay forma de que pueda ver la vida?
¿ No hay protección para un vulnerable que ve perdida su mañana?
¿ Se acabaron mis días?
¿A quién se protege?
Los mayores ya han dado su vida.
Claudia Ballester Grifo
martes, 21 de abril de 2020
COLAS.
En la telaraña de mis sueños
siguen pegados los miedos
que estrangulan los días
encontrando pocos aciertos.
Desde la ventana de mis ojos,
en total confinamiento
se llama a las colas
buscando el deseo.
Se persiguen las mascarillas,
una por individuo,
que proteja al prójimo
más que a uno mismo.
Se bloquea la informática,
habiendo dispensario
no llega la dispensa.
¿Quién tuvo la ocurrencia?
Las farmacias sufren
la espera de blancas sienes,
perlas de cabellos canos
que vuelven al confinamiento
si mascarilla ni medicación.
Sigue llorando el cielo
lo que no encauza mano humana.
Siguen los despropósitos,
no se da en la diana.
Se van a contagiar los
que hasta ahora estaban
a salvo en su casa.
A ver si se ponen de acuerdo.
Me gustaría recibir mi mascarilla en el buzón.
Ya se hace para las elecciones,
no entiendo ahora
otro medio mejor.
El bicho está fuera,
hasta los niños dicen:
- mamá, yo, no.
Les preguntan si quieren
salir a la calle:
-no, mamá. Estando el bicho, no.
Claudia Ballester Grifo
En la telaraña de mis sueños
siguen pegados los miedos
que estrangulan los días
encontrando pocos aciertos.
Desde la ventana de mis ojos,
en total confinamiento
se llama a las colas
buscando el deseo.
Se persiguen las mascarillas,
una por individuo,
que proteja al prójimo
más que a uno mismo.
Se bloquea la informática,
habiendo dispensario
no llega la dispensa.
¿Quién tuvo la ocurrencia?
Las farmacias sufren
la espera de blancas sienes,
perlas de cabellos canos
que vuelven al confinamiento
si mascarilla ni medicación.
Sigue llorando el cielo
lo que no encauza mano humana.
Siguen los despropósitos,
no se da en la diana.
Se van a contagiar los
que hasta ahora estaban
a salvo en su casa.
A ver si se ponen de acuerdo.
Me gustaría recibir mi mascarilla en el buzón.
Ya se hace para las elecciones,
no entiendo ahora
otro medio mejor.
El bicho está fuera,
hasta los niños dicen:
- mamá, yo, no.
Les preguntan si quieren
salir a la calle:
-no, mamá. Estando el bicho, no.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 20 de abril de 2020
A MIS MAYORES.
Arrugas del tiempo,
surco de la historía,
cordón umbilical que nos nutre
y nos ata.
Manos hermosas,
calor impuesto sobre
nuestra alma.
Generación de nuestra vida,
alas que nos oxigenan
y nos alcanzan.
Padres y abuelos,
frente de nuestra confianza.
caen los muros y con ellos
vuestra vida, nuestra añoranza.
Surco de mi regazo,
manos abrazadas,
tesón de la fuerza,
martillo que aprieta
en piedra taladrada.
Sabuesos que detectan
el olor de almas gratas.
Carionte que en tu barcaza
te llevas el tesoro de años
y vidas labradas.
A remos impones la fuerza
del hurto de nuestra
gente amada.
Surcan las brumas
del umbral de la vida
requisada.
Claudia Ballester Grifo
Arrugas del tiempo,
surco de la historía,
cordón umbilical que nos nutre
y nos ata.
Manos hermosas,
calor impuesto sobre
nuestra alma.
Generación de nuestra vida,
alas que nos oxigenan
y nos alcanzan.
Padres y abuelos,
frente de nuestra confianza.
caen los muros y con ellos
vuestra vida, nuestra añoranza.
Surco de mi regazo,
manos abrazadas,
tesón de la fuerza,
martillo que aprieta
en piedra taladrada.
Sabuesos que detectan
el olor de almas gratas.
Carionte que en tu barcaza
te llevas el tesoro de años
y vidas labradas.
A remos impones la fuerza
del hurto de nuestra
gente amada.
Surcan las brumas
del umbral de la vida
requisada.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 19 de abril de 2020
PARA MI SOL.
La melena del tiempo, descubre tu cara.
Piel blanca, amable, tersa y franca.
Respetan los años arrugas invisibles a la mirada.
Es la fresa de tu boca, jugo que alimenta con cada palabra.
Es tu mirada limpia detrás del velo de la timidez y de la gracia.
Ojos de chocolate llenos, tibios y hermosos,
locura por los tiempos de tacón y falda.
Se separaron los cielos el día que me recogió una toalla.
Me pusieron en tus brazos y yo descubrí a la gran madre que atesorabas.
Naciste un 20 de abril para mi alegría y esperanza.
Descubrí el amor de tu abrazo, el pulso que calmaba mis ganas.
Sonreí a la vida. Me tocó la mejor madre sin esperarla.
Abrigo tus enseñanzas que es lo mejor de ti misma que me regalas.
Beso tus besos, pegadita a ti, madre, amiga, hermosa, limpia, amada.
Estrella de la estela que sigo con mucha atención, referente y guía, maestra,
doctora, mujer que me guarda.
Desde este encierro, separación obligada, te envío mis letras
para que acompañen este día madre venerada.
Prometo tarta, velas y la llegada de tu familia el día que el miedo
se aleje de tu seguridad sagrada.
TE QUEREMOS, MAMÁ.
Claudia Ballester Grifo
La melena del tiempo, descubre tu cara.
Piel blanca, amable, tersa y franca.
Respetan los años arrugas invisibles a la mirada.
Es la fresa de tu boca, jugo que alimenta con cada palabra.
Es tu mirada limpia detrás del velo de la timidez y de la gracia.
Ojos de chocolate llenos, tibios y hermosos,
locura por los tiempos de tacón y falda.
Se separaron los cielos el día que me recogió una toalla.
Me pusieron en tus brazos y yo descubrí a la gran madre que atesorabas.
Naciste un 20 de abril para mi alegría y esperanza.
Descubrí el amor de tu abrazo, el pulso que calmaba mis ganas.
Sonreí a la vida. Me tocó la mejor madre sin esperarla.
Abrigo tus enseñanzas que es lo mejor de ti misma que me regalas.
Beso tus besos, pegadita a ti, madre, amiga, hermosa, limpia, amada.
Estrella de la estela que sigo con mucha atención, referente y guía, maestra,
doctora, mujer que me guarda.
Desde este encierro, separación obligada, te envío mis letras
para que acompañen este día madre venerada.
Prometo tarta, velas y la llegada de tu familia el día que el miedo
se aleje de tu seguridad sagrada.
TE QUEREMOS, MAMÁ.
Claudia Ballester Grifo
EL REGALO DEL ALMA.
Se funde el amarillo con el rojo.
Se destila el gualda triste y macilento sin la pasión de la sangre que lo acorrala.
Migran los colores abandonando un alma que de tanto defenderlos quedó exhausta.
Vuela el oxígeno pesando menos que nada. Se fibrosa la esponja, se apelmazan las alas.
Se asfixia un cuerpo de bandera y patría.
Se cambía el uniforme por el pijama.
La gorra cubre la cabeza del bebé que le espera sin esperanza.
La madre abraza la angustía de una cama fría, una casa solitaría.
Llora el cielo, cierran las filas los ángeles que se cuadran.
Eras uno más en la fila.
Un soldado sin nombre, pero dispuesto con la fuerza que da el coraje y la entrega.
Caíste con las botas puestas y con el uniforme soñado desde tu más tierna infancía.
