viernes, 5 de junio de 2020

EL DIABLO SE VISTE DE MORADO.

Boquea el pez en su barro.
Suda el agua de su existencia, grande tiene que ser el salto.
Me acojo a la burbuja de la sonrisa de un niño,
su manita acariciando mi pena.
Los ojos de mi hija, inmensos como la noche. Templando la tensión que el día trae.

Renqueo agónico de bateria.
Migajas de solidaridad que bendita suerte trae.
Unas alas buenas que sustituyen al motor que me lleva y trae.

El cajón tonto de la tele, huelga de sesera.
No hay manera de encontrar una antena alerta.
Tirada en el desván de soledad llena, el médico me ha dilapidado con una inmovilidad que se persevera.
No hay mal a no ser que se multiplique,
me rio sin ganas ni certeza.
Debe ser la flojera que cojea con la noticias que llegan.

El mal de la derecha. Sapos y culebras.
De Madrid la culpa plena.
No se habla de otras residencias,
pobres muertos, pendientes de juicios y quimeras.
Desespero el mio de ver el río lleno.
Tantas ganas de agua para contemplar tanto muerto.
Podedumbre de color con cinta presta.
Manda quien paga las televisiones con dinero de todos.
Callan los pagadores para que los deudores besen al que luce el poder con los aplausos del pueblo.

Mirada de un niño. Sonrisa de esperanza.
Manita blanca, tersa y cálida.
Babita balbucente de primeras palabras.
Descansa tu sueño historias y nanas.
Lloran mis penas la hipoteca de tu mañana.

Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:

Publicar un comentario