VISLUMBRANDO UNA SALIDA.
Se atisba la vida en un ahogo. Mascarilla, pasaporte de salida y solo deja los ojos.
Azota la brisa el cabello sin poder rozar la mejilla, escondida la fresa de los labios.
Faltando la entrada de aire en nariz y boca aliados, desfallecen las fuerzas en el deambular deseado.
No hay descaro para el que protegerse es necesario. Falta oxígeno, habrá que buscar buen horario.
Ayer descubrí mi mundo tanto tiempo aparcado.
Vislumbré mi mar Mediterráneo. Su plácida cuna, su mirar sosegado. Calmo y brillante de sal perlado.
El sonido de sus olas abrazando el manto de una díscola arena que juega con su salto.
Los apartamentos del paseo desplegados al encanto de un cielo que luce reflejo de su suelo encantado.
Se doblan sus sombras aliadas de los vigilantes del paseo, caprichosos dibujos de los árboles mudos en el tiempo y el espacio.
Luz de luces en el mar y el cielo de mi hermoso Benicàssim.
Con mascarilla o sin ella el lienzo es el mismo y la percepción rivaliza con el vahido del oxígeno que llega un poquito menos.
Hileras de bancos mirando el mar inmenso, metros de playa que invita al descalzo y baila con la brisa del arrullo intenso.
Desnudos de espíritu al agua lleguemos para besar su aroma y reír su encuentro.
Ser uno con el líquido y en el intercambio de fluidos liberemos la pena y rescatemos el aliento.
Renacer como el primer hermano que se arrastró a la orilla y conquistó el suelo para poblarlo.
Claudia Ballester Grifo

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