Vocación de valiente, presupuesto incierto, pero la intención inteligente.
Laguna bravía en esa mirada de la simiente.
Legado en tierra de tu partida inminente.
Suena el himno, se cuadra el ejército, honor a una muerte.
Claudia Ballester Grifo
Se funde el amarillo con el rojo.
Se destila el gualda triste y macilento sin la pasión de la sangre que lo acorrala.
Migran los colores abandonando un alma que de tanto defenderlos quedó exhausta.
Vuela el oxígeno pesando menos que nada. Se fibrosa la esponja, se apelmazan las alas.
Se asfixia un cuerpo de bandera y patría.
Se cambía el uniforme por el pijama.
La gorra cubre la cabeza del bebé que le espera sin esperanza.
La madre abraza la angustía de una cama fría, una casa solitaría.
Llora el cielo, cierran las filas los ángeles que se cuadran.
Eras uno más en la fila.
Un soldado sin nombre, pero dispuesto con la fuerza que da el coraje y la entrega.
Caíste con las botas puestas y con el uniforme soñado desde tu más tierna infancía.
Vocación de valiente, presupuesto incierto, pero la intención inteligente.
Laguna bravía en esa mirada de la simiente.
Legado en tierra de tu partida inminente.
Suena el himno, se cuadra el ejército, honor a una muerte.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 18 de abril de 2020
LA ESQUINA DEL CÍRCULO.
El azul eléctrico se mezcla con el aroma del viento que se cuela por balcones y ventanas.
La prisa se almacena en las ruedas que se deslizan por la calzada. Se mimetiza el gris del acero en las calles silenciadas por la canturrela de los pájaros en sus ramas.
Se huele a una lluvía no lejana. Empujadas las nubes en sus capas más altas, una bruma de algodón oscurece la siesta en el acomode de sus ganas.
Corre la pluma en sus horas tempranas, manuscrito de lo vivido, avecillas que todo lo captan, sentir de una vida que corriendo no alcanza.
Quiero plasmar todas mis horas, las bajas y las altas. Forjar un camino con mis datas. Volver algún día al vinilo de mi música creada. Ese susurro de vida que llevo tatuada.
Trinos de mi canto, sentir de mi esperanza, búsqueda que sabiendo el comienzo no quiero ver cuando acaba.
Filosofa sin querer el que observa, apunta y calla. Con las campanadas de la torre descubre con añoranza que quitando las telarañas del escrito el corazón palpita y abarca.
Discierne pensamientos que en su día fueron palabras. Adquirieron flor de verdad, dato científico en el polvo de la esperanza. Perdura el que quiere,paciencia que apunta el logro en el horizonte que nos alcanza.
Déjemos que la lluvia cruce la calle y la espera moje sus ansias. Que sea el agua limpia la que borre las horas perdidas en los sueños, recuerdos inconscientes del que busca en el sentir de la memoria deseada.
Claudia Ballester Grifo
El azul eléctrico se mezcla con el aroma del viento que se cuela por balcones y ventanas.
La prisa se almacena en las ruedas que se deslizan por la calzada. Se mimetiza el gris del acero en las calles silenciadas por la canturrela de los pájaros en sus ramas.
Se huele a una lluvía no lejana. Empujadas las nubes en sus capas más altas, una bruma de algodón oscurece la siesta en el acomode de sus ganas.
Corre la pluma en sus horas tempranas, manuscrito de lo vivido, avecillas que todo lo captan, sentir de una vida que corriendo no alcanza.
Quiero plasmar todas mis horas, las bajas y las altas. Forjar un camino con mis datas. Volver algún día al vinilo de mi música creada. Ese susurro de vida que llevo tatuada.
Trinos de mi canto, sentir de mi esperanza, búsqueda que sabiendo el comienzo no quiero ver cuando acaba.
Filosofa sin querer el que observa, apunta y calla. Con las campanadas de la torre descubre con añoranza que quitando las telarañas del escrito el corazón palpita y abarca.
Discierne pensamientos que en su día fueron palabras. Adquirieron flor de verdad, dato científico en el polvo de la esperanza. Perdura el que quiere,paciencia que apunta el logro en el horizonte que nos alcanza.
Déjemos que la lluvia cruce la calle y la espera moje sus ansias. Que sea el agua limpia la que borre las horas perdidas en los sueños, recuerdos inconscientes del que busca en el sentir de la memoria deseada.
Claudia Ballester Grifo
BÚSQUEDA.
Me miro en el reflejo del estanque de mis recuerdos. En el fiel espejo que forma el plano estanco, agudizo mis sentidos para descubrir la verdad de lo escrito.
Puede el sol deslumbrar y poner impedimentos. Puede la noche callada confundirnos con sus sombras. Puede el ruido de lo cotidiano entorpecer la concentración necesaría. Puede, sí...
Disponemos de un mundo maravilloso que alucine nuestros sentidos y embote nuestro entendimiento.
Busco la verdad en el Olimpo del secreto. Oro puro que recubre el tesoro y destila perlas de lágrimas en la espera del miedo. Es cautelosa la senda que nos lleva a pastos nuevos. Son las fragancias más frescas las que salen a nuestro encuentro. Con su corona de flores ciñen la sabiduría que nos culmina la peregrinación de la búsqueda.
Se emprende el camino libre de ataduras. Con la sábana blanca vistiendo la desnudez de la apostura. Con las manos abiertas,de paloma blanca la intención y gallardía.
La mirada al cielo, pastel de trino y alegría. Pies descalzos sin lastre que frene el ímpetu de la aventura.
Busco a una amiga perdida. Hace muchos años que no sé de ella, crecimos juntas. Compartimos momentos y travesuras, evolucionamos y la perdí en el pestañeo de un susurro sin consciencía del volar de su existencía.
Si alguien sabe algo de ella, por favor que me lo diga. Se llama VERDAD.
Claudia Ballester Grifo
Me miro en el reflejo del estanque de mis recuerdos. En el fiel espejo que forma el plano estanco, agudizo mis sentidos para descubrir la verdad de lo escrito.
Puede el sol deslumbrar y poner impedimentos. Puede la noche callada confundirnos con sus sombras. Puede el ruido de lo cotidiano entorpecer la concentración necesaría. Puede, sí...
Disponemos de un mundo maravilloso que alucine nuestros sentidos y embote nuestro entendimiento.
Busco la verdad en el Olimpo del secreto. Oro puro que recubre el tesoro y destila perlas de lágrimas en la espera del miedo. Es cautelosa la senda que nos lleva a pastos nuevos. Son las fragancias más frescas las que salen a nuestro encuentro. Con su corona de flores ciñen la sabiduría que nos culmina la peregrinación de la búsqueda.
Se emprende el camino libre de ataduras. Con la sábana blanca vistiendo la desnudez de la apostura. Con las manos abiertas,de paloma blanca la intención y gallardía.
La mirada al cielo, pastel de trino y alegría. Pies descalzos sin lastre que frene el ímpetu de la aventura.
Busco a una amiga perdida. Hace muchos años que no sé de ella, crecimos juntas. Compartimos momentos y travesuras, evolucionamos y la perdí en el pestañeo de un susurro sin consciencía del volar de su existencía.
Si alguien sabe algo de ella, por favor que me lo diga. Se llama VERDAD.
Claudia Ballester Grifo
TAZA DE CAFÉ.
De tanto mirarte,
se me deshacen los ojos
en aguacero suave.
Reposo mi amor en tu gesto
amable,
se desborda la sonrisa
que me precede.
El calor que tu compañía
me ofrece,
abraza mis ganas,
mi amor abastece.
