BRISA.
Esa luz que gana espacio con la entrada de la tarde. Desaloja las sombras que juegan a magas y brujos, en ondas de cristal, gotas de agua.
Recrea la mirada el silencio que cuela algun suspiro, risa de niño que despierta a la hora de encuentro, donde el sol duele menos y el correr es de listos.
Busca la brisa besar mi frente. Me dejo querer ofreciendo el horno de mi fuego. Abierta, como rosa ofreciendo sus pétalos, recibo el mimo con sumo cuidado.
Recorre mi cuerpo, perfila el bienestar que confía su instinto. Cerrados los ojos, ciega a todo lo tóxico y nocivo, me dejo conducir hasta el limbo.
Sola, levitando en una bruma sin ojos ni oídos. Poros abiertos, sensibilidad de piel que aterciopela el bien recibido.
No estoy sola, no... El amor está conmigo.
Arrullo en mis oídos. Esa dulzura de miel y orquídea que embelesa y abriga con su fragancia el lecho de prado que compartimos.
Avanza la tarde y con ella el silencio tuyo y mio.
Me besa la brisa, me abraza el destino, me quiere el cielo que protege mi camino.
Claudia Ballester Grifo

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