Llena de narcisos
y gladiolos mis sueños
y quimeras,
sembrando de aromas
los pasos de mis
pies descalzos.
Despliego ante ti mis velos
y transparencías,
son tuyos mis silencios
de besos con tu nombre
sellados.
Luz de mi luz,
amor de mi vida,
el día que te vayas
que sean dos palomas
las que suban juntas.
La eternidad es un tiempo
relativo para el amor.
Una vida, la taza de café
con la que se desayuna.
Claudia Ballester
De tanto mirarte,
se me deshacen los ojos
en aguacero suave.
Reposo mi amor en tu gesto
amable,
se desborda la sonrisa
que me precede.
El calor que tu compañía
me ofrece,
abraza mis ganas,
mi amor abastece.
Llena de narcisos
y gladiolos mis sueños
y quimeras,
sembrando de aromas
los pasos de mis
pies descalzos.
Despliego ante ti mis velos
y transparencías,
son tuyos mis silencios
de besos con tu nombre
sellados.
Luz de mi luz,
amor de mi vida,
el día que te vayas
que sean dos palomas
las que suban juntas.
La eternidad es un tiempo
relativo para el amor.
Una vida, la taza de café
con la que se desayuna.
Claudia Ballester
viernes, 17 de abril de 2020
ALIANZA.
Que nadie arrebate nuestra libertad de ser y pensar.
Que nadie toque la familia ni ose separarla.
Que nadie manipule los sentimientos para cegar los actos.
Que se vayan los tiburones a depredar lejos de las costas de nuestros baños.
Queremos la verdad, nunca se ha necesitado tanto.
Queremos un gobierno que nos dirija y nos lleve con rumbo de capitán a un puerto más seguro, tranquilo, calmado.
Un presidente que nos mire a los ojos sin espejos ni brillos que desvíen intención, intereses ocultos y mal sanos.
Es difícil olvidar los malos pasos andados, pero peor es soportar sin andar ninguno y no conocer la identidad de quién tan mal nos ha llevado.
¿Quién informa?
¡Dios mio! Llega poco y mal, tarde y con el doble trabajo de ser retirado.
No damos una y la gente encerrada, aislada y callada.
Se masca la tragedía, se lloran los muertos, familias deshechas.
No hay claridad ni se espera. Necesitamos una explicación, tarea bien hecha. Los deberes no están hechos, habrá que sacar la regleta.
Claudia Ballester Grifo
Que nadie arrebate nuestra libertad de ser y pensar.
Que nadie toque la familia ni ose separarla.
Que nadie manipule los sentimientos para cegar los actos.
Que se vayan los tiburones a depredar lejos de las costas de nuestros baños.
Queremos la verdad, nunca se ha necesitado tanto.
Queremos un gobierno que nos dirija y nos lleve con rumbo de capitán a un puerto más seguro, tranquilo, calmado.
Un presidente que nos mire a los ojos sin espejos ni brillos que desvíen intención, intereses ocultos y mal sanos.
Es difícil olvidar los malos pasos andados, pero peor es soportar sin andar ninguno y no conocer la identidad de quién tan mal nos ha llevado.
¿Quién informa?
¡Dios mio! Llega poco y mal, tarde y con el doble trabajo de ser retirado.
No damos una y la gente encerrada, aislada y callada.
Se masca la tragedía, se lloran los muertos, familias deshechas.
No hay claridad ni se espera. Necesitamos una explicación, tarea bien hecha. Los deberes no están hechos, habrá que sacar la regleta.
Claudia Ballester Grifo
SANITARIOS.
Te fuiste con el sufrimiento que quita la vida.
Te fuiste cerrando los ojos, ahogado por la angustia.
Apretando los puños, resistiéndote a la partida.
Llorando por tus hijos, por tu viudo o viuda...
Por tus padres, mudos por el golpe, por tu perdida compañía.
Último suspiro arrebatado al servicio, al amor que salva vidas.
Tienes nombre y rostro. Mirada dulce que calma y cura.
Te diste por completo, soportando la embestida.
Acompañaste y sembraste lindos rosales que se abrirán en su día.
Nacerá ese jardín que puliste para vestir el desierto de la enfermedad
y la amargura.
Te elevas, libre de ataduras, para soltar las palomas, blancas
y tiernas que coman de la mano del testigo que perdura.
Claudia Ballester Grifo
Te fuiste con el sufrimiento que quita la vida.
Te fuiste cerrando los ojos, ahogado por la angustia.
Apretando los puños, resistiéndote a la partida.
Llorando por tus hijos, por tu viudo o viuda...
Por tus padres, mudos por el golpe, por tu perdida compañía.
Último suspiro arrebatado al servicio, al amor que salva vidas.
Tienes nombre y rostro. Mirada dulce que calma y cura.
Te diste por completo, soportando la embestida.
Acompañaste y sembraste lindos rosales que se abrirán en su día.
Nacerá ese jardín que puliste para vestir el desierto de la enfermedad
y la amargura.
Te elevas, libre de ataduras, para soltar las palomas, blancas
y tiernas que coman de la mano del testigo que perdura.
Claudia Ballester Grifo
AMOR.
El amor, infinito amor que desplegamos con una fuente inagotable de energía.
Ese amor que no divide, ni parcela ni entiene de particiones.
Ese amor que se suma, calma y vivifica, cura y quiere.
Ese abrazo, mirada tierna con la que expresamos el sentimiento
y ahora lo reinventamos para besar en la distancia
lo que la cercanía no puede.
Ese sentimiento que aporta soluciones sin dejar que el interruptor
de los intereses parpadee.
Se doblega el instinto al pulso y la protección de lo que queremos
prospera al infinito y trasciende.
Mirada piadosa que no entiende de juicios ni leyes.
No se engola con la mentira porque la intuición sobreviene.
No marca la máscara dudas ni miedos.
Se deshace en la dulzura del sentir de una madre arrullando a su hijo.
Se acomoda el gesto para no mostrar enojo
y afianzar el nido que sustente los lazos.
No hay disputa que trascienda ni error que no se retome.
El amor limpia la causa, la madre mira al hijo y el sol se derrite.
Se aleja la sombra con murmullo rastrero para filtrarse en las alcantarillas
que reciclan y llevan al río.
Se deshace el miedo y el nudo y se abre el día
con la frescura que conforta e invita al arrimo.
Claudia Ballester Grifo
El amor, infinito amor que desplegamos con una fuente inagotable de energía.
Ese amor que no divide, ni parcela ni entiene de particiones.
Ese amor que se suma, calma y vivifica, cura y quiere.
Ese abrazo, mirada tierna con la que expresamos el sentimiento
y ahora lo reinventamos para besar en la distancia
lo que la cercanía no puede.
Ese sentimiento que aporta soluciones sin dejar que el interruptor
de los intereses parpadee.
Se doblega el instinto al pulso y la protección de lo que queremos
prospera al infinito y trasciende.
Mirada piadosa que no entiende de juicios ni leyes.
No se engola con la mentira porque la intuición sobreviene.
No marca la máscara dudas ni miedos.
Se deshace en la dulzura del sentir de una madre arrullando a su hijo.
Se acomoda el gesto para no mostrar enojo
y afianzar el nido que sustente los lazos.
No hay disputa que trascienda ni error que no se retome.
El amor limpia la causa, la madre mira al hijo y el sol se derrite.
Se aleja la sombra con murmullo rastrero para filtrarse en las alcantarillas
que reciclan y llevan al río.
Se deshace el miedo y el nudo y se abre el día
con la frescura que conforta e invita al arrimo.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 16 de abril de 2020
MARIPOSA.
Si acercara trino que llegara a tu oído,
abriría esos ojos cerrados por olvido.
Si te tocaran mis manos prendidas del aura amanecida,
tal vez lograra encender tus ganas dormidas.
Si pudiera acercar mi calor a tu soledad fria,
tal vez se llenara de aroma tu día.
El yugo del miedo nubla el cielo del que mira.
Pocos días soleados disfruta este encierro amigo,
pero nada deseado.
Potenciemos la lupa desde el mismo pensamiento
y que florezcan las flores con excelentes emisarios.
Qué sigan los ríos sus cauces y sus bordes recorten los llanos.
Qué siga la vida mientras nosotros degustamos
un hálito de su sonrisa, un aleteo de sus alas
que nos va oxigenando.
Si yo fuera mariposa volaría hasta tu frente querida.
Besaría tus dudas, abrazaría tus plegarías.
Me deslizaría en tus sueños para reposar tu descanso
y descansar la soledad de una casa donde uno se acuesta,
uno se levanta.
No estás sola, madre, mi amor te alcanza.
Claudia Ballester Grifo
Si acercara trino que llegara a tu oído,
abriría esos ojos cerrados por olvido.
Si te tocaran mis manos prendidas del aura amanecida,
tal vez lograra encender tus ganas dormidas.
Si pudiera acercar mi calor a tu soledad fria,
tal vez se llenara de aroma tu día.
El yugo del miedo nubla el cielo del que mira.
Pocos días soleados disfruta este encierro amigo,
pero nada deseado.
Potenciemos la lupa desde el mismo pensamiento
y que florezcan las flores con excelentes emisarios.
Qué sigan los ríos sus cauces y sus bordes recorten los llanos.
Qué siga la vida mientras nosotros degustamos
un hálito de su sonrisa, un aleteo de sus alas
que nos va oxigenando.
Si yo fuera mariposa volaría hasta tu frente querida.
Besaría tus dudas, abrazaría tus plegarías.
Me deslizaría en tus sueños para reposar tu descanso
y descansar la soledad de una casa donde uno se acuesta,
uno se levanta.
No estás sola, madre, mi amor te alcanza.
Claudia Ballester Grifo
ROSA & MARGARITA.
Cabalgando en el espectro del color,
precioso sol que presenta el dia.
Despiertan los sueños,
se despereza la tibieza de una mañana,
dulce expectativa.
Discurre el activo con otra armonía.
Desde el ojo del balcón,
testigo mudo de esta rutina,
se oyen "holas" y "buenos días".
Esperanza de mi alegría.
Sol maravilloso que despega
de una jornada de lluvía.
Se respira un ambiente hermoso
que cura la tristeza y la amargura.
Es limpio lo que el ojo alcanza,
bello en su simpleza,
melodía en su singladura.
Desliza la pluma una mano que la guía.
Desde el azul alguien susurra
el alzado de su aventura.
El camino viene señalado,
sin borrador, con pulso firme,
es sabio quien apunta.
Sopla la brisa bendecida
para que de cada resuello
nazca una rosa abrazando
una margarita.
Claudia Ballester Grifo
Cabalgando en el espectro del color,
precioso sol que presenta el dia.
Despiertan los sueños,
se despereza la tibieza de una mañana,
dulce expectativa.
Discurre el activo con otra armonía.
Desde el ojo del balcón,
testigo mudo de esta rutina,
se oyen "holas" y "buenos días".
Esperanza de mi alegría.
Sol maravilloso que despega
de una jornada de lluvía.
Se respira un ambiente hermoso
que cura la tristeza y la amargura.
Es limpio lo que el ojo alcanza,
bello en su simpleza,
melodía en su singladura.
Desliza la pluma una mano que la guía.
Desde el azul alguien susurra
el alzado de su aventura.
El camino viene señalado,
sin borrador, con pulso firme,
es sabio quien apunta.
Sopla la brisa bendecida
para que de cada resuello
nazca una rosa abrazando
una margarita.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 15 de abril de 2020
EL PUZZLE.
Mirando a través de la ventana, umbral abierto a mi fantasia. Descubro en la terraza contigua una figura. Se encuentra su torso de rodillas, resbala la lluvia por su cabellera encanecida.
De palmas abiertas, mirando hacia arriba, resbalan sus lágrimas y el cielo se mimetiza con su postura.
Se desploma el agua, burbujas en el charco de su plexura. Empapada su tela, cuelga un rosario del rezo de su hermosura. Nunca una mujer fue más ángel y su plegaría más dirigida.
Llueve y llueve y limpia la atmósfera la enfermedad y la locura.
Aires cálidos, fango de desierto que se une al bucle de la pesadilla.
Danzando en medio de las dunas, se levantan unos velos de bailarina.
Danzan los pies descalzos, acostumbrados a las temperaturas. Cantan los cascabeles, música joven que se eleva a través del tiempo, ranura del plasma que conecta la hartura.
Desde el agua escasa del África negra unos niños vagan, juegan con su sonrisa abierta.
Perlas sembrando unos ojos de luna llena. Puntos negros de mirada, sencilla e ingenua.
Corren y saltan se empapan de la lluvia que escasea. Tienden su mano y la anciana de rodillas besa su gesto. Se acerca la bailarina y sujetando su abrazo se unen en el amor que Dios bendice desde lo alto.
Infancia, juventud y sabiduría unidas por el tiempo y el espacio.
Claudia Ballester Grifo
PDT. LA NIÑEZ, JUVENTUD Y TERCERA EDAD, PUZZLE EN LA PANDEMIA.
Mirando a través de la ventana, umbral abierto a mi fantasia. Descubro en la terraza contigua una figura. Se encuentra su torso de rodillas, resbala la lluvia por su cabellera encanecida.
De palmas abiertas, mirando hacia arriba, resbalan sus lágrimas y el cielo se mimetiza con su postura.
Se desploma el agua, burbujas en el charco de su plexura. Empapada su tela, cuelga un rosario del rezo de su hermosura. Nunca una mujer fue más ángel y su plegaría más dirigida.
Llueve y llueve y limpia la atmósfera la enfermedad y la locura.
Aires cálidos, fango de desierto que se une al bucle de la pesadilla.
Danzando en medio de las dunas, se levantan unos velos de bailarina.
Danzan los pies descalzos, acostumbrados a las temperaturas. Cantan los cascabeles, música joven que se eleva a través del tiempo, ranura del plasma que conecta la hartura.
Desde el agua escasa del África negra unos niños vagan, juegan con su sonrisa abierta.
Perlas sembrando unos ojos de luna llena. Puntos negros de mirada, sencilla e ingenua.
Corren y saltan se empapan de la lluvia que escasea. Tienden su mano y la anciana de rodillas besa su gesto. Se acerca la bailarina y sujetando su abrazo se unen en el amor que Dios bendice desde lo alto.
Infancia, juventud y sabiduría unidas por el tiempo y el espacio.
Claudia Ballester Grifo
PDT. LA NIÑEZ, JUVENTUD Y TERCERA EDAD, PUZZLE EN LA PANDEMIA.
LO SENCILLO.
Clama la pena una lluvia incesante.
Días negros de prieta nube,
escudo de cristal, crisol velando la vigília.
Estallido de fuerza,
contención en un encierro
que cuelga la llave
tras girar la cerradura.
Callados y expectantes,
individuos de la muestra,
estadística informe
de bultos y tripas.
Se alza alguna lengua,
Repta por la esquina,
se alza cual cobra en pos
de la embestida.
Pesado el cielo que se
desploma sin lluvia.
Firme el acero que encumbra
la angustia.
Se hace la noche en el día.
Canta un rumor en la cocina.
Es una voz amable
de pocos años y mucha
sabiduría.
Un hilo conductivo
que me nubla la locura.
Amor es la palabra,
luz en el conjuro del mal día.
Puede pesar el miedo,
pero liviano con las alas
de la hermosura.
Me dirijo a lo que salva,
cada uno que elija su atadura.
Acógete al cariño,
beso puro y antiséptico
que todo lo cura.
Claudia Ballester Grifo
Clama la pena una lluvia incesante.
Días negros de prieta nube,
escudo de cristal, crisol velando la vigília.
Estallido de fuerza,
contención en un encierro
que cuelga la llave
tras girar la cerradura.
Callados y expectantes,
individuos de la muestra,
estadística informe
de bultos y tripas.
Se alza alguna lengua,
Repta por la esquina,
se alza cual cobra en pos
de la embestida.
Pesado el cielo que se
desploma sin lluvia.
Firme el acero que encumbra
la angustia.
Se hace la noche en el día.
Canta un rumor en la cocina.
Es una voz amable
de pocos años y mucha
sabiduría.
Un hilo conductivo
que me nubla la locura.
Amor es la palabra,
luz en el conjuro del mal día.
Puede pesar el miedo,
pero liviano con las alas
de la hermosura.
Me dirijo a lo que salva,
cada uno que elija su atadura.
Acógete al cariño,
beso puro y antiséptico
que todo lo cura.
Claudia Ballester Grifo
DELIRIO.
Reposan las ganas en el pino amigo que me respalda.
En medio del bosque verde, perdida en la frescura de la
gota que se desliza y remansa.
Oliendo a esa lluvia que limpia y arrastra.
Creo en mi ilusión un sol que busca.
Acaricia mi cara, ilumina con su alegría.
Entibia con su calor mi piel aterida.
En plena naturaleza sin corrientes que
persigan con su mortaja explosiva.
Lejos de manos amigas convertidas por
las circunstancias en bocas de muerte presunta.
Tan lejos de la vida amiga, buscando la seguridad
en vegetal libre de culpa.
Sueños de distancia buscando salida.
Sumergida en un mutismo, abierta al cielo que me mira.
Claudia Ballester Grifo
Reposan las ganas en el pino amigo que me respalda.
En medio del bosque verde, perdida en la frescura de la
gota que se desliza y remansa.
Oliendo a esa lluvia que limpia y arrastra.
Creo en mi ilusión un sol que busca.
Acaricia mi cara, ilumina con su alegría.
Entibia con su calor mi piel aterida.
En plena naturaleza sin corrientes que
persigan con su mortaja explosiva.
Lejos de manos amigas convertidas por
las circunstancias en bocas de muerte presunta.
Tan lejos de la vida amiga, buscando la seguridad
en vegetal libre de culpa.
Sueños de distancia buscando salida.
Sumergida en un mutismo, abierta al cielo que me mira.
Claudia Ballester Grifo
martes, 14 de abril de 2020
ALAS DE PRINCESA.
Vuelan las mariposas, delicadas, vulnerables...
Tan hermosas y cálidas.
Salen de mi boca, lascivia bucólica, atada y secuestrada.
Los años de preto cinturón en la noche oscura y ponzoñosa.
Carril de pesadilla y contención de la carne joven y fresca.
La máscara del teatro de bohemia y capa roja.
La sinrazón del no decir nunca lo que se quiere,
tan solo lo que proceda.
El nudo que fuerte aprieta y no ahoga, lo que se ve,
se percibe y al final se convierte el sapo para resbalar su piel,
coraza pringosa y resbalosa.
Cierro los ojos y se aprietan las muñecas,
las rodillas, las caderas, el miedo y la estopa.
Brulle la alfalfa y los campos de trigo esperan.
Hilo al lino, aguja certera. Que sepa la modista y
se convierta en empresario de primera.
Golpe al que requisa.
Noticias inciertas.
Duda a la pregunta,
cuarenta vueltas.
Confinados, callados...
Mariposas de mi boca,
alas de princesa.
Claudia Ballester Grifo
Vuelan las mariposas, delicadas, vulnerables...
Tan hermosas y cálidas.
Salen de mi boca, lascivia bucólica, atada y secuestrada.
Los años de preto cinturón en la noche oscura y ponzoñosa.
Carril de pesadilla y contención de la carne joven y fresca.
La máscara del teatro de bohemia y capa roja.
La sinrazón del no decir nunca lo que se quiere,
tan solo lo que proceda.
El nudo que fuerte aprieta y no ahoga, lo que se ve,
se percibe y al final se convierte el sapo para resbalar su piel,
coraza pringosa y resbalosa.
Cierro los ojos y se aprietan las muñecas,
las rodillas, las caderas, el miedo y la estopa.
Brulle la alfalfa y los campos de trigo esperan.
Hilo al lino, aguja certera. Que sepa la modista y
se convierta en empresario de primera.
Golpe al que requisa.
Noticias inciertas.
Duda a la pregunta,
cuarenta vueltas.
Confinados, callados...
Mariposas de mi boca,
alas de princesa.
Claudia Ballester Grifo
lunes, 13 de abril de 2020
CLEOPATRA.
Levita una reina sobre campos de trigo.
Amarillo reflejo de abundancía y sosiego.
Corona Ptolemaica de traición y sombra,
de intriga e incesto.
Sangre de hermanos regando el Nilo,
barcaza de oro en expansión.
Mirada de crayón, luz de inteligencía,
carisma de adolescente
que con temple y buena planificación
supo montar el puzzle,
al César conquistó.
Gana la diosa, el boato
y la interpretación.
Fruto de la diplomacia
nació Cesarión.
Carga el puñal de la mentira,
la política en sus celos
y rebelión mancha en tizne
de sangre la túnica del emperador.
Llora la viuda su suerte
y la traición, mirando queda
al nuevo conquistador.
Hierve la intriga, persigue el político
al sol que le deslumbró.
La sigue hasta Egipto,
en Alejandría dio paso
a su pasión.
El romance escribe la novela,
el idilio de la pareja trascendió.
Se alza la copa,
vino para dos.
Claudia Ballester Grifo
Levita una reina sobre campos de trigo.
Amarillo reflejo de abundancía y sosiego.
Corona Ptolemaica de traición y sombra,
de intriga e incesto.
Sangre de hermanos regando el Nilo,
barcaza de oro en expansión.
Mirada de crayón, luz de inteligencía,
carisma de adolescente
que con temple y buena planificación
supo montar el puzzle,
al César conquistó.
Gana la diosa, el boato
y la interpretación.
Fruto de la diplomacia
nació Cesarión.
Carga el puñal de la mentira,
la política en sus celos
y rebelión mancha en tizne
de sangre la túnica del emperador.
Llora la viuda su suerte
y la traición, mirando queda
al nuevo conquistador.
Hierve la intriga, persigue el político
al sol que le deslumbró.
La sigue hasta Egipto,
en Alejandría dio paso
a su pasión.
El romance escribe la novela,
el idilio de la pareja trascendió.
Se alza la copa,
vino para dos.
Claudia Ballester Grifo
CUELLO DE BOTELLA.
Llora la tristeza en un lunes de Pascua.
Cerrado el cielo en azul y rosa.
Prepara el yugo su piedra y en ganas de flores aprieta con fuerza.
Piden concordia preparando la tormenta.
Responsabilizan de las residencias de ancianos a las comunidades autónomas.
Es gestión social responsabilidad de un ministro que ni se asoma,
no sea que alguien se de cuenta.
Es el problema de centralizar y descentralizar a conveniencia.
Es obligación de la residencia cuidar y pidiendo ayuda el teléfono quema.
Tiempo ha habido de salvar a los padres y abuelos que se han ido.
Arrancará el cielo a llorar con fuerza.
Tirándose las culpas no salen las cuentas.
Cogida la TV y la prensa,
la mordaza se ensancha hasta momia entera.
Seco el jugo de la empresa,
salvemos lo que queda.
La ayuda para el que
ve la muerte de cerca.
Qué viva el que pueda.
Llora la tristeza.
Grita el hielo, se resquebraja en estrella,
falla el certificado de muerte
sin tira reactiva cierta.
La cuna se da la mano
con la arruga de cana blanca.
Besa en su cuz el anciano
la frente del nieto bien amado.
Claudia Ballester Grifo
Llora la tristeza en un lunes de Pascua.
Cerrado el cielo en azul y rosa.
Prepara el yugo su piedra y en ganas de flores aprieta con fuerza.
Piden concordia preparando la tormenta.
Responsabilizan de las residencias de ancianos a las comunidades autónomas.
Es gestión social responsabilidad de un ministro que ni se asoma,
no sea que alguien se de cuenta.
Es el problema de centralizar y descentralizar a conveniencia.
Es obligación de la residencia cuidar y pidiendo ayuda el teléfono quema.
Tiempo ha habido de salvar a los padres y abuelos que se han ido.
Arrancará el cielo a llorar con fuerza.
Tirándose las culpas no salen las cuentas.
Cogida la TV y la prensa,
la mordaza se ensancha hasta momia entera.
Seco el jugo de la empresa,
salvemos lo que queda.
La ayuda para el que
ve la muerte de cerca.
Qué viva el que pueda.
Llora la tristeza.
Grita el hielo, se resquebraja en estrella,
falla el certificado de muerte
sin tira reactiva cierta.
La cuna se da la mano
con la arruga de cana blanca.
Besa en su cuz el anciano
la frente del nieto bien amado.
Claudia Ballester Grifo
domingo, 12 de abril de 2020
MI ALEGRÍA.
En los ojos rasgados de mis hijas.
Oscuros como la noche, acuosos como el elixir de la vida.
En sus risas y en sus ironías, de pasta inteligente,
puzzle que he aprendido a componer con los años de su compañía.
En la fraternidad de su distancia, trabajada en los días.
En el amor de Pascuas y Navidades,
en el umbral de la fantasía.
Tardes de teatros con personajes de plastilina.
Corazones horneados con piñones y ciruelas, harina,
huevo y levadura. Un poquito de azúcar para alegrar mi alma y la suya.
Mi marido, padre y comparsa en la armonía.
Al lado de mi diestra, mi compañía.
Silente en su mirada, atento en su vigília, conocedor
del secreto que es suya mi vida.
Corazón en la cocina, motor del día, abrazo del amor,
cariño de la vida.
Suerte de mi tiempo, fruto del penar y de la lotería.
Corazón en el cielo. Centro del poder, sol de mis dudas.
Nace la estrella en el albor del lila.
Brota la rosa desprovista de espinas que en el devenir de mis pasos
su aroma aprieta contra mí mejilla.
Vida de vidas, copa de cáliz que bebo y levanto, postre y suerte,
lamento y goce, fruto de mis alegrías.
Claudia Ballester Grifo
Fotos de mi álbum.
En los ojos rasgados de mis hijas.
Oscuros como la noche, acuosos como el elixir de la vida.
En sus risas y en sus ironías, de pasta inteligente,
puzzle que he aprendido a componer con los años de su compañía.
En la fraternidad de su distancia, trabajada en los días.
En el amor de Pascuas y Navidades,
en el umbral de la fantasía.
Tardes de teatros con personajes de plastilina.
Corazones horneados con piñones y ciruelas, harina,
huevo y levadura. Un poquito de azúcar para alegrar mi alma y la suya.
Mi marido, padre y comparsa en la armonía.
Al lado de mi diestra, mi compañía.
Silente en su mirada, atento en su vigília, conocedor
del secreto que es suya mi vida.
Corazón en la cocina, motor del día, abrazo del amor,
cariño de la vida.
Suerte de mi tiempo, fruto del penar y de la lotería.
Corazón en el cielo. Centro del poder, sol de mis dudas.
Nace la estrella en el albor del lila.
Brota la rosa desprovista de espinas que en el devenir de mis pasos
su aroma aprieta contra mí mejilla.
Vida de vidas, copa de cáliz que bebo y levanto, postre y suerte,
lamento y goce, fruto de mis alegrías.
Claudia Ballester Grifo
Fotos de mi álbum.
ALTERNATIVA.
Cuando los ojos se cierran y bajan las persianas las pestañas profundas y negras,
se agudizan los sentidos y el altavoz del oído prospera.
Cuando el oído tapona el canal que a su membrana impresiona,
es el vello de la piel el que a la noticia cobija e interpreta.
Siendo la piel encartonada y señuelo de cárcel dispuesta,
tal vez olfatee el olfato y nos traiga el aroma noticias nuevas.
Sean las sales marinas las que hidraten las mucosas y
devuelvan mensajes de coral y algas de vida plena.
Se bañe el gusto en sus azules estancias y marque el horizonte letras bordadas.
Rezume el sol de los rayos que salvan.
Si se nubla la luz de la esperanza y las sombras asolan de frío
los sueños y la calma que sea de los siete el principal que se abra.
Gira la energía, torbellino de chacras, color de vida,
rueda de molino que traerá el agua. Abundacia y riqueza
en el amor que arregla y apaña.
Claudia Ballester Grifo.
Cuando los ojos se cierran y bajan las persianas las pestañas profundas y negras,
se agudizan los sentidos y el altavoz del oído prospera.
Cuando el oído tapona el canal que a su membrana impresiona,
es el vello de la piel el que a la noticia cobija e interpreta.
Siendo la piel encartonada y señuelo de cárcel dispuesta,
tal vez olfatee el olfato y nos traiga el aroma noticias nuevas.
Sean las sales marinas las que hidraten las mucosas y
devuelvan mensajes de coral y algas de vida plena.
Se bañe el gusto en sus azules estancias y marque el horizonte letras bordadas.
Rezume el sol de los rayos que salvan.
Si se nubla la luz de la esperanza y las sombras asolan de frío
los sueños y la calma que sea de los siete el principal que se abra.
Gira la energía, torbellino de chacras, color de vida,
rueda de molino que traerá el agua. Abundacia y riqueza
en el amor que arregla y apaña.
Claudia Ballester Grifo.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN.
Trinan los pájaros con la alegría de extender sus alas
al sol que da la bienvenida.
Se ha encontrado la Dolorosa con el Hijo que resucita
y sin polvora ni aplausos ha llegado la nueva al hermoso dia que se nos brinda.
No guardan la distancia los pájaros.
No se cubre el astro con mascarilla.
Permanece la tierra silvestre y a su rutina.
Pobres de los hombres sin medios en su desdicha.
La mirada a Dios en sus alturas.
Corazon de Jesús, eleva nuestras plegarías
y álzalas contigo, allá, donde Tú vayas.
Se desmaya la nostalgia en el manto de la Semana Santa.
Despertó ya el sudario, se instaló la luz en el alma.
Ladra un perro en la calle callada, un grave ladrido,
corto, único, con la respuesta de los gorriones en su rama.
Cruza la pena en anhelo de esperanza.
Está abierta la Cueva, Domingo de Resurreccion,
la alegria detrás de la puerta.
La calle... callada.
Claudia Ballester Grifo
Trinan los pájaros con la alegría de extender sus alas
al sol que da la bienvenida.
Se ha encontrado la Dolorosa con el Hijo que resucita
y sin polvora ni aplausos ha llegado la nueva al hermoso dia que se nos brinda.
No guardan la distancia los pájaros.
No se cubre el astro con mascarilla.
Permanece la tierra silvestre y a su rutina.
Pobres de los hombres sin medios en su desdicha.
La mirada a Dios en sus alturas.
Corazon de Jesús, eleva nuestras plegarías
y álzalas contigo, allá, donde Tú vayas.
Se desmaya la nostalgia en el manto de la Semana Santa.
Despertó ya el sudario, se instaló la luz en el alma.
Ladra un perro en la calle callada, un grave ladrido,
corto, único, con la respuesta de los gorriones en su rama.
Cruza la pena en anhelo de esperanza.
Está abierta la Cueva, Domingo de Resurreccion,
la alegria detrás de la puerta.
La calle... callada.
Claudia Ballester Grifo
sábado, 11 de abril de 2020
GÓLGOTA.
Tus pies cansinos arrastraban el dolor que espera.
Nunca un hombre sufrió tanto ser hijo de Dios.
Tu mirada recogía la escena,
palabras escuetas para no exculparte y cumplir la misión.
Gestos justos con mucha contención.
Pupila abierta de bondad y amor.
Pilatos se lavó las manos, pero pudo su temor.
Mandó cruel latigazo para evitar una crucifixión
que luego se sumó.
Te clavaron espinas, soldados y vulgo se burló.
Te fustigaron con saña, pobre el hombre, ya se adivina el Dios.
La madre le seguía, su sangre empapó,
mirada suplicante derrumbada de dolor.
Cargaste con tu cruz y hacia el Gólgota en ascensión.
Agonía en tus caídas hacia el Calvario sin remisión.
Destruido y aún quedaba lo peor.
Clavado de pies y manos, alzado sin contemplación.
Llora la madre y el mundo en su redención.
Qué no se nos olvide que murió un buen hombre,
hijo de Dios.
Claudia Ballester Grifo
Tus pies cansinos arrastraban el dolor que espera.
Nunca un hombre sufrió tanto ser hijo de Dios.
Tu mirada recogía la escena,
palabras escuetas para no exculparte y cumplir la misión.
Gestos justos con mucha contención.
Pupila abierta de bondad y amor.
Pilatos se lavó las manos, pero pudo su temor.
Mandó cruel latigazo para evitar una crucifixión
que luego se sumó.
Te clavaron espinas, soldados y vulgo se burló.
Te fustigaron con saña, pobre el hombre, ya se adivina el Dios.
La madre le seguía, su sangre empapó,
mirada suplicante derrumbada de dolor.
Cargaste con tu cruz y hacia el Gólgota en ascensión.
Agonía en tus caídas hacia el Calvario sin remisión.
Destruido y aún quedaba lo peor.
Clavado de pies y manos, alzado sin contemplación.
Llora la madre y el mundo en su redención.
Qué no se nos olvide que murió un buen hombre,
hijo de Dios.
Claudia Ballester Grifo
viernes, 10 de abril de 2020
VIA CRUCIS.
Las golondrinas me vuelan cerca.
Lagartos por las paredes.
Abejas que por pocas aún se ve alguna muerta.
Telarañas que empañan mis ojos y sopor de oído
que siendo pareja alguno funciona.
Me dicen voces externas que España
suma más muertes por su población vieja.
Vamos a ver, si nuestros padres y abuelos
mueren en residencias.
Si no tienen test y su muerte no cuenta para el coronavirus
¿de qué lista forman la cita previa?
Si los ancianos que mueren en casa, sin test,
lo hacen de parada cardio respiratoria tampoco se suman a la encuesta.
A esta larga lista falta sumar todos nuestros mayores que murieron
sin la atención que urgian los directores de las residencias.
A los que les gustan los OVNIS y las novelas de misterio extraterrestre.
A ellos me dirijo para que me informen.
Se habla de tests en sus tres formas, pero ¿alguien ha visto slguno?
En Italia algún ministro ha cesado por voluntad de integridad presupuesta.
Si España sigue el modelo esto va a ser un desfile de
Via Crucis y Pascua cierta.
Claudia Ballester Grifo
Las golondrinas me vuelan cerca.
Lagartos por las paredes.
Abejas que por pocas aún se ve alguna muerta.
Telarañas que empañan mis ojos y sopor de oído
que siendo pareja alguno funciona.
Me dicen voces externas que España
suma más muertes por su población vieja.
Vamos a ver, si nuestros padres y abuelos
mueren en residencias.
Si no tienen test y su muerte no cuenta para el coronavirus
¿de qué lista forman la cita previa?
Si los ancianos que mueren en casa, sin test,
lo hacen de parada cardio respiratoria tampoco se suman a la encuesta.
A esta larga lista falta sumar todos nuestros mayores que murieron
sin la atención que urgian los directores de las residencias.
A los que les gustan los OVNIS y las novelas de misterio extraterrestre.
A ellos me dirijo para que me informen.
Se habla de tests en sus tres formas, pero ¿alguien ha visto slguno?
En Italia algún ministro ha cesado por voluntad de integridad presupuesta.
Si España sigue el modelo esto va a ser un desfile de
Via Crucis y Pascua cierta.
Claudia Ballester Grifo
QUISIERA.
Quisiera ser abeja y libar en la flor.
La corola rendida ofreciendo el cáliz de su amor.
El color atrapando la ilusión y la melaza pegando el transporte,
regalo de la reproducción.
Quisiera tener rayas y que el amarillo resaltara en mi corazón.
Disponer de su tenacidad y valor.
Obrera entre obreras haciendo del campo su labor.
Quisiera volar entre las hojas que conducen al cauce del tesoro.
Quisiera perderme en el aroma del campo, fragancia de libertad y rigor.
Quisiera llegar a la colmena cargada hasta reventar.
Vaciar mi polen para transformar la materia en un bien para la comunidad.
Crear celdillas con la alegría del ser que se sabe uno en un millar.
Quisiera,al batir las alas,crear música orquestal.
Quisiera dibujar sonrisa y a la penuria poder alejar.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración de Anna Navarro.
Quisiera ser abeja y libar en la flor.
La corola rendida ofreciendo el cáliz de su amor.
El color atrapando la ilusión y la melaza pegando el transporte,
regalo de la reproducción.
Quisiera tener rayas y que el amarillo resaltara en mi corazón.
Disponer de su tenacidad y valor.
Obrera entre obreras haciendo del campo su labor.
Quisiera volar entre las hojas que conducen al cauce del tesoro.
Quisiera perderme en el aroma del campo, fragancia de libertad y rigor.
Quisiera llegar a la colmena cargada hasta reventar.
Vaciar mi polen para transformar la materia en un bien para la comunidad.
Crear celdillas con la alegría del ser que se sabe uno en un millar.
Quisiera,al batir las alas,crear música orquestal.
Quisiera dibujar sonrisa y a la penuria poder alejar.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración de Anna Navarro.
PALOMA & GAVIOTA.
Hacer magia con la vida que nos alienta a seguir.
Poder ver en el día que se nubla una promesa de sol que pueda salir.
Escupir la rabia y la frustración que nubla las ganas de entender y compartir.
Cuando las vibras malas has logrado esparcir,
mejor las anudamos para que no se puedan reproducir.
Cierro los puños y vaga mi mente en busca de libertad.
Hay tantos cobrando del estado que en sombra queda la sociedad.
Busco a la paloma de la verdad y se topa en mi ventana una
gaviota oportunista que vagando a la basura va.
¿Podremos entendernos?
Es la magia de opinar.
Claudia Ballester Grifo
Hacer magia con la vida que nos alienta a seguir.
Poder ver en el día que se nubla una promesa de sol que pueda salir.
Escupir la rabia y la frustración que nubla las ganas de entender y compartir.
Cuando las vibras malas has logrado esparcir,
mejor las anudamos para que no se puedan reproducir.
Cierro los puños y vaga mi mente en busca de libertad.
Hay tantos cobrando del estado que en sombra queda la sociedad.
Busco a la paloma de la verdad y se topa en mi ventana una
gaviota oportunista que vagando a la basura va.
¿Podremos entendernos?
Es la magia de opinar.
Claudia Ballester Grifo
PELIGRO.
Anoche lloró el bombo en la medianoche dormida.
Rasgaba el timbre grave la vigília.
Se aquietó el espíritu en suavidad de sábana,
cortina de pestaña tirada para descanso
de fustigamiento y locura.
Sufre la Madre el martirio del Hijo perseguido
por la cerrazón y la amargura.
Sufre la tierra a sus muertos,
se silencia número y sepultura.
Miente la rabia de salvarse
una politica rastrera y esquiva.
Oigo el rumor de alguien que
apuesta a caballo y es mula,
aprovecha el confinamiento
para hablar de España y familia.
Utiliza las palabras de la
derecha y lo adorna con lazo
del morado de su mentira.
Nadie le va a contestar,
queda su alegato,
verborrea pura.
Empieza el dolor de barriga,
nada de lo que dice
tiene lógica.
Se sacrifica el pueblo
para soportar la ineptitud
de los que nos guían.
Se envalentona a medida
que sale tanta preparación repetida.
Se le pregunta por sus errores
y habla de la labor de los
héroes que han sufrido su
mal manejo de esta pandemia
que nos asfixia.
De sus fallos le han felicitado
y mirando a la cámara,
serpiente mezquina.
No soy amiga de insulto,
pero no puedo con tanta
cara dura.
Claudia Ballester Grifo
Anoche lloró el bombo en la medianoche dormida.
Rasgaba el timbre grave la vigília.
Se aquietó el espíritu en suavidad de sábana,
cortina de pestaña tirada para descanso
de fustigamiento y locura.
Sufre la Madre el martirio del Hijo perseguido
por la cerrazón y la amargura.
Sufre la tierra a sus muertos,
se silencia número y sepultura.
Miente la rabia de salvarse
una politica rastrera y esquiva.
Oigo el rumor de alguien que
apuesta a caballo y es mula,
aprovecha el confinamiento
para hablar de España y familia.
Utiliza las palabras de la
derecha y lo adorna con lazo
del morado de su mentira.
Nadie le va a contestar,
queda su alegato,
verborrea pura.
Empieza el dolor de barriga,
nada de lo que dice
tiene lógica.
Se sacrifica el pueblo
para soportar la ineptitud
de los que nos guían.
Se envalentona a medida
que sale tanta preparación repetida.
Se le pregunta por sus errores
y habla de la labor de los
héroes que han sufrido su
mal manejo de esta pandemia
que nos asfixia.
De sus fallos le han felicitado
y mirando a la cámara,
serpiente mezquina.
No soy amiga de insulto,
pero no puedo con tanta
cara dura.
Claudia Ballester Grifo
jueves, 9 de abril de 2020
CHARLAMENTO.
Pide pan el pueblo y llueve rosas que aromatizan el ambiente.
Pide respuestas el pueblo y el bombo de la propaganda aniquila los sentidos, en cables ensarta la robotización del espíritu.
Pide el pueblo verdad y se mimetiza un rictus aprendido, foto en el espejo que nos deja fríos.
Expectante está el pueblo con los brazos extendidos, las ganas ahogadas en el barrizal del olvido.
Espectros por miradas, oradando el vacío.
Horas de rebote, la pelota en el tejado y el que le pega en duda llena.
Si esperamos respuestas y el que contesta lo hace con otras, lloran las lágrimas sin ojos que las sostengan.
Arrastran las cadenas miserias y torpezas. Largos pasillos de oscuridad y tristeza.
No hay resaca sin borrachera previa. Estamos en casa y seguimos las señales. Hemos visto y oído intentando sacar cosa cierta. No hay por donde coger el trapo, ya no tenemos ni pelota.
Hablamos de héroes y nos resumimos a víctimas resignadas, sin protección ni se espera.
Bebe el vaso agua fresca. Resarce la garganta de hojarasca repleta. Pesa la muerte sobre piel cerea. Se tape lo que se esconda la desgracia queda. Miente la mentira ya no puede ser más arrabalera.
La arrogancia acompaña el empeño del que quiere atrapar a otros en su incompetencia.
Claudia Ballester Grifo
Pide pan el pueblo y llueve rosas que aromatizan el ambiente.
Pide respuestas el pueblo y el bombo de la propaganda aniquila los sentidos, en cables ensarta la robotización del espíritu.
Pide el pueblo verdad y se mimetiza un rictus aprendido, foto en el espejo que nos deja fríos.
Expectante está el pueblo con los brazos extendidos, las ganas ahogadas en el barrizal del olvido.
Espectros por miradas, oradando el vacío.
Horas de rebote, la pelota en el tejado y el que le pega en duda llena.
Si esperamos respuestas y el que contesta lo hace con otras, lloran las lágrimas sin ojos que las sostengan.
Arrastran las cadenas miserias y torpezas. Largos pasillos de oscuridad y tristeza.
No hay resaca sin borrachera previa. Estamos en casa y seguimos las señales. Hemos visto y oído intentando sacar cosa cierta. No hay por donde coger el trapo, ya no tenemos ni pelota.
Hablamos de héroes y nos resumimos a víctimas resignadas, sin protección ni se espera.
Bebe el vaso agua fresca. Resarce la garganta de hojarasca repleta. Pesa la muerte sobre piel cerea. Se tape lo que se esconda la desgracia queda. Miente la mentira ya no puede ser más arrabalera.
La arrogancia acompaña el empeño del que quiere atrapar a otros en su incompetencia.
Claudia Ballester Grifo
miércoles, 8 de abril de 2020
LO QUE NO CAMBIA.
Tiempo de comida y cena.
Salen los topos de su caverna.
Ríen las risas y el abanico de las pestañas
rebañan las ganas de ensalada de ideas nuevas.
Al ritmo de cubierto.
Nada de noticias que salen los ministros
con propaganda incierta.
Todos los días lo mismo.
Nos creen tontos porque estamos confinados
y los periodistas en censura de candado y llave presta.
Me rio lo que no está escrito.
Ironía de la buena.
Bailan mis hijas, brazos y piernas.
Jóvenes y bellas, sanas y fuertes,
la comida del medio día,
preludio de fiesta.
Las nubes cruzan el paisaje
de la ventana estampada de
cortina verde.
Se desliza el sol y vuela la
alegría de la familia consciente
de que nadie la toca.
Claudia Ballester Grifo
Tiempo de comida y cena.
Salen los topos de su caverna.
Ríen las risas y el abanico de las pestañas
rebañan las ganas de ensalada de ideas nuevas.
Al ritmo de cubierto.
Nada de noticias que salen los ministros
con propaganda incierta.
Todos los días lo mismo.
Nos creen tontos porque estamos confinados
y los periodistas en censura de candado y llave presta.
Me rio lo que no está escrito.
Ironía de la buena.
Bailan mis hijas, brazos y piernas.
Jóvenes y bellas, sanas y fuertes,
la comida del medio día,
preludio de fiesta.
Las nubes cruzan el paisaje
de la ventana estampada de
cortina verde.
Se desliza el sol y vuela la
alegría de la familia consciente
de que nadie la toca.
Claudia Ballester Grifo